ANÁLISIS

Cómo serían las “corporaciones no humanas” con IA que propone Milei



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Milei propuso crear empresas operadas por inteligencia artificial con participación humana opcional y una carga fiscal más baja.

Publicado el 17 de jun de 2026

Franco Della Vecchia

Secretario de Redacción



Javier Milei propone la creación de corporaciones no humanas.
Javier Milei propone la creación de corporaciones no humanas.

Javier Milei quiere convertir a la Argentina en un destino atractivo para la inversión tecnológica mediante una figura legal inédita. El presidente planteó la creación de corporaciones no humanas, empresas propiedad de inteligencia artificial o robots, con gestión autónoma y participación humana opcional. 

¿La fórmula para llevarlo a cabo? Baja carga impositiva y una nueva estructura societaria pensada para captar proyectos de gran escala.

La iniciativa abrió una discusión global porque toca uno de los temas más sensibles del capitalismo que viene. Si una compañía puede existir sin un CEO, sin junta directiva y sin empleados humanos, el sistema legal debe definir quién responde por sus decisiones.

Milei presentó la idea como una evolución natural de las sociedades de responsabilidad limitada. En su mirada, así como la Revolución Industrial liberó a la economía de los límites de la fuerza muscular, la IA permitiría superar las restricciones del cerebro humano y llevar la productividad a niveles mucho más altos.

Discurso del Presidente Milei en el Foro Económico de Davos 2026

El esquema que defendió el presidente se apoya en tres ejes. El primero es la ausencia de regulación temprana para la inteligencia artificial. El segundo es la creación de una categoría corporativa nueva para empresas que usen agentes autónomos. El tercero es una tasa impositiva corporativa baja para atraer capital tecnológico hacia Buenos Aires.

La propuesta también prevé que los accionistas humanos puedan participar, aunque sin carácter obligatorio. En ese diseño, una IA podría constituir una empresa, firmar contratos, contratar personal, administrar activos y demandar ante la Justicia sin intervención directa de una persona.

Una estructura pensada para captar inversión tecnológica

Para Milei, el modelo de las corporaciones no humanas representa un paso lógico dentro de la historia empresaria. El Presidente vinculó la idea con la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, impulsada en 1602, y con el surgimiento de la responsabilidad limitada como herramienta para movilizar capital.

La promesa oficial apunta a instalar a la Argentina como un laboratorio legal para la economía de la IA. En ese esquema, Buenos Aires podría competir por proyectos tecnológicos que busquen menores impuestos, reglas más flexibles y una estructura jurídica adaptada a compañías sin conducción humana tradicional.

La ambición oficial pasa por seducir a inversores tecnológicos de todo el mundo y sumar proyectos vinculados con centros de datos de IA y grandes desarrollos de infraestructura.

Congreso de la Nación.
El Congreso de la Nación debate los incentivos propuestos por el Super RIGI.

El texto compartido menciona un paquete de incentivos a la inversión conocido como Super RIGI, orientado a proyectos de más de US$ 1000 millones en sectores como los centros de datos de inteligencia artificial. Sin embargo, también señala una diferencia relevante. Ese proyecto debatido en el Congreso no menciona explícitamente a las corporaciones no humanas.

Esa distancia entre la discusión pública y el contenido legislativo suma incertidumbre. La idea de empresas manejadas por IA es el punto más disruptivo del planteo de Milei, pero todavía aparece como una propuesta política y conceptual más amplia que como una cláusula concreta dentro del paquete de incentivos.

Los cuestionamientos al plan de Milei

La objeción más fuerte al plan de Milei llegó de Yuval Noah Harari, autor de Sapiens, quien espetó que, si una empresa dirigida por IA comete un error, causa daño o viola una norma, no queda claro quién debe recibir el castigo.

Harari comparó ese escenario con el de los ejecutivos humanos. En una compañía tradicional, un director puede temer la cárcel, la pérdida patrimonial o el daño reputacional. Ese interés personal ayuda a mantener la conducta corporativa dentro de ciertos límites. Con una IA, ese freno se debilita porque no existe miedo humano a una sanción penal.

El historiador advirtió que tampoco resulta claro qué tipo de castigo podría detener a un director ejecutivo artificial. Si la quiebra equivale a su desaparición, una entidad de IA podría intentar evitar ese final a cualquier costo. Esa posibilidad llevó el debate más allá de la eficiencia y lo ubicó en el terreno del control político y legal.

Buenos Aires, entre Ámsterdam y Batavia

Harari retomó la comparación histórica que había usado Milei y la llevó en otra dirección. Reconoció que la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales ayudó a convertir a Ámsterdam en capital financiera del siglo XVII, pero recordó que sus acciones más profundas ocurrieron lejos de Europa.

Según el planteo citado, la compañía capturó el puerto de Jayakarta en 1619, incendió la ciudad y levantó una sede colonial llamada Batavia. Luego gobernó la región como un imperio privado en beneficio de sus accionistas. Para Harari, ese antecedente muestra que una innovación corporativa puede producir riqueza en un centro financiero y, al mismo tiempo, daño político en otros territorios.

La frase que sintetizó su crítica fue contundente. “Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam”, escribió Harari. “Pero corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, agregó.

El autor también planteó un riesgo mayor. Los países que otorguen personalidad jurídica a la IA podrían derivar en algo sin precedente histórico. No se trataría de un Estado corporativo clásico, sino de un Estado de IA, donde los ciudadanos podrían quedar bajo la influencia de corporaciones no humanas difíciles de controlar o enfrentar.

Milei recogió el guante en redes sociales. Agradeció a Harari por sumarse a este “fascinante y trascendental debate” y prometió una respuesta formal. El intercambio dejó a la Argentina en el centro de una discusión que mezcla inversión, impuestos, tecnología y poder. La pregunta de fondo sigue abierta. Si la IA puede manejar empresas y pagar menos impuestos, el próximo desafío será definir quién responde cuando esas empresas tomen decisiones contra la sociedad.

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