Inteligencia Artificial

CIOs y adopción de IA: cómo pasar de los pilotos al ROI en las empresas



Dirección copiada

La inteligencia artificial ya entró en la agenda corporativa, pero muchas empresas siguen atrapadas entre pruebas prometedoras y resultados difíciles de medir. Para los CIOs, el desafío no es solo incorporar IA: es convertirla en una capacidad escalable, segura, gobernada y alineada con métricas de negocio.

Publicado el 15 de may de 2026

Mariano Tomás Ylarri

Periodista & COO de YCON



Chief IA Officer: el rol estratégico para liderar con inteligencia artificial.

Para pasar de los pilotos de IA al ROI, los CIOs deben resolver cuatro frentes al mismo tiempo: elegir casos de uso con impacto claro, ordenar los datos y la arquitectura que los sostienen, definir reglas de gobierno antes de escalar y medir resultados con indicadores de negocio, no solo de adopción.

La inteligencia artificial ya no se discute como un experimento tecnológico: se convirtió en una prueba de liderazgo para quienes deben justificar la inversión, reducir riesgos y demostrar valor ante el comité ejecutivo.

La paradoja aparece con fuerza en los estudios más recientes sobre liderazgo tecnológico. Logicalis, en su Global CIO Report 2026, relevó a más de 1.000 líderes de tecnología y detectó que el apetito corporativo por IA crece, pero la capacidad de gestionarla no avanza al mismo ritmo: el 94% de los CIOs afirma que el interés organizacional por IA aumentó, mientras que dos tercios no creen poder escalarla más allá de los despliegues iniciales.

El problema, entonces, no es la falta de entusiasmo. Es la distancia entre la ambición y la operación. Bob Bailkoski, CEO de Logicalis, lo resumió así: las organizaciones “no carecen de ambición ni apetito por la IA; carecen de marcos, habilidades y confianza para desplegarla a escala”.

La adopción de IA ya empezó, pero el ROI todavía no está garantizado

En muchas empresas, la primera etapa de la IA generativa estuvo marcada por la experimentación: copilotos para empleados, asistentes internos, automatización de tareas repetitivas, pruebas en atención al cliente, generación de contenido, análisis documental o soporte a desarrolladores. Esa fase permitió demostrar potencial, pero no siempre generó una capacidad empresarial sostenible.

Logicalis identifica que la IA ya está generando valor en áreas concretas: analítica predictiva y forecasting, experiencia de cliente, prestación de servicios e innovación. Sin embargo, el mismo informe advierte que esos avances suelen estar contenidos en funciones o equipos específicos, sin constituir todavía un modelo replicable a escala corporativa.

Foundry llega a una conclusión similar en su State of the CIO Study 2026: la IA se volvió un mandato de la alta dirección. El 27% de los encuestados señaló que la principal prioridad del CEO para los líderes de IT es investigar e implementar productos y proyectos de IA.

Además, el estudio indica que la IA generativa, la IA agéntica y el machine learning aparecen entre las inversiones tecnológicas más relevantes para 2026.

Pero prioridad no significa madurez. Según Foundry, menos de una quinta parte de los encuestados afirma que las iniciativas de IA alcanzaron o superaron sus metas de ROI; 40% dice que algunos proyectos sí lo lograron, y 18% reconoce que menos de un tercio de los casos de uso cumple con las métricas definidas.

Para el CIO, esa diferencia es crítica. Un piloto exitoso puede demostrar que una herramienta funciona bien, que ahorra tiempo en una tarea puntual o que entusiasma a un grupo de usuarios. El ROI, en cambio, exige otra cosa: que el impacto sea medible, repetible, auditable y conectado con un objetivo de negocio.

