La automatización de depósitos farmacéuticos dejó de ser una tendencia incipiente y pasó a ser una respuesta concreta a un problema estructural del sector: cómo gestionar operaciones cada vez más complejas sin comprometer la seguridad del paciente.
En un contexto donde la trazabilidad, la velocidad de respuesta y la precisión resultan determinantes, la incorporación de tecnología en centros de distribución empezó a redefinir los estándares de la logística en salud.
A diferencia de otros rubros, el farmacéutico exige un nivel de control mucho más estricto. No se trata solo de mover productos, sino de garantizar que cada medicamento llegue en tiempo y forma, bajo condiciones específicas y con información completamente trazable. En ese escenario, la automatización —entendida como la combinación de software, procesos y tecnología física— ocupa un rol central.
De acuerdo a un reporte de Research Nester, el tamaño del mercado de automatización de farmacias de llenado centralizado superó los US$1.040 millones en 2025 y se prevé que supere los US$3.290 millones para 2035, con una tasa de crecimiento anual compuesta superior al 12,2% durante el periodo de pronóstico, es decir, entre 2025 y 2036.

En diálogo con InnovaciónDigital360, especialistas de Cygnus Latinoamérica y Becton Dickinson coincidieron en que la transformación de la logística farmacéutica ya está en marcha. Según explicaron, el proceso avanzó impulsado por la necesidad de ganar eficiencia operativa, reducir errores y sostener estándares cada vez más exigentes en toda la cadena de suministro.
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La complejidad de la logística farmacéutica
La gestión de depósitos farmacéuticos presenta desafíos que no aparecen con la misma intensidad en otros sectores. El control por lote, las fechas de vencimiento, la serialización y las exigencias regulatorias convierten a cada operación en un proceso crítico, donde el margen de error resulta prácticamente nulo.
En este tipo de entornos, además, el picking —la preparación de pedidos— suele ser altamente intensivo. Cada movimiento debe ser preciso, ya que un error no solo implica un problema operativo, sino también un riesgo directo para el paciente.
Desde el lado de la tecnología, esto obliga a repensar cómo se gestionan los centros de distribución. Ya no alcanza con sistemas básicos de inventario ni con procesos manuales asistidos. La necesidad de garantizar trazabilidad total y control en tiempo real empuja a las organizaciones a adoptar herramientas más sofisticadas.

En ese sentido, los sistemas de gestión de almacenes (WMS) se vuelven un componente estructural. No solo permiten organizar el stock, sino que integran procesos, tecnologías y recursos humanos dentro de una misma lógica operativa.
Gustavo Castro, CRO de Cygnus Latinoamérica, resumió la complejidad del sector con claridad. Según explicó, la gestión de productos farmacéuticos combina operaciones intensivas de picking con la necesidad degarantizar trazabilidad total, que incluye control por lote, vencimiento y, en muchos casos, serialización.
“Gestionar productos con estas características de forma altamente eficiente y controlada, es el principal desafío”, sostuvo.
Automatización: más que robots
Cuando se habla de automatización, la imagen más común suele quedar asociada a robots o sistemas físicos que reemplazan tareas manuales. Sin embargo, en la práctica, el concepto resulta bastante más amplio y exige una mirada integral.
El software cumple un rol central como “cerebro” de la operación. Es el encargado de coordinar las distintas tecnologías, definir reglas de negocio y asegurar que cada proceso se ejecute de manera correcta. Sin esa capa de gestión, la automatización tiende a fragmentarse y pierde efectividad.
Desde Cygnus, Castro lo explicó de forma directa: “Software como los WMS son absolutamente determinantes ya que las tecnologías de automatización y robótica disponible son cada vez más diversas y específicas, y es imprescindible un ‘cerebro’ que coordine las diversas tecnologías y RRHH necesarios”.
En la misma línea, el CRO advirtió que sin un sistema de gestión robusto no se puede hablar de automatización plena, sino de procesos parciales que no logran integrar toda la operación.

