Análisis en profundidad

Hologramas 3D para revivir a las estrellas del pasado

En la actualidad, la tecnología es capaz de permitir la reproducción tridimensional de una imagen grabada mediante el llamado haz coherente de luz láser. No se trata de una simple imagen fotográfica, por lo que surgen complejas cuestiones legales en el caso de personas que ya no están vivas.

16 Nov 2021

Annalisa Spedicato

holograma 3d

Imagínese volver a ver a personalidades del mundo del espectáculo tan queridas y ya fallecidas como Marilyn Monroe, Elvis Presley o Amy Winehouse moviéndose por un escenario. No en una grabación de vídeo, sino gracias a un holograma 3D que utiliza la realidad aumentada.

Los hologramas 3D pueden utilizarse en diversos campos de la vida real, desde la moda hasta la publicidad, la sanidad, la formación, los eventos, el turismo y la administración. Se trata de una tecnología que forma parte de la realidad virtual, capaz de atrapar la luz en un espacio tridimensional. De este modo, una imagen grabada puede reproducirse en 3D mediante un haz coherente de luz láser, lo que permite observar la imagen desde distintos puntos de vista, dando la ilusión de tridimensionalidad. Sin embargo, aunque la industria del entretenimiento parece estar invirtiendo mucho en este campo, especialmente en Estados Unidos, los problemas legales y éticos que este uso tecnológico está abriendo son muchos y probablemente llevarán a la necesidad de revisar la ley de derechos de autor y a establecer normas de uso aceptables en un futuro próximo.

Las nuevas tecnologías permiten ver los hologramas sin gafas ni dispositivos de apoyo, sino a simple vista. Los chatbots y la inteligencia artificial aplicados a los hologramas pueden generar la forma en que un artista actúa o se mueve. En 2014, el INO (Instituto Nacional de Óptica) del CNR presentó un sistema que permite, mediante telepresencia holográfica, que dos personas distantes interactúen como si estuvieran físicamente frente a frente, gracias al canal de transmisión de internet. El proyecto se ha realizado gracias a la colaboración entre el CNR, la empresa Quintetto de Pont Saint Martin y la cofinanciación de la Regione Val d’Aosta.

La historia de los hologramas desde 1862 hasta la actualidad

En la actualidad, la inteligencia artificial está revolucionando la forma de hacer holografía, aunque su principal aplicación sigue siendo la industria del cine y el entretenimiento. Muchas celebridades vivas han aceptado ser reproducidas por un holograma; en 2006, por ejemplo, el holograma de Kate Moss desfiló por la pasarela de Alexander McQueen.

En 2018, los periódicos informaron que la cantante Amy Winehouse, fallecida en 2011, volvería a cantar en los escenarios. La gira se pospuso más tarde, pero lo que informaron los periódicos no era una noticia falsa. La cantante, al igual que otras celebridades fallecidas, podría volver a estar entre sus fans en directo gracias a su holograma en 3D.

Esta frase atribuida al actor estadounidense James Dean deja claro que, si estuviera vivo, sin duda aprobaría su holograma: “Si un hombre es capaz de tender un puente entre la vida y la muerte, si es capaz de seguir viviendo después de su muerte, entonces quizá haya sido un gran hombre”.

La holografía (de las palabras griegas holos todo y grafè escritura) no es precisamente un invento moderno. Fue aplicado por primera vez en 1862 por los científicos John Henry Pepper y Henry Dircks en un experimento llamado “El fantasma de Pepper”. La teorización de esta técnica de percepción de imágenes fue posterior y se debió al científico húngaro Gabor, que publicó su teoría en las “Actas de la Royal Society” en 1948. La holografía se detuvo entonces, para volver a explotar en los años 60 con la introducción del láser. Desde entonces, el método holográfico se ha aplicado en laboratorios, en la industria cinematográfica e incluso en galerías de arte. Gabor recibió el Premio Nobel de Física en 1971 por su intuición inicialmente rudimentaria, en parte debido a las limitaciones de la tecnología de la época.

