Durante décadas, el negocio financiero se apoyó en un esquema relativamente estable: los bancos concentraban la infraestructura, los productos y la relación con el cliente. Ese modelo, basado en sistemas cerrados, integraciones complejas y procesos rígidos, empezó a transformarse con la irrupción del Banking as a Service (BaaS), un esquema que permite integrar servicios financieros en plataformas de terceros a través de APIs.
En este escenario, lo financiero dejó de estar contenido en una aplicación bancaria y se expandió hacia múltiples entornos digitales. Empresas de distintos sectores empezaron a incorporar pagos, cuentas o crédito dentro de sus propias plataformas. Al mismo tiempo, los bancos reconfiguraron su rol y las fintechs aceleraron el desarrollo de soluciones sobre infraestructuras compartidas.
De acuerdo a Market Reports World, el mercado mundial de Banking as a Service (BaaS) tuvo un valor de US$32,49 mil millones en 2024 y llegará a US$86,00 mil millones en 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 11,42% entre 2024 y 2033.

En diálogo con InnovaciónDigital360, especialistas de Pomelo, Clara y BIND delinearon los principales cambios que este modelo introduce en el corazón del negocio financiero, desde la arquitectura tecnológica hasta la forma en que se construyen y distribuyen los servicios.
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El fin del core bancario cerrado
Uno de los impactos más relevantes del modelo BaaS aparece en el núcleo tecnológico de los bancos. Durante años, el core bancario funcionó como una estructura monolítica: sistemas cerrados, con poca flexibilidad y procesos de integración largos y costosos.
La adopción de arquitecturas basadas en APIs empezó a revertir ese esquema. Según explicó Santiago Witis, Country Manager del Cono Sur en Pomelo, “tradicionalmente, el core bancario funcionaba como un sistema cerrado, con integraciones complejas y tiempos de desarrollo largos. La adopción de arquitecturas basadas en APIs cambia esa lógica al convertir la infraestructura en algo modular y componible”.
Este cambio permite desacoplar funciones críticas —como pagos, emisión de tarjetas o gestión de cuentas— y tratarlas como bloques independientes que se integran y escalan según la necesidad. En lugar de reemplazar sistemas completos, las entidades pueden evolucionar de manera incremental e incorporar nuevas capacidades sin interrumpir su operación.

“En la práctica, implica pasar de modelos rígidos a entornos más dinámicos, donde la velocidad de lanzamiento y la capacidad de adaptación se vuelven diferenciales competitivos”, añadió Witis.
Además, el uso de plataformas en la nube y de estructuras modulares habilita una mayor interoperabilidad entre actores. Las APIs pasan a ser el puente que conecta bancos, fintechs y empresas, y facilitan la creación de ecosistemas donde múltiples servicios conviven e interactúan.
En este contexto, la velocidad deja de ser una limitación técnica y se convierte en un factor competitivo. La posibilidad de lanzar productos en menos tiempo y de adaptarse a cambios del mercado se vuelve un diferencial clave en una industria históricamente asociada a la rigidez.
Candelaria Villagra, Head de Banking as a Service de BIND, señaló que este proceso también implica resolverdesafíos de interoperabilidad, seguridad y trazabilidad, en un contexto donde la integración con plataformas externas dejó de ser opcional y pasó a formar parte de la experiencia que esperan los usuarios.

En paralelo, esta apertura tecnológica impacta de forma directa en cómo las empresas consumen servicios financieros. Alberto Ramos, COO de Clara, destacó que la posibilidad de integrar sistemas reduce la fricción operativa y permite automatizar procesos que antes requerían intervención manual. “BaaS nos ha permitido ofrecer algunos servicios ancilares a nuestros clientes sin tener que desarrollarlos y operarlos completamente.”, sostuvo.
De bancos a plataformas: un cambio de rol en el ecosistema
La transformación tecnológica trae consigo un cambio más profundo: la redefinición del rol de los bancos dentro del sistema financiero. En el modelo BaaS, las entidades dejan de ser únicamente proveedoras de productos y pasan a transformarse en plataformas que habilitan a terceros.

