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Del boom del cloud al dilema regulatorio: por qué la soberanía de datos ya preocupa a los CIOs



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Las empresas ya no discuten solo agilidad y escala: con normas fragmentadas, costos difíciles de domar y marcos como el CLOUD Act en el radar, la ubicación de la información sensible se volvió un tema de riesgo y gobierno corporativo de cara a 2026.

Publicado el 4 de mar de 2026

Tomás Modini

Periodista experto en tecnología B2B



La soberanía de los datos deja de ser una cuestión técnica y pasa a integrarse a la evaluación de riesgo corporativo.
La soberanía de datos redefinirá la estrategia tecnológica corporativa.

Durante más de una década, las herramientas de cloud ocuparon un lugar central en la agenda tecnológica de las empresas. La meta consistió en trasladar la mayor cantidad posible de información a nubes públicas para ganar agilidad, escalabilidad y eficiencia en costos. Sin embargo, ese esquema empezó a mostrar límites y, de cara a 2026, la soberanía de los datos se perfila como una decisión estratégica con impacto directo en la arquitectura, la gobernanza y la resiliencia operativa.

La adopción de la nube sigue en niveles elevados. Las estimaciones indican que el 94% de las empresas a nivel global ya utiliza servicios de nube pública y que el mercado podría acercarse a los US$ 950.000 millones en 2026.

Infografía sobre la evolución de la nube en las empresas con ilustraciones de servidores, nubes digitales y profesionales de tecnología. Explica que durante más de una década las compañías trasladaron información a nubes públicas para lograr agilidad, escalabilidad y eficiencia en costos. También destaca el crecimiento del mercado, con un 94% de adopción global de nube pública y proyecciones que estiman un valor cercano a US$ 950.000 millones hacia 2026, junto con la creciente importancia de la soberanía de los datos.
Infografía sobre la evolución del uso de la nube en las empresas y el cambio estratégico que comienza a tomar fuerza hacia 2026, cuando la soberanía de los datos gana peso en la arquitectura tecnológica. Hoy el 94% de las compañías a nivel global utiliza servicios de nube pública y el mercado podría alcanzar los US$ 950.000 millones en los próximos años.

Al mismo tiempo, más del 82% de los tomadores de decisiones en cloud reconoce dificultades para controlar los costos a medida que las infraestructuras se vuelven más complejas. A ese contexto se suma un factor cada vez más determinante: la presión regulatoria y la fragmentación de las normas, que obligan a revisar con mayor detalle dónde residen los datos sensibles.

¿Por qué la soberanía de datos se vuelve un tema estratégico en 2026?

La conclusión resulta incómoda para muchos CIOs: elegir una nube líder ya no alcanza si el riesgo regulatorio, geopolítico y operativo queda fuera del diseño. En ese marco, la soberanía de los datos deja de ser una cuestión técnica y pasa a integrarse a la evaluación de riesgo corporativo. Por eso, las compañías empiezan a preguntarse bajo qué jurisdicción operan sus datos críticos y qué grado de control real conservan sobre ellos.

Para Diego Crigna, Hybrid Cloud Practice Manager para Argentina, Uruguay y Paraguay, la tendencia ya se acelera. “Se está dando en varios países, sobre todo en Europa, y también en Latinoamérica. Tiene que ver con la protección de los datos, una mezcla de realidad y percepción, y con el entendimiento de que las grandes nubes públicas están sujetas a legislación extranjera, particularmente la de Estados Unidos, sin importar dónde se encuentren físicamente sus centros de datos”, explica.

¿Qué riesgos regulatorios y geopolíticos expone la soberanía de datos?

Aunque no abundan casos públicos que prueben accesos extraterritoriales, el punto que plantea Cigna es de carácter estructural. La normativa existe y genera incentivos claros para reducir la incertidumbre. En un contexto de tensiones entre potencias y marcos legales como el CLOUD Act en Estados Unidos, la soberanía de los datos deja de ser una discusión abstracta y pasa a convertirse en un factor concreto dentro de la gestión de riesgos de las empresas.