Aplicaciones de hologramas 3D con famosos desaparecidos, ¿qué derechos?

Hasta 2012, a nadie se le había ocurrido aplicar la holografía para revivir a personalidades fallecidas, en parte porque una aplicación de este tipo implica costes considerables y conlleva diversos problemas legales. Sin embargo, en ese año, el holograma de Tupac, un famoso rapero estadounidense fallecido, volvió a subir al escenario; luego fue el turno de Marylin Monroe, Elvis Presley y otras estrellas que fallecieron.

Por el momento, es la industria del entretenimiento, repleta de estrellas, la que más está invirtiendo en el perfeccionamiento de esta tecnología en el ámbito de las celebridades fallecidas. Ninguno de ellos está dispuesto a revelar cómo se consiguen los efectos de los hologramas, ya que se trata de tecnologías protegidas por patentes. Probablemente, el punto de partida sea el análisis del comportamiento del personaje en vida, el seguimiento de su rostro y la animación de alta frecuencia. Los escaneos en 3D cobran vida gracias a un actor que hace que el holograma se mueva.

Desde un punto de vista jurídico, la holografía podría definirse como la proyección en 3D de una imagen (aunque esta descripción puede ser reductora y ya veremos por qué). A primera vista, podría decirse que se le aplican las normas sobre derechos de imagen y las de derechos de autor relativas a los retratos. Tanto es así que muchos sellos discográficos, con una amplia interpretación, consideran que los contratos que ya han firmado con las estrellas para la explotación de su imagen con fines comerciales también les dan derecho a crear y utilizar sus hologramas. Las estrellas suelen ceder prácticamente todos sus derechos a los productores por la oportunidad de hacerse famosas, por lo que básicamente sólo cambiaría el uso de las diferentes tecnologías.

Pero un holograma con una persona fallecida como sujeto va más allá. En tal caso, la persona actúa con acciones nuevas, no se trata de la mera reproducción de acciones, rasgos o comportamientos que asumió en vida; es decir, se parte de éstos para hacer que el holograma “viva” nuevas experiencias. Por tanto, no sólo entra en juego el derecho a la imagen, sino todos los derechos de la personalidad, como el derecho a la identidad personal, el derecho al honor, la integridad moral, la dignidad y la confidencialidad de la persona. En nuestro ordenamiento jurídico, se trata de derechos no patrimoniales, absolutos, inalienables, intransmisibles, imprescriptibles e imprescriptibles que terminan después de la muerte. En otros ordenamientos jurídicos, existe el llamado Derecho de publicidad, es decir, un derecho que incluye no sólo la imagen, el rostro o el nombre de una persona, sino también su identidad personal, sus gestos, sus rasgos de comportamiento, que tiene un valor patrimonial y, en algunos Estados, puede asignarse y sobrevivir incluso después de la muerte de una persona a varios niveles, según el tipo de jurisdicción. Por ejemplo, en California, el derecho de publicidad se extiende cincuenta años después de la muerte. En Nueva York, ese derecho termina con la muerte.

En el caso de las celebridades fallecidas, los herederos son los que generalmente tienen derecho a consentir el uso de estas tecnologías para permitir la reproducción del personaje con un holograma. Por lo tanto, hay que poner a los familiares del fallecido en situación de mantener el máximo control sobre todo el desarrollo del proyecto. Luego está la música, los vídeos grabados que sirven de base para la reconstrucción, cuya licencia debe solicitarse por separado a la empresa que tiene los derechos de ese material. Para crear uno de estos espectáculos, el organizador de una gira del artista fallecido con hologramas en 3D debe pagar primero los derechos de autor para utilizar la música del cantante. Por lo tanto, se necesitan acuerdos contractuales especialmente complejos para gestionar la relación entre todas las partes y, sobre todo, para determinar el reparto de los beneficios.

Adquisición de los derechos de las personas desaparecidas

La gran pregunta es cómo conseguir todo lo necesario para crear un holograma de un personaje famoso fallecido. Las cuestiones jurídicas que rodean el cobro de derechos siguen siendo bastante complejas.