Desde BIND plantean que este enfoque permite a las empresas ofrecer servicios financieros desde sus propios canales, mientras el banco aporta la infraestructura tecnológica, la licencia regulatoria y la capacidad operativa necesaria para sostener esas soluciones.
Esto implica una expansión del negocio tradicional. Al actuar como habilitadores, los bancos pueden escalar su alcance, llegar a nuevos segmentos y participar en modelos que antes quedaban fuera de su órbita directa.
“Los bancos pasan a ocupar un rol más estructural y menos visible para el usuario final, pero no menos estratégico. Se convierten en la capa de infraestructura, confianza, cumplimiento y escalabilidad sobre la que se montan muchas de las experiencias financieras que hoy usan personas y empresas. El banco deja de ser solo una interfaz y se vuelve una plataforma”, remarcó Candelaria Villagra.
Este cambio también impacta en la lógica competitiva. La relación entre bancos y fintechs se desplaza hacia esquemas de colaboración, donde cada actor aporta capacidades específicas. Las entidades financieras aportan regulación, confianza y solidez operativa, mientras que las fintechs y las empresas tecnológicas se enfocan en la experiencia de usuario y la innovación.
En ese nuevo mapa, el banco ocupa un lugar estratégico en términos de seguridad, cumplimiento normativo y procesamiento de operaciones. La interfaz se desplaza hacia otras plataformas, mientras la infraestructura queda como base del sistema.
En este punto, desde Pomelo observan que las APIs permiten esa articulación entre actores, ya que ofrecen una base tecnológica común sobre la cual bancos y empresas construyen soluciones de forma más ágil. “Trabajamos con bancos que buscan modernizar su infraestructura sin fricciones, permitiéndoles integrarse más fácilmente y escalar nuevos productos de manera más ágil dentro de estos ecosistemas”, señaló Santiago Witis.
A su vez, en Clara destacan que este esquema amplía el alcance de lo financiero, que deja de limitarse a la transferencia de dinero e incorpora herramientas de gestión, automatización y análisis en tiempo real; y así “operar con una claridad financiera antes inimaginable”.
Finanzas embebidas: cuando lo financiero se integra en otras plataformas
El crecimiento del BaaS está estrechamente vinculado con el avance de las finanzas embebidas, un modelo en el que los servicios financieros se integran en experiencias digitales de otros sectores.
Este fenómeno responde a una doble demanda. Por un lado, los usuarios buscan soluciones más simples, integradas y adaptadas a su vida cotidiana. Por otro, las empresas ven en los servicios financieros una oportunidad para generar nuevas fuentes de ingresos y fortalecer la relación con sus clientes.
Desde Pomelo destacan que este proceso habilita modelos más flexibles, donde compañías con grandes ecosistemas de usuarios pueden construir soluciones financieras sin desarrollar toda la infraestructura desde cero, al apoyarse en capacidades tecnológicas existentes.
En el ámbito corporativo, esta transformación se refleja en la integración de servicios financieros con herramientas de gestión empresarial. La experiencia de Clara muestra cómo las APIs permiten automatizar procesos y conectar sistemas que antes funcionaban de manera aislada.
En ese sentido, Alberto Ramos indicó que “las grandes empresas de México frecuentemente dependen de software ERP extremadamente complejo, y tienen que dedicar mucho tiempo registrando información de gastos en estas plataformas y corrigiendo registros errados. Gracias a las APIs, Clara puede crear flujos personalizados a los ERPs de nuestros clientes en una semana, cuando antes tomaría meses”.