Ese impacto se vuelve visible a medida que más organizaciones revisan la jurisdicción, la dependencia tecnológica y la exposición legal. La nube sigue presente, pero ya no como una decisión uniforme. La arquitectura comienza a fragmentarse según el tipo de información, el nivel de sensibilidad y las exigencias regulatorias, con esquemas híbridos orientados a ganar mayor control sin resignar capacidad tecnológica.

¿Cuándo conviene mover cargas críticas por soberanía de datos?

Para Cigna, la respuesta depende del impacto que tiene cada dato en el negocio. “Datos financieros y bancarios son los primeros candidatos a repatriación o migración a nubes que cumplan con soberanía local, dado el nivel de regulación y riesgo. La banca tradicional sigue manteniendo datos financieros en mainframe o infraestructuras controladas localmente”, afirma.

Las encuestas de mercado refuerzan esa lectura. Solo el 6% de las empresas no tiene presencia en la nube, lo que confirmauna adopción casi universal. Al mismo tiempo, una porción relevante de las organizaciones percibe la exposición de los datos como una amenaza significativa, lo que empuja decisiones de migración selectiva o el diseño de arquitecturas alternativas.

¿Multicloud o cloud soberana?

También aparecen compañías condicionadas por definiciones tecnológicas que, en la práctica, las obligan a modificar su esquema de datos. Las migraciones de plataformas empresariales hacia nubes públicas globales abren nuevos frentes de gobernanza. En ese equilibrio, el desafío consiste en sostener control, cumplimiento y costos operativos, sin resignar capacidad de innovación.

¿Qué rol cumplen los proveedores locales en la soberanía de datos?

América Latina presenta particularidades propias con la aparición de alternativas regionales. En Uruguay, Antel aparece como un ejemplo de infraestructura de nube soberana impulsada por el Estado para clientes locales y con proyección regional. En Argentina, ARSAT muestra una oportunidad para dejar el rol de meros consumidores de servicios globales y avanzar hacia plataformas con capacidad de soberanía nacional, al menos para determinados organismos y cargas sensibles.

En un contexto de mayor presión regulatoria, expectativas de cumplimiento fragmentadas y riesgos geopolíticos más visibles, las empresas ajustan la ubicación de sus datos con una intención estratégica. El 2026 no marcará el abandono de la nube, sino una redefinición de qué nube utilizar, cómo hacerlo y bajo qué reglas.

¿Qué rol cumplen los proveedores locales en la soberanía de datos?

AspectoDescripción
Contexto regionalAmérica Latina presenta particularidades propias con la aparición de alternativas regionales para infraestructura y servicios de datos.
Ejemplo en UruguayAntel aparece como un caso de infraestructura de nube soberana impulsada por el Estado, orientada a clientes locales y con proyección regional.
Ejemplo en ArgentinaARSAT representa una oportunidad para dejar el rol de meros consumidores de servicios globales y avanzar hacia plataformas con capacidad de soberanía nacional, al menos para organismos públicos y cargas de información sensibles.
Presión regulatoriaEl crecimiento de regulaciones y requisitos de cumplimiento impulsa a las organizaciones a revisar dónde almacenan y procesan su información.
Estrategia empresarialLas empresas ajustan la ubicación de sus datos con una intención estratégica, considerando seguridad, regulación y riesgos geopolíticos.
Tendencia hacia 2026El escenario no apunta a abandonar la nube, sino a redefinir qué nube utilizar, cómo implementarla y bajo qué reglas operar.

La soberanía de los datos deja de ser un casillero de compliance y empieza a operar como una ventaja competitiva asociada a la confianza, la seguridad y la resiliencia, en un escenario donde el dato dejó de ser neutral y pasó a ocupar un lugar central en las relaciones de poder.

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