El Proyecto Panamá fue una operación interna de Anthropic para convertir grandes cantidades de libros impresos en material digital destinado al entrenamiento de sus sistemas de inteligencia artificial. El método provocó polémica por un detalle central. Los ejemplares se compraban, se desarmaban para escanear cada página y luego se destruían.
La empresa adquirió millones de libros y contrató compañías especializadas para cortar las encuadernaciones, separar las páginas y procesarlas mediante escáneres de alta velocidad. Así obtuvo enormes volúmenes de texto escrito por personas para entrenar sus modelos de lenguaje, conocidos como LLM.
La existencia del plan salió a la luz a comienzos de 2026, a partir de documentos judiciales vinculados a una demanda presentada por autores contra Anthropic. Uno de los archivos internos definía la iniciativa así: “El Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo por escanear de forma destructiva todos los libros del mundo”. El mismo documento agregaba “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”.

La operación expuso un problema cada vez más importante para las empresas de IA. Mientras internet acumula contenido generado por sistemas automáticos, los textos impresos anteriores a esa expansión adquieren mayor valor como fuente de material producido por personas.
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Por qué Anthropic recurrió a libros impresos
La elección obedeció a motivos legales y técnicos. Las bibliotecas digitales que contenían copias de libros sin autorización de autores o editoriales derivaron en demandas contra distintas compañías tecnológicas. Comprar un ejemplar físico modifica parte de esa discusión.
En Estados Unidos, la llamada doctrina de la primera venta permite que quien compró legalmente una copia pueda revenderla, prestarla o destruirla sin autorización del titular de los derechos. Otros fallos determinaron que, bajo ciertas circunstancias, convertir un libro adquirido legalmente en un archivo digital para entrenamiento interno puede considerarse un uso transformador permitido.
Los autores cuestionaron si esa interpretación permitía construir bases de datos de gran tamaño sin una compensación adicional por las obras utilizadas.
Al mismo tiempo, el formato físico abre el acceso a libros antiguos, especializados, raros o fuera de catálogo que muchas veces no cuentan con versiones digitales. Los textos anteriores a 2022 suman otra ventaja. Fueron producidos antes de la expansión masiva de la IA y ofrecen lenguaje humano, estructuras narrativas extensas y trabajos que atravesaron procesos editoriales.

Ese interés comenzó a reflejarse en las librerías. Comerciantes registraron un salto en las ventas de ejemplares publicados antes de 2022 y sospecharon que empresas vinculadas con la inteligencia artificial estaban detrás de una parte de las compras.
Pedidos de hasta 1 millón de ejemplares
La cantidad exacta de libros destruidos todavía no se conoce. Sin embargo, documentos judiciales mostraron que Anthropic planeó digitalizar entre 500.000 y 2 millones de ejemplares mediante un único contrato de apenas seis meses.
Otros reportes mencionaron pedidos de entre 1.000 y 1 millón de libros por operación. Librerías de segunda mano de Estados Unidos, Reino Unido y Europa también informaron de compras mayoristas de títulos de no ficción y obras descatalogadas, en muchos casos sin un criterio temático evidente.
La magnitud de esas operaciones muestra que la búsqueda de datos para entrenar modelos dejó de concentrarse exclusivamente en internet. Para las empresas tecnológicas, una biblioteca física puede convertirse en una fuente de información difícil de reproducir con material disponible online.
El AirTag que reveló el recorrido de los libros

Una investigación de 404 Media aportó una pista sobre el destino de algunos ejemplares. Un vendedor de libros raros recibió un pedido de casi 1.000 unidades y permitió que periodistas ocultaran un Apple AirTag dentro de uno de los paquetes.
El dispositivo partió de California, pasó por Milwaukee y Colorado Springs y terminó en un depósito propiedad de Amazon identificado como VGT3. Según el medio estadounidense, empleados del establecimiento describieron tareas relacionadas con el escaneo continuo de libros.
El recorrido confirmó que estas compras también alcanzaron obras raras, antiguas y descatalogadas, algunas con pocas copias disponibles. La llegada del paquete a un edificio de Amazon, por sí sola, no permite atribuirle a la compañía participación en el Proyecto Panamá.
El caso dejó expuesta una paradoja de la carrera por desarrollar mejores modelos de IA. Cuanto más contenido generado por máquinas circula en internet, más atractivo resulta el material escrito antes de esa expansión. Anthropic llevó esa necesidad a una escala industrial y convirtió millones de páginas impresas en datos digitales, aunque el proceso implicó la destrucción de los ejemplares originales.