De piloto de IA a ROI: qué debe validar el CIO

EtapaPregunta clave para el CIORiesgo si se omiteEvidencia de avance
Identificación del caso de uso¿Qué problema de negocio resuelve la IA?Proyectos impulsados por moda, sin impacto medibleCaso vinculado a eficiencia, ingresos, experiencia, riesgo o productividad
Dueño de negocio¿Qué área se hace responsable del resultado?Pilotos sin adopción real ni presupuesto para escalarSponsor funcional, usuarios definidos y proceso afectado documentado
Datos e integración¿Qué datos usa y con qué calidad?Respuestas poco confiables, duplicación de trabajo o errores operativosFuentes validadas, permisos definidos e integración con sistemas clave
Gobierno y riesgo¿Qué controles, límites y auditoría necesita?Shadow AI, exposición de datos o decisiones no trazablesPolítica de uso, clasificación de riesgos y revisión de seguridad/compliance
Métricas de ROI¿Cómo se medirá el valor antes y después?Imposibilidad de justificar inversión o continuidadLínea base, KPIs definidos y frecuencia de medición
Escalamiento¿Qué cambia al pasar de 50 usuarios a toda la organización?Costos ocultos, soporte insuficiente o dependencia excesivaModelo operativo, soporte, capacitación y presupuesto recurrente

Por qué tantos pilotos de IA no llegan a producción

La primera barrera es la falta de capacidades internas. Foundry señala que la falta de expertise en IA dentro de la organización es el principal obstáculo para implementar iniciativas, citada por el 40% de los encuestados. Le siguen la falta de métricas claras de ROI, con 32%, y la falta de claridad sobre la estrategia corporativa de IA, con 31%.

Logicalis también ubica el talento como una restricción central: la falta de habilidades técnicas internas frena las ambiciones de IA en casi nueve de cada diez organizaciones. El mismo informe menciona otros bloqueos estructurales: desafíos de datos, preocupaciones regulatorias y limitaciones de infraestructura.

La segunda barrera son los datos. Muchas empresas quieren aplicar IA a procesos que todavía dependen de información fragmentada, de sistemas heredados, de integraciones incompletas o de definiciones inconsistentes entre áreas. En ese contexto, el modelo puede ser avanzado, pero la respuesta será tan confiable como la base de datos, documentos, reglas de negocio y controles que lo alimentan.

Otro freno puede surgir en el ámbito organizacional. Muchos pilotos nacen en áreas entusiastas, pero sin dueño de negocio, presupuesto recurrente, política de datos, modelo de soporte, integración con sistemas críticos o responsable de medir beneficios. Funcionan como pruebas aisladas, no como productos internos ni capacidades operativas.

La cuarta barrera es la ausencia de una cartera de IA. En lugar de gestionar iniciativas como portfolio —qué se escala, qué se pausa, qué se descarta, qué riesgo tiene cada caso— muchas compañías acumulan pruebas dispersas. Ahí aparece una nueva versión del viejo shadow IT: el shadow AI.

El nuevo rol del CIO: de habilitador tecnológico a arquitecto de valor

El CIO ya no puede limitarse a proveer herramientas de IA. Su papel es ordenar la demanda, priorizar casos de uso, definir arquitectura, asegurar gobierno, coordinar con seguridad y compliance y traducir resultados a lenguaje financiero y operativo.

Foundry muestra que los líderes de IT están dedicando más tiempo a crear marcos y estructuras organizacionales para soportar iniciativas de IA, alinear IT con objetivos de negocio y trabajar con líderes de negocio en potenciales proyectos de IA.

En la misma línea, 83% de los líderes tecnológicos afirma que sus empresas ya tienen o planean implementar comités transversales o task forces para escalar IA.

Esta evolución también se observa en el estudio de Salesforce sobre CIOs. Según la compañía, el rol del CIO se está expandiendo desde la preparación técnica hacia la conducción del cambio organizacional: alinear ejecutivos, diseñar estrategias de adopción e insertar IA en el trabajo cotidiano. Daniel Shmitt, CIO de Salesforce, lo expresó como el paso de “la ambición de la IA a la acción”.

El punto es importante: la IA no escala por decreto ni por licencia contratada. Escala cuando entra en procesos reales, con usuarios entrenados, datos disponibles, integraciones resueltas, límites definidos y métricas aceptadas por negocio.

Cómo medir el ROI de la IA en empresas

Medir el ROI de la IA no significa buscar una única cifra universal. Cada caso de uso necesita su propio mapa de valor.