Una de las batallas legales más importantes en este ámbito tuvo lugar en 2012, cuando la empresa que tenía los derechos de Marilyn Monroe amenazó con demandar a una start-up que había patentado “VM2 – The Virtual Marilyn, la primera actriz virtual que vive y trabaja desde el ciberespacio”. La empresa de nueva creación alegó que Virtual Marilyn no había infringido en modo alguno los supuestos derechos de propiedad intelectual reclamados por la empresa titular de los derechos de imagen de la estrella, aunque posteriormente renunció a sus proyectos.

En general, para crear un holograma de un músico fallecido, cualquier empresa de entretenimiento debe obtener primero una licencia para utilizar la música y el vídeo del artista de la misma manera que lo haría en cualquier otro tipo de actuación en directo. También debe conceder la licencia de uso de cualquier imagen de la celebridad que se necesite para crear la reproducción visual, lo que probablemente signifique tratar con la familia o, en los estados en los que está permitido, ceder la imagen a título póstumo, con la empresa que posee esos derechos sobre la celebridad. A partir de ahí, hay que redactar un contrato entre todas las partes implicadas para determinar el reparto de los beneficios.

Pero eso no es todo. En algunos Estados, también es necesario llegar a un acuerdo sobre el derecho de publicidad que, como se ha mencionado anteriormente, incluye los rasgos físicos, la voz, el comportamiento, los movimientos, el apodo, la firma, que en algunos sistemas jurídicos tiene un carácter patrimonial y puede ser transferido a terceros y registrado como marca. Sin embargo, mientras que cuando la persona está viva puede decidir libremente conservarla para sí misma o cederla a otras personas, lo que ocurre en relación con ella después del fallecimiento de la persona cambia según la ley del país en el que vivía esa persona.

Hay veintitrés estados en los que el derecho de publicidad pervive a título póstumo y los tiempos varían mucho: desde 10 años en Washington hasta 100 en Oklahoma. En California, el derecho de publicidad lo tiene la familia de la persona durante 70 años. En Nueva York, actualmente se detiene con la muerte de la persona. A medida que se vaya organizando el andamiaje legal en torno a la industria de los hologramas en 3D, que aún es relativamente minoritaria, será cada vez más difícil para quienes quieran entrar en el negocio adquirir los derechos para montar nuevos espectáculos.

La cuestión ética de los hologramas

Luego hay situaciones más complejas que tratar, como los casos en los que el holograma que reproduce al personaje es puesto en situaciones que quizá no hubiera aceptado en vida o que nunca hubiera compartido. ¿Quién tiene derecho a decidir sobre esto? Cuando la técnica se utiliza en personajes conocidos que siguen vivos, el efecto wow está asegurado, pero la elección de formar parte del juego y la forma de hacerlo sigue siendo del personaje que decide cómo gestionar su imagen. Pero cuando el personaje ha desaparecido, ¿quién tiene derecho a decidir?

El rostro de Winehouse, por ejemplo, nunca ha sido escaneado en 3D y la cantante nunca ha sido consultada al respecto -su padre decidió en su nombre-; ¿es ético que una empresa venda su imagen holográfica creada después de su muerte en un futuro próximo? De hecho, hay una diferencia considerable entre vender la música, las películas, los anuncios que un artista hizo cuando estaba vivo, y comercializar su holograma simulando acciones y experiencias que nadie puede saber si en vida habría aprobado.

¿Dónde termina la línea entre el honor, la dignidad y la explotación de los derechos cuando se trata de personas fallecidas? Seguramente habrá muchas cuestiones que los jueces tendrán que abordar en breve, pero ya se puede entender cómo en esta fase embrionaria de desarrollo de este sector es de suma importancia pensar en la ética, ya que la aplicación de la holografía 3D abre áreas del mercado que aún no están bien definidas. Las normas que se creen a partir de ahora marcarán sin duda las pautas para el futuro. De momento, al intérprete le queda la difícil tarea de enmarcar la tecnología holográfica y sus nuevas aplicaciones en el mundo real a partir de la normativa aún vigente.

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