La automatización energética dejó de ser un proyecto accesorio para convertirse en un eje de gestión en sectores con alto consumo y presión regulatoria. En un contexto de costos elevados y mayores exigencias ambientales, las empresas enfrentan el desafío de optimizar recursos sin perder competitividad ni capacidad de crecimiento.
En diálogo con Innovación Digital 360, Fabián Bosquiazzo, Natural Resources Sales VP en Softtek, analizó cómo la tecnología impacta de manera directa en la estructura de costos, qué rol juegan el monitoreo en tiempo real y la inteligencia artificial en la reducción del consumo, y por qué el cambio cultural sigue siendo uno de los principales obstáculos al momento de implementar estos procesos. También abordó la relación entre eficiencia energética y criterios ESG, y el efecto concreto que estas soluciones tienen en edificios inteligentes y centros de datos.
Con una mirada puesta en 2033, Bosquiazzo planteó qué necesita Argentina para acompañar el ritmo global en automatización inteligente y qué decisiones estratégicas deben tomar hoy las organizaciones. A continuación, la entrevista completa.
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¿Cómo ves el panorama acá en Argentina? ¿Sentís que las empresas ya se dieron cuenta de que la automatización no es un lujo sino una necesidad?
La automatización es una respuesta concreta a un contexto desafiante. Costos elevados, presión regulatoria y objetivos de sostenibilidad están empujando a las empresas a optimizar su consumo. Cada vez más organizaciones entienden que gestionar la energía de forma inteligente es una condición para seguir siendo competitivas.
Bajándolo a tierra: ¿cómo se traduce toda esta tecnología en que la factura de energía no te rompa la cabeza a fin de mes?
La clave está en el monitoreo en tiempo real y la capacidad de ajuste dinámico. Con sensores IoT, plataformas inteligentes e inteligencia artificial, hoy se puede detectar desperdicio, picos innecesarios de consumo y equipos que no están funcionando de manera eficiente. Eso permite tomar decisiones oportunas y proactivas, ajustar cargas, optimizar climatización o iluminación y anticipar fallas.
En la práctica, se traduce en reducciones significativas de costos operativos y en un uso mucho más racional de la energía. Por otro lado, los beneficios o incentivos fiscales asociados a la eficiencia energética siempre jugarán un rol clave en este entorno.
Esto implica un cambio cultural. ¿Con qué “pared” te chocás más seguido al implementar estos cambios?
La principal barrera suele ser que la energía todavía se percibe como un costo fijo y no como una variable estratégica del negocio. Cuando es así, este tipo de proyectos se ven como inversiones tecnológicas no asociadas al core del negocio, y, por ende, cuesta más que se lleven adelante; pero es algo que ha ido cambiando con el tiempo.
Muchas organizaciones siguen tomando decisiones por intuición o experiencia histórica, y no a partir de datos en tiempo real. La automatización implica cambiar esa lógica: confiar en información, en modelos predictivos y en procesos más dinámicos. Ese cambio cultural requiere liderazgo, alineamiento interno y tiempo para que los equipos adopten nuevas formas de trabajo.
Sobre criterios ESG: ¿competitividad real o solo cumplir para la foto?
Cuando la automatización energética se implementa de forma seria, la competitividad es muy concreta. No se trata solo de reportar indicadores, sino de tener trazabilidad, control y capacidad de mejora continua sobre el consumo. Eso impacta en costos, eficiencia operativa y capacidad de adaptación a regulaciones futuras.
Las empresas que integran ESG a la gestión diaria, apoyadas en tecnología, logran ventajas reales; las que lo ven solo como un requisito reputacional suelen quedarse en acciones aisladas y de corto alcance.
En edificios inteligentes y centros de datos, ¿qué tan rápido se nota el impacto?
En estos entornos el impacto suele verse relativamente rápido porque concentran consumos energéticos elevados y críticos. La automatización de iluminación, climatización y enfriamiento, junto con monitoreo en tiempo real, permite detectar ineficiencias y corregir desvíos casi de inmediato.
En edificios inteligentes mejora el balance entre confort y eficiencia; en centros de datos, la optimización del enfriamiento y la distribución de cargas reduce consumo, fallas y riesgos operativos. Además, el mantenimiento predictivo empieza a mostrar beneficios desde las primeras etapas.
De cara a 2033, ¿Argentina puede subirse a esa ola o va a costar seguir el ritmo global?
Argentina tiene todo para adoptar nuevas tecnologías, pero el desafío está en la velocidad y la consistencia. A nivel global, el mercado de automatización inteligente en energía está creciendo de forma acelerada, impulsado por innovación tecnológica y presión regulatoria.
Para seguir ese ritmo, las empresas locales necesitan apostar por estrategias de largo plazo, inversión sostenida y una adopción madura de estas tecnologías. No es solo una cuestión de tecnología disponible, sino de decisión estratégica.


