Zhaopeng Chen, fundador y CEO de Agile Robots, tiene una ambición que parece salida de las historias de ciencia ficción que leía durante su infancia: quiere que cada persona del planeta tenga su propio robot. Si esa idea alguna vez se hace realidad, el mercado potencial rondaría los 8.000 millones de máquinas.
Pero el plan del empresario no empieza en los hogares ni con asistentes personales capaces de resolver cualquier tarea doméstica. Su estrategia avanza por otro camino: primero busca transformar las fábricas, desarrollar sistemas de automatización rentables y multiplicar la cantidad de robots capaces de trabajar junto a las personas. Recién después podría llegar el salto hacia los robots personales.
“Cada una de las personas del planeta tendrá un robot personal”, afirmó Chen. “Esto no va a estar muy lejos. No es cuestión de días, sino de años, décadas; va a estar ahí”, aseguró.
El empresario fundó Agile Robots en 2018, después de obtener su doctorado con un trabajo sobre manos robóticas en el Centro Aeroespacial Alemán. En menos de una década, la compañía instaló más de 20.000 sistemas de automatización en fábricas y depósitos de distintos países.
Su catálogo incluye brazos robóticos, pinzas, plataformas móviles, sistemas de visión, celdas industriales y software. A esa oferta se sumó Agile ONE, un humanoide de 1,74 metros cuya producción comenzó en Fürstenfeldbruck, cerca de Múnich.
La compañía todavía está lejos de fabricar robots para el living de una casa. Su prioridad está en la industria, donde Chen cree que puede crear las condiciones técnicas y económicas necesarias para que los humanoides alcancen una escala mucho mayor.
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La fórmula detrás de los 8.000 millones de robots
Para Chen, el dinero por sí mismo no resuelve el desafío de la robótica humanoide. Su explicación parte de una diferencia entre la inteligencia artificial puramente digital y la llamada IA física, que debe interactuar con objetos, personas, máquinas y espacios reales.
Los grandes modelos de lenguaje cuentan con una ventaja: pueden entrenarse con enormes cantidades de información digital y aumentar sus capacidades mediante más datos, potencia informática e inversión.
“Simplemente creás todo el canal: modelo, datos, capacidad de cómputo y resultado. Todo lo que tenés que hacer es básicamente inyectar dinero. Así que si inyectás dinero, los resultados reales van a aparecer. Y esta rueda funciona realmente bien”, explicó Chen.
En robótica, la ecuación resulta más compleja. Además del software, hacen falta sensores, motores, actuadores, baterías, sistemas mecánicos y una máquina capaz de ejecutar una tarea concreta en el mundo físico.
Para el CEO, esa rueda tiene además una segunda condición: el negocio tiene que cerrar.
“Para mí, la rueda tiene dos niveles, dos capas, digamos. La primera capa es técnica. La segunda también es de negocios. Si no podés cerrar ese círculo, no importa cuánto capital tengas”, señaló.
La advertencia aparece en medio de una carrera mundial por la robótica humanoide. Solo durante agosto, las empresas del sector captaron US$ 2.700 millones. La estadounidense Figure comprometió US$ 3.500 millones para infraestructura y capacidad informática destinada a IA física, mientras que la alemana Neura Robotics recaudó hasta US$ 1.400 millones en junio.
Agile Robots, según Chen, levantó alrededor de US$ 1.500 millones en siete años y cuenta con el respaldo de SoftBank.
“No creo que ningún negocio pueda ser sostenible solo a base de inyectar dinero”, afirmó el empresario.
La fábrica antes que el robot personal
La estrategia de Agile Robots se diferencia de la de empresas centradas casi exclusivamente en humanoides. Para la compañía alemana, la oportunidad comercial inmediata no reside en vender una sola clase de robot, sino en automatizar fábricas completas.
“El objetivo es resolver el problema y lo segundo es resolverlo con la menor cantidad de automatización posible para darles el mejor ROI”, explicó Rory Sexton, ejecutivo de Agile Robots y ex Apple.
Sexton trabajó 20 años en Apple y llegó a tener bajo su responsabilidad 120 plantas con 2,5 millones de trabajadores. Su experiencia industrial explica parte de la apuesta de Agile Robots: usar el tipo de máquina que mejor resuelva cada tarea.