La posibilidad de integrar pagos, gastos y conciliaciones directamente en sistemas existentes reduce la carga operativa y mejora la eficiencia. Al mismo tiempo, permite avanzar hacia esquemas más automatizados, donde la información fluye de manera continua entre distintas herramientas.
A esto se suma el impacto de la inteligencia artificial, que amplía las capacidades de análisis y automatización. La combinación de APIs e IA habilita nuevas funcionalidades, como la categorización inteligente del gasto, la detección de anomalías o la generación de recomendaciones financieras en tiempo real; que ayudan a tomar mejores decisiones.
En BIND añadieron que este tipo de integraciones también permite que empresas de distintos sectores incorporen servicios financieros sin necesidad de desarrollar una estructura bancaria propia, al apoyarse en infraestructura existente.
Un nuevo mapa para empresas y usuarios
La expansión del modelo BaaS redefine tanto la oferta como la demanda de servicios financieros. Para las empresas, representa una oportunidad de incorporar soluciones financieras sin asumir la complejidad de operar como una entidad bancaria.
En lugar de construir infraestructura desde cero, pueden apoyarse en plataformas existentes que resuelven aspectos regulatorios, tecnológicos y operativos. Esto reduce los tiempos de implementación y permite concentrar los esfuerzos en la propuesta de valor y la experiencia del usuario.
Alberto Ramos subrayó que el valor ya no está en la infraestructura bancaria en sí misma, sino en la forma en que se orquestan sus componentes para simplificar procesos que hoy son innecesariamente complejos.

En paralelo, los usuarios empiezan a interactuar con servicios financieros de manera más contextual. Los productos dejan de ser un destino en sí mismo y pasan a integrarse en otras experiencias digitales, como plataformas de e-commerce, aplicaciones de gestión o herramientas de comunicación.
“Ya no gana quien tiene mejores APIs, gana quien tiene mejor entendimiento del cliente, mejores datos y la capacidad de convertir esos datos en inteligencia accionable”, aseguró.
Candelaria Villagra, por su parte, destacó que este proceso amplía el ecosistema, reduce barreras de entrada y acelera la innovación. Al mismo tiempo, obliga a los actores tradicionales a adaptarse a un entorno más dinámico: “Ya no alcanza con tener productos, sino con contar con la infraestructura, el conocimiento y el talento para exponerlos de forma eficiente, segura y escalable a través de APIs”.
El resultado es un sistema más diverso, donde conviven múltiples modelos de negocio y donde la colaboración entre actores se vuelve un elemento central para el desarrollo de nuevas soluciones.
El futuro del negocio financiero
El avance del Banking as a Service en América Latina marca el inicio de una nueva etapa para el sistema financiero. La combinación de APIs, infraestructura en la nube y modelos colaborativos impulsa una transformación que va más allá de lo tecnológico.
A medida que más empresas integran servicios financieros en sus plataformas, el acceso a estos productos se vuelve más simple, rápido y adaptado a las necesidades de cada usuario. Lo financiero deja de ser una categoría aislada para convertirse en una capa transversal dentro de la economía digital.

En este escenario, el diferencial competitivo se desplaza. Ya no se trata solo de contar con infraestructura, sino de cómo se utilizan los datos, cómo se diseñan las experiencias y qué tan bien se integran los servicios en distintos contextos.
El desafío para bancos, fintechs y empresas será encontrar su lugar en este nuevo ecosistema. Los primeros deberán profundizar su apertura tecnológica y su capacidad de integración; las fintechs, diferenciarse en un entorno cada vez más competitivo; y las empresas, aprovechar estas herramientas para construir propuestas de valor más completas.
De ese modo, el core del negocio financiero deja de ser un sistema cerrado para convertirse en una plataforma en constante evolución, donde las APIs funcionan como el elemento que articula a todos los participantes y habilita una nueva forma de entender las finanzas. “Vemos una evolución muy clara hacia finanzas embebidas, modelos API-first e interoperabilidad cada vez más profunda”, anticipó Candelaria Villagra.
“Desde Pomelo vemos esta evolución como una oportunidad para seguir habilitando a bancos y empresas tradicionales a construir experiencias financieras más integradas y escalables, apoyándose en una infraestructura que acompañe la velocidad y complejidad del nuevo entorno digital”, resumió Santiago Witis.