En atención al cliente, puede medirse reducción del tiempo de resolución, caída de consultas repetidas, mejora de satisfacción o menor costo por interacción. En desarrollo de software, velocidad de entrega, reducción de errores o menor tiempo de documentación. En finanzas, cierre contable más rápido, detección de anomalías o automatización de reportes. En auditoría, menor carga manual y mayor consistencia en el análisis.

Foundry, en su AI Priorities Study 2026, muestra que los principales beneficios ya observados por las organizaciones se concentran en productividad de empleados, ahorro de costos o eficiencia, automatización de procesos y mejora de experiencia de cliente.

El mismo estudio advierte que el 33% de los encuestados todavía encuentra difícil determinar el ROI y el 27% tiene problemas para justificar el caso de negocio de las inversiones.

Esto obliga al CIO a definir indicadores antes de escalar, no después. Algunas métricas útiles pueden ser:

  • Tiempo ahorrado por tarea o por usuario;
  • Reducción de errores, retrabajo o consultas repetidas;
  • Adopción semanal activa;
  • Costo por transacción o por interacción;
  • Impacto en SLA o experiencia de cliente;
  • Ingresos incrementales o conversión;
  • Reducción de riesgo operativo, legal o reputacional;
  • Productividad por equipo, área o proceso;
  • Porcentaje de respuestas auditables o trazables;
  • Costo total del caso de uso, incluyendo licencias, integración, datos, capacitación y soporte.

La clave editorial y ejecutiva es no confundir uso con valor. Que muchos colaboradores prueben una herramienta no significa que la empresa haya capturado ROI. Y que una automatización ahorre tiempo tampoco garantiza un retorno si ese tiempo no se reasigna a tareas de mayor valor.

Gobierno de IA: la condición para escalar sin perder control

La adopción de IA también introduce una pregunta incómoda: quién se hace responsable cuando una herramienta genera una respuesta incorrecta, usa datos sensibles, sesga una recomendación o ejecuta una acción sobre un sistema corporativo.

Logicalis detectó que solo el 37% de los CIOs afirma tener visibilidad completa sobre las herramientas y servicios de IA en uso dentro de su organización. Además, 62% admite haber comprometido estándares de gobierno de IA por falta de conocimiento o capacidad.

Ese dato debería preocupar a cualquier comité ejecutivo. Cuando las áreas de negocio adoptan IA sin coordinación con IT, seguridad, legales o datos, el problema deja de ser tecnológico y pasa a ser de gobierno corporativo. Puede haber exposición de información confidencial, uso de datos no autorizados, dependencia excesiva de proveedores, incumplimiento regulatorio o decisiones automatizadas sin trazabilidad.

El marco de referencia del NIST ayuda a ordenar esa conversación. El AI Risk Management Framework está diseñado para incorporar consideraciones de confiabilidad en el diseño, desarrollo, uso y evaluación de sistemas de IA.

Además, el perfil específico para IA generativa busca ayudar a las organizaciones a identificar riesgos particulares de esta tecnología y proponer acciones de gestión alineadas con sus objetivos y prioridades.

Para un CIO, gobierno de IA no debería significar frenar la innovación. Debería significar crear las condiciones para que la innovación pueda escalar sin volverse inmanejable. Eso incluye políticas de datos, criterios de aprobación, clasificación de riesgos, registro de casos de uso, revisión legal, controles de seguridad, monitoreo de modelos, auditoría de resultados y mecanismos de intervención humana.

De pilotos aislados a una cartera de IA gestionada

La transición hacia el ROI exige tratar la IA como un portafolio. No todos los casos de uso merecen ser escalados. Algunos deben madurar; otros deben descartarse; otros pueden integrarse en procesos existentes; y algunos requieren primero resolver cuestiones de datos, arquitectura o gobierno.

Un modelo práctico para el CIO es clasificar cada iniciativa según cuatro dimensiones: valor esperado, complejidad técnica, sensibilidad de datos y criticidad operativa. Un chatbot interno para consultas de políticas puede tener bajo riesgo y alto potencial de productividad. Un agente que toma decisiones de crédito, modifica órdenes o interactúa con clientes en nombre de la empresa exige otro nivel de control.