Eso puede incluir un humanoide, pero también un brazo robótico, un vehículo autónomo de transporte o una cinta automatizada.
“Creo que durante muchos años los humanoides no van a funcionar de manera independiente. Van a formar parte de un conjunto de soluciones que se incorporen”, aseguró Sexton.
La empresa complementó su tecnología con adquisiciones de compañías dedicadas a integrar y automatizar líneas industriales. Entre ellas figuran Idealworks, BÄR Automation, Franka Robotics, XNG y Krause Automation, antigua división de ingeniería de automatización de thyssenkrupp. Esta última operación sumó cerca de 650 empleados y diez sedes en Europa y América del Norte.
Miles de robots por año
Agile Robots prevé despachar miles de sistemas robóticos durante este año. Su capacidad podría subir a entre 8.000 y 9.000 unidades anuales cuando la planta alcance su máximo ritmo.
Hoy, la producción ronda las 10 unidades por día y cada robot demanda entre tres y cuatro días de fabricación. Algunos clientes realizan pedidos por cientos de unidades.
La automatización también llegó a las propias fábricas del grupo. Al menos dos líneas dedicadas a brazos y torsos funcionan sin intervención humana directa.
“No necesitamos personas para fabricar brazos ni torsos. Vamos a tener algunas fábricas oscuras”, explicó Sexton.
La compañía tampoco reveló cuánto cuesta Agile ONE, aunque sus ejecutivos ofrecieron una referencia para entender la ecuación. Dos turnos de trabajadores en China representan alrededor de US$ 80.000 anuales, y los clientes industriales suelen aspirar a recuperar la inversión en aproximadamente dos años.
Ese cálculo establece una frontera clara: un humanoide puede resultar atractivo para una fábrica si cuesta menos que la mano de obra que reemplaza o complementa y, además, cumple la tarea con suficiente velocidad y precisión.
Robots por alquiler
El siguiente paso podría modificar incluso la manera en que las empresas contratan capacidad productiva.
Agile Robots analiza un esquema de robots como servicio, bajo el cual un cliente alquila máquinas durante determinados períodos en lugar de comprarlas.
“Podrías usar un modelo de alquiler. Se acerca la Navidad. Quiero otros 50, por favor, y después se los llevan de vuelta cuando termine diciembre”, ejemplificó Sexton.
La idea exige robots flexibles. Una máquina contratada para reforzar un centro logístico en los meses de mayor demanda debería poder cumplir otra función después.
Esa necesidad explica parte del interés por los humanoides: el cuerpo humano ofrece una arquitectura preparada para espacios, herramientas y tareas diseñadas originalmente para personas.
Sin embargo, Agile Robots todavía utiliza ruedas en algunos de sus humanoides industriales. Sexton señaló que existe una razón regulatoria: “No existe un marco regulatorio en Occidente, Europa y América del Norte para humanoides bípedos con piernas que trabajen junto a las personas”.
Las plataformas con ruedas de la empresa, en cambio, ya cuentan con certificación.
El sueño de Chen empieza en una fábrica
Chen cree que Europa todavía puede competir en esta carrera pese a su menor peso frente a Estados Unidos y China en los grandes modelos de inteligencia artificial. Su argumento apunta a la combinación de software, ingeniería, mecatrónica y capacidad industrial que exige la IA física.
Agile Robots cuenta con empleados de más de 60 nacionalidades y operaciones repartidas entre Alemania, China, India y otros mercados. Esa estructura le permite combinar proveedores, ingeniería y capacidad industrial de distintas regiones.
El objetivo final continúa cerca de la ciencia ficción que inspiró a Chen durante su infancia: un robot para cada persona. Pero su hoja de ruta tiene menos que ver con imaginar asistentes futuristas y más con demostrar, tarea por tarea, que las máquinas pueden generar un retorno económico concreto.
Primero llegarán las fábricas automatizadas, los robots alquilados, las manos mecánicas y los humanoides que trabajen junto a operarios. Si esa rueda técnica y comercial funciona, Chen cree que la industria podrá avanzar hacia una escala mucho mayor.
En ese escenario, los 8.000 millones de robots dejan de ser únicamente una fantasía inspirada en Isaac Asimov y pasan a representar el mercado final que Agile Robots quiere ayudar a construir.








