Roisa Tech nació en 2021, pero para contar bien su historia hay que viajar un poco más en el tiempo. Su fundador, Washington Mario Giacoya, venía de dirigir técnicamente ITING S.A., una compañía creada en 2009 que llegó a contar con alrededor de 50 colaboradores. Después de vender su participación societaria y salirse de la compañía definitivamente en 2021, decidió iniciar una nueva etapa.
“Quise crear una empresa de ciberseguridad que también tuviera capacidad de integración de sistemas, infraestructura y networking, pero donde todo estuviera atravesado por un único foco: la seguridad”, explicó.
Ese punto de partida terminaría definiendo también la evolución posterior de Roisa Tech. La empresa comenzó ofreciendo servicios que respondían a necesidades concretas —mantenimiento de firewalls, análisis de vulnerabilidades y controles de seguridad—, pero con el tiempo comenzó a hacer énfasis en todo lo que ocurre dentro de una empresa cuando nadie está controlando.
La respuesta llevó a la compañía desde un esquema apoyado principalmente en intervenciones puntuales hacia otro basado en monitoreo continuo. En palabras de su fundador, el desafío pasó de sacar una “foto” de la seguridad de una empresa a intentar ver “la película completa”.
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Un comienzo entre Uruguay y Argentina
El primer año de Roisa Tech transcurrió únicamente en Uruguay. Como parte de la venta de su participación en la compañía anterior, su fundador tenía un acuerdo de no competencia que temporalmente le impedía operar en la Argentina.
La restricción terminó funcionando también como una etapa de construcción. “Ese período, de alguna manera, terminó siendo una oportunidad. Nos permitió desarrollar la estructura corporativa en Uruguay, comenzar a generar clientes y sentar las bases de Roisa Tech”, recordó.

Una vez finalizado el acuerdo, la empresa comenzó también a trabajar en el mercado argentino. El desafío inicial no era exclusivamente tecnológico. Había experiencia técnica y relaciones construidas durante años, pero faltaba desarrollar una estructura comercial propia.
Los primeros proyectos llegaron principalmente a través de clientes que ya conocían esa trayectoria, la confianza y las recomendaciones. El crecimiento fue progresivo y, al mismo tiempo, condicionado por un mercado argentino que obligaba a adaptarse.
El problema de una ciberseguridad basada en “fotos”
En sus primeros años, buena parte del trabajo estaba concentrado en tareas como soporte y mantenimiento de firewalls o análisis de vulnerabilidades. Eran servicios necesarios, pero Roisa Tech comenzó a detectar una limitación.
“Muchos de esos servicios eran reactivos: actuábamos ante una necesidad puntual, hacíamos una revisión o corregíamos determinado problema, pero después quedaba un espacio sin cubrir”, explicó el fundador.
Una organización podía revisar un firewall, corregir configuraciones, analizar vulnerabilidades y volver a ejecutar el procedimiento cierto tiempo después. El inconveniente era todo lo que podía suceder en el medio.
“Las amenazas empezaron a evolucionar mucho más rápido y entendimos que ya no alcanzaba con tener buenas herramientas; había que tener visibilidad permanente sobre lo que estaba pasando”, sostuvo.
De esta forma —contó— “pasamos de sacar una foto del estado de seguridad de una empresa a querer ver la película completa: monitorear continuamente, detectar comportamientos anómalos, correlacionar eventos y tener capacidad de actuar cuando aparece una amenaza”.

Bajo esa premisa, urgió una mayor apuesta por CyberSOC, un servicio que hoy tiene un lugar central en su oferta.
Un SOC —Security Operations Center o centro de operaciones de seguridad— concentra herramientas y especialistas dedicados a observar eventos, detectar comportamientos sospechosos y responder ante amenazas. Con CyberSOC, Roisa Tech ofrece esa capacidad como servicio tercerizado, sin que la organización necesariamente deba construir un centro propio.
Tres meses adentro de una red antes de ejecutar el ransomware
Un incidente atendido por Roisa Tech permite dimensionar por qué la compañía comenzó a darle tanta importancia a esa visibilidad.
Una empresa se comunicó después de sufrir un ataque de ransomware, un tipo de malware que cifra sistemas o información y suele utilizarse para exigir un rescate. Cuando llegó el llamado, la operación estaba prácticamente paralizada. Estaban comprometidos gran parte de los equipos, la red y los servicios. La organización tampoco podía facturar.
“Nuestra primera recomendación fue no comenzar simplemente restaurando sistemas. Antes necesitábamos entender cómo habían entrado los atacantes, porque de lo contrario existía el riesgo de reconstruir toda la infraestructura dejando abierta la misma puerta por la que habían ingresado”, reveló Giacoya.
El equipo inició una auditoría forense para reconstruir lo ocurrido. El análisis determinó que el ataque no había comenzado el día en que apareció el ransomware.
Los atacantes, según la reconstrucción realizada por la empresa, habían ingresado aproximadamente tres meses antes aprovechando una vulnerabilidad de un fabricante que ya había sido informada. Durante ese período consiguieron comprometer distintos equipos, generar accesos mediante VPN —redes privadas virtuales utilizadas para conectarse de manera remota— y moverse dentro de la infraestructura.
“Operaron dentro de la infraestructura prácticamente como si fueran personal remoto de la propia organización”, explicó.
Roisa Tech estimó que durante esos meses fueron exfiltrados más de 150 GB de información. Los atacantes también consiguieron eliminar información relacionada con los backups. Solo después de esa permanencia dentro de la red desplegaron el ransomware y realizaron el pedido de rescate.
El caso condensaba precisamente el problema que la compañía venía identificando: una organización podía tener firewalls y herramientas de seguridad y, aun así, no saber durante semanas o meses que estaba siendo atacada.
El equipo recomendó no pagar el rescate y comenzó las tareas de contención, sanitización y recuperación junto con el área de IT del cliente. Tres días después la empresa había recuperado aproximadamente el 75% de sus sistemas y podía volver a operar. A los siete días, había recuperado el 100% de la operación.
Del incidente a la necesidad de mirar en forma permanente
Experiencias como esa reforzaron el cambio de enfoque. Para Roisa Tech, la discusión dejó de limitarse a intentar impedir cualquier intrusión. La premisa pasó a incluir otra pregunta: qué tan rápido puede una empresa detectar que algo ya está ocurriendo y responder antes de que el episodio escale.
“Hoy nuestra visión es que no alcanza con intentar evitar que alguien entre; también hay que estar preparado para detectar rápidamente cuando algo está sucediendo y tener capacidad de responder antes de que se convierta en un incidente que afecte al negocio”, afirmó el fundador.
Ese razonamiento explica el peso que ganó el CyberSOC dentro de la oferta de la compañía. El servicio apunta a observar de manera continua eventos generados por distintos sistemas, correlacionar señales y detectar anomalías. La lógica difiere de una auditoría o revisión aislada: no busca solamente determinar en qué estado se encuentra la infraestructura en cierto momento, sino registrar cambios y comportamientos a medida que ocurren.
Ese modelo también intenta cubrir una brecha organizacional. No todas las empresas pueden disponer de equipos propios dedicados exclusivamente a seguridad, ni sumar las herramientas y especialistas necesarios para mantener una operación permanente.
“Queremos que Roisa Tech continúe evolucionando desde los servicios puntuales hacia un modelo donde podamos acompañar integralmente la seguridad de nuestros clientes. No solamente mantener la tecnología, sino entender qué está pasando, detectar cuándo algo cambia y tener la capacidad de actuar rápidamente”, cierra el CEO de Roisa Tech.