Pero el software no actúa en soledad. En paralelo, la incorporación de soluciones físicas —como robots de almacenamiento y dispensación— permite llevar esa lógica a la operación diaria. La clave está en la integración entre ambos mundos: sistemas que gestionan y tecnologías que ejecutan.
En este sentido desde Becton Dickinson, Emiliano Galasso, Business Manager de la unidad de Medication Management Solutions para el Cono Sur de Latinoamérica, aportó otra dimensión al concepto. En el sector salud, analizó, la automatización debe funcionar como un habilitador de procesos donde la precisión no es solo una cuestión operativa, sino una condición directamente vinculada al bienestar del paciente.
“A diferencia de otros sectores, acá implementamos sistemas de transporte inteligente y robots de alta precisión que gestionan el flujo de empaques con una trazabilidad absoluta”, señaló.
Esta combinación entre software y automatización física permite avanzar hacia modelos de operación más integrados, donde la eficiencia y el control dejan de ser objetivos en tensión y pasan a complementarse.
¿Qué cambia en la operación?
Cuando la automatización se implementa de manera integral, el impacto en la operación logística resulta inmediato. La velocidad, la precisión y la continuidad de los procesos cambian de forma sustancial, sobre todo en entornos de alta demanda.
Un ejemplo concreto aparece en la implementación de soluciones robóticas en centros de distribución farmacéuticos, donde la preparación de pedidos deja de depender de procesos manuales y pasa a estar automatizada. En estos casos, los tiempos de respuesta se reducen de forma significativa y el flujo de trabajo se vuelve continuo.
Galasso describe este cambio con una definición clara: “Cambia radicalmente la velocidad de respuesta”. En operaciones que abastecen a una red extensa de farmacias, esta capacidad de respuesta transforma la dinámica logística, eliminando interrupciones y permitiendo que los productos estén disponibles prácticamente en el momento en que ingresan al sistema.
La automatización también impacta en la calidad del servicio. Al reducir la intervención manual, disminuyen los errores en la preparación de pedidos, lo que evita devoluciones y mejora la experiencia de los clientes. En paralelo, la operación gana previsibilidad, algo clave cuando se trata de garantizar el abastecimiento en múltiples regiones.

En el caso de implementaciones concretas, como la que desarrolló Becton Dickinson en la casa matriz de Droguería Sur en Bahía Blanca, la incorporación de robots permitió automatizar procesos clave, mejorar los tiempos de preparación y acompañar el crecimiento del negocio con una operación más escalable.
“Nuestra tecnología BD Rowa™ redefine el estándar de entrega, es decir, hablamos de un plazo de entre 3 a 5 segundos para la salida de un medicamento. Para un centro que abastece a más de 1.500 farmacias, esto significa que el flujo de trabajo deja de tener interrupciones. Además, la carga de nuevos productos al stock se completa en apenas 8 a 12 segundos. Esto garantiza que el medicamento esté disponible para la venta casi en el mismo instante en que llega al depósito”, especificó Galasso.
Además, estos sistemas están diseñados para operar de manera continua, con monitoreo permanente y esquemas de mantenimiento que aseguran la estabilidad del servicio. Esto resulta fundamental en un sector donde cualquier interrupción puede impactar en la disponibilidad de medicamentos.
Otro aspecto relevante es la trazabilidad. La integración entre robots y sistemas de gestión permite registrar cada movimiento, desde el ingreso del producto hasta su dispensación. Esto facilita auditorías, mejora el control del inventario y asegura el cumplimiento de normativas sanitarias.

Escalabilidad, adopción y futuro
A medida que estas tecnologías se consolidan, la automatización empieza a expandirse dentro del sector farmacéutico, aunque con niveles de adopción dispares según el tipo de empresa y la región.
Según explicó Gustavo Castro, “factores como el volumen de operación y los costos de mano de obra son factores que inciden directamente en el nivel de adopción tecnológico”. Esto genera un escenario heterogéneo, donde conviven operaciones altamente automatizadas con otras que todavía dependen en gran medida de procesos manuales.
Sin embargo, la tendencia es clara. La necesidad de mejorar la eficiencia, reducir errores y garantizar trazabilidad impulsa a cada vez más organizaciones a avanzar en la incorporación de tecnología.
Desde el lado de la operación, Galasso destacó que este tipo de soluciones pueden replicarse en distintos contextos, siempre que se adapten a las necesidades de cada organización: “El mayor provecho se obtiene de personalizar los proyectos a medida de la necesidad del cliente y permitiendo escalabilidad en el tiempo”.
“No existen condiciones o limitaciones por parte del cliente en implementar y adoptar esta tecnología, las soluciones son adaptables al tiempo y espacio del cliente, aunque si el cliente debe estar dispuesto a transitar el camino de cambio en su operación entendiendo que el beneficio que está atrás de ese proceso potenciará su negocio”, desarrolló.

Al mismo tiempo, la integración entre software y automatización física seguirá profundizándose. Los sistemas de gestión evolucionan para coordinar entornos cada vez más complejos, mientras que las tecnologías robóticas ganan precisión, velocidad y capacidad de adaptación.
En este escenario, la logística farmacéutica se encamina hacia modelos donde la automatización deja de ser un diferencial y pasa a ser una condición necesaria para operar con eficiencia y control.
El desafío, en adelante, no será solo incorporar tecnología, sino hacerlo de manera estratégica, con procesos integrados y un objetivo claro que atraviesa toda la cadena: garantizar que cada paciente reciba el medicamento correcto, en el momento adecuado.