Foundry muestra que menos de la mitad de los encuestados tiene métricas formales para IA, aunque otro 34% planea implementarlas en el año. Entre quienes ya miden, los principales indicadores son eficiencia operativa y mejora de procesos, productividad de empleados y reducción de costos.

Ese dato marca una agenda concreta para el CIO. Antes de escalar, debería poder responder:

  1. ¿Qué problema de negocio resuelve este caso de IA?
  2. ¿Quién es el dueño del proceso?
  3. ¿Qué datos utiliza y bajo qué permisos?
  4. ¿Qué sistemas toca o modifica?
  5. ¿Qué proveedor interviene y qué dependencia crea?
  6. ¿Qué métrica probará el retorno?
  7. ¿Qué riesgo legal, operativo o reputacional introduce?
  8. ¿Qué usuario humano valida o supervisa el resultado?
  9. ¿Qué costo total tendrá al pasar de piloto a producción?
  10. ¿Qué plan existe si el modelo falla, cambia o deja de estar disponible?

La IA que no puede responder esas preguntas quizá pueda seguir como experimento, pero no debería convertirse en infraestructura crítica.

Métricas para medir el ROI de la IA en empresas

Tipo de valorMétricas recomendadasEjemplos de casos de usoLectura ejecutiva
ProductividadHoras ahorradas, tareas automatizadas, adopción activa semanalCopilotos internos, generación de reportes, resumen documentalMide si la IA libera tiempo útil o solo agrega otra herramienta
Eficiencia operativaReducción de costos, menor retrabajo, menor tiempo de cicloAtención al cliente, service desk, finanzas, comprasPermite justificar IA por mejora de procesos y reducción de fricción
Calidad y precisiónDisminución de errores, consistencia de respuestas, tasa de revisión humanaAuditoría, compliance, análisis contractual, soporte técnicoIndica si la IA mejora decisiones o requiere correcciones constantes
Experiencia de clienteTiempo de respuesta, satisfacción, resolución en primer contactoChatbots, agentes de soporte, personalización comercialConecta IA con percepción del cliente y continuidad del servicio
Impacto comercialConversión, ventas asistidas, retención, ingresos incrementalesMarketing, ventas B2B, recomendación de productosAyuda a defender inversiones más allá del ahorro de costos
Reducción de riesgoIncidentes evitados, trazabilidad, cumplimiento, exposición de datosGobierno de IA, seguridad, revisión documental, monitoreoTraduce IA a lenguaje de riesgo, compliance y reputación

Casos reales: qué muestran las empresas que empiezan a medir valor

Los casos más útiles para los CIOs no son los que anuncian “uso de IA”, sino los que muestran proceso, escala y métricas.

BBVA es un ejemplo relevante por dos motivos: opera en una industria regulada y aborda la IA como adopción organizacional, no solo como herramienta puntual. Según un caso documentado por OpenAI, el banco pasó de pilotos a uso extendido con ChatGPT Enterprise, alcanzó 83% de uso semanal activo, más de 20.000 GPTs personalizados creados y ahorros estimados de tres horas por empleado por semana. Antonio Bravo, Global Head of Data & AI de BBVA, explicó que el debate interno era cómo hacer que la IA fuera “parte de la estrategia de negocio, no un esfuerzo tecnológico lateral”.

El caso también muestra un aprendizaje clave para los CIOs: reducir shadow AI no siempre implica bloquear herramientas, sino ofrecer entornos seguros. BBVA alineó seguridad, legales y compliance desde el inicio, capacitó a 250 líderes senior y creó guardrails para que la experimentación ocurriera dentro de un marco confiable.

Morgan Stanley ofrece otro aprendizaje: la adopción depende de confianza, calidad y evaluación. En su caso de uso con OpenAI, la entidad logró más del 98% de adopción en wealth management y aumentó el acceso a documentos del 20% al 80%, reduciendo tiempos de búsqueda y mejorando la eficiencia de recuperación documental. El caso también destaca la importancia de la política de retención cero de datos para resolver preocupaciones de seguridad sobre información propietaria.

Klarna, por su parte, ofrece un caso orientado a la atención al cliente y a la eficiencia operativa. La compañía informó que su asistente de IA gestionó 2,3 millones de conversaciones durante su primer mes, equivalentes a dos tercios de sus chats de servicio al cliente, redujo consultas repetidas en 25% y bajó el tiempo de resolución de 11 minutos a menos de 2 minutos. También estimó una mejora de ganancias de 40 millones de dólares para 2024.

Estos casos no son recetas universales. Sí dejan una señal clara: el ROI aparece cuando la IA entra en procesos concretos, con objetivos acotados, usuarios reales, medición continua y controles de confianza.

Agentes de IA: la próxima presión sobre el CIO

La discusión se vuelve más compleja con la llegada de agentes de IA. A diferencia de un copiloto que ayuda a redactar, resumir o consultar información, un agente puede ejecutar tareas, conectarse con sistemas, activar flujos, operar sobre datos y tomar decisiones parciales.

Salesforce reporta que 96% de los CIOs encuestados dicen que su empresa ya usa o planea usar IA agéntica en los próximos dos años. Además, afirma que la implementación completa de IA subió de 11% en 2024 a 42%, y que los CIOs destinan 30% de su presupuesto de IA a IA agéntica.

Para los CIOs, esto eleva el nivel de exigencia. Ya no basta con preguntar si una respuesta es correcta. Hay que preguntar qué permisos tiene el agente, qué sistemas puede tocar, qué límites operativos lo rigen, cómo se audita cada acción y quién responde ante un error.

Logicalis lo plantea en términos de identidad, autoridad y trazabilidad: a medida que la IA se vuelve más autónoma, las preguntas sobre responsabilidad, auditoría y control dejan de ser abstractas.

La adopción de agentes puede generar valor, pero también puede amplificar riesgos si se implementa sobre procesos mal diseñados. Automatizar una tarea ineficiente no siempre mejora el negocio; a veces solo acelera el desorden.

Qué deberían hacer los CIOs antes de escalar IA

Primer paso: inventariar

Muchas organizaciones no saben cuántos pilotos, herramientas, copilotos, asistentes o integraciones de IA están activos. Sin ese mapa, no hay gobierno posible.

Segundo paso: separar los casos de bajo riesgo de los casos críticos

Una herramienta para resumir documentos internos no tiene el mismo perfil que un asistente que recomienda decisiones financieras, responde a clientes o modifica registros en un ERP.

Tercer paso: definir un modelo operativo

Puede ser un comité de IA, un centro de excelencia, una oficina de gobierno de datos o una estructura híbrida. Lo importante es que no sea solo un foro declarativo: debe aprobar casos, definir estándares, revisar riesgos, medir beneficios y decidir qué iniciativas continúan.

Cuarto paso: alinear presupuesto y responsabilidad

Si IT paga la infraestructura, pero negocio captura el beneficio, el modelo financiero debe reflejarlo. Si un área exige IA para mejorar productividad, también debe aceptar métricas, adopción, entrenamiento y rediseño de procesos.

Quinto paso: medir desde el inicio

Un piloto sin línea base no puede probar ROI. Antes de desplegar IA, el CIO debe conocer cuánto tarda hoy el proceso, cuánto cuesta, cuántos errores genera, qué experiencia ofrece y qué mejora sería suficiente para justificar la inversión.

El CIO no debe acelerar la IA; debe hacerla escalable

La presión por adoptar la IA no disminuirá. Al contrario: crecerá con la llegada de agentes, nuevas plataformas, modelos más especializados y mayor expectativa del negocio. Pero la ventaja competitiva no estará en usar más herramientas, sino en convertir la IA en una capacidad confiable.

Para los CIOs, el desafío es pasar de la lógica del piloto a la lógica del producto empresarial: casos de uso priorizados, datos confiables, seguridad integrada, gobierno claro, usuarios entrenados, proveedores evaluados y métricas de retorno.

La pregunta que debería llegar al directorio no es “cuánta IA estamos usando”. La pregunta correcta es: qué valor estamos generando, qué riesgo estamos asumiendo y qué dependencia estamos creando con cada iniciativa de inteligencia artificial.

Ahí empieza el verdadero ROI.

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