Las noticias empezaron a tener un nuevo valor comercial. Además de obtener ingresos por suscripciones, publicidad y bases de datos, los medios ahora buscan cobrarles a las empresas de inteligencia artificial por el uso de sus contenidos en respuestas, chatbots y modelos de IA.
El 3 de febrero de 2026, Microsoft presentó Publisher Content Marketplace, una plataforma que conecta a medios periodísticos con desarrolladores de IA. El sistema permite que cada editor defina qué contenidos ofrece, bajo qué condiciones pueden utilizarse y cuánto debe pagarse por acceder a artículos, investigaciones, archivos y materiales especializados.
La propuesta busca convertir las noticias en una fuente de información paga para los agentes de IA. Los medios conservan la propiedad de sus contenidos y eligen qué parte habilitan, mientras que las empresas tecnológicas acceden a material autorizado para respaldar las respuestas de sus modelos conversacionales.
Microsoft también promete reportes que detallan el uso de cada contenido y ayudan a definir su precio.
El negocio ofrece una salida frente al uso gratuito de información protegida, pero plantea un riesgo directo. Un medio puede recibir dinero por alimentar un chatbot que luego responde dentro de su propia interfaz, sin que la persona visite el artículo original. La licencia genera ingresos inmediatos, aunque también puede debilitar las visitas, las suscripciones y la relación directa con la audiencia.
Microsoft reconoció que el viejo intercambio de internet perdió eficacia. Durante años, los buscadores accedieron a los sitios a cambio de enviar usuarios. Los sistemas de IA, en cambio, pueden leer miles de páginas, sintetizar la información y entregar una respuesta completa sin derivar un volumen equivalente de público.
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Microsoft convierte las licencias en un mercado
El Publisher Content Marketplace, conocido como PCM, busca facilitar la venta de contenidos periodísticos a empresas de inteligencia artificial. En lugar de que cada medio negocie por separado con cada compañía, la plataforma reúne en un mismo espacio los materiales disponibles, las condiciones de uso, los precios y los datos sobre cómo se utiliza cada contenido.
Los editores deciden qué artículos, investigaciones o archivos ofrecen, con qué límites y para qué tareas pueden usarse. Las empresas de IA, por su parte, eligen fuentes autorizadas para respaldar las respuestas de sus sistemas.
Este mecanismo, conocido como grounding, conecta al modelo con información externa y actualizada. De esta manera, el sistema puede responder con datos concretos y reducir el riesgo de errores o información vieja.
Por ejemplo, una empresa puede pagar por el acceso a publicaciones anteriores de un medio para entrenar sus modelos. También puede contratar noticias recientes para responder consultas sobre economía, política, salud o negocios.
El precio de la licencia depende de varios factores. Entre ellos aparecen la actualidad de la información, el nivel de especialización, la exclusividad y la profundidad del contenido.
Microsoft probó el sistema con Copilot y trabajó junto a medios como The Associated Press, Business Insider, Condé Nast, Hearst Magazines, People, USA Today y Vox Media. Yahoo apareció entre los primeros compradores externos que comenzaron a incorporarse a la plataforma.
La compañía señaló que el programa estará abierto a grandes grupos internacionales, medios especializados y proyectos independientes. La iniciativa puede resultar especialmente útil para los medios más pequeños, que suelen tener menos recursos legales y menor capacidad para negociar por su cuenta con una tecnológica global.
Según informó The Wall Street Journal, Microsoft inició la prueba con ocho grupos editoriales e invirtió más de US$ 10 millones en el proyecto, incluidos los pagos realizados a los medios participantes. El monto indica que la compra de contenidos para sistemas de IA dejó de ser un experimento aislado y empezó a ocupar un lugar concreto dentro de los presupuestos de las empresas tecnológicas.

Del acuerdo privado al precio por cada uso
Los primeros acuerdos entre medios y empresas de inteligencia artificial se cerraron mediante contratos directos. La compañía tecnológica pagó una suma acordada y obtuvo acceso, por un período determinado, a archivos periodísticos, noticias recientes o una selección de contenidos.
OpenAI firmó convenios con Associated Press, Axel Springer, Financial Times, Le Monde, Prisa, Axios, Condé Nast, News Corp, The Atlantic, Time, Guardian Media Group, Grupo Folha y Vox Media, entre otros grupos. En varios casos, los contratos incluyeron notas actuales, archivos de publicaciones anteriores y la posibilidad de que las fuentes aparecieran mencionadas en las respuestas de ChatGPT.
Uno de los acuerdos de mayor alcance fue el firmado con News Corp, dueño de The Wall Street Journal, MarketWatch y otros medios. Según información publicada en 2024, el contrato superaría los US$250 millones durante cinco años. Las empresas no confirmaron el monto. La cifra incluiría pagos en efectivo y créditos para utilizar tecnología de OpenAI.
Meta siguió una estrategia similar. En diciembre de 2025, firmó acuerdos comerciales con CNN, Fox News, USA Today, People, Le Monde, The Daily Caller y Washington Examiner. Estos contratos autorizan a Meta AI a utilizar noticias recientes y a incluir enlaces a los medios que publicaron la información. Las empresas no informaron los montos ni el resto de las condiciones económicas.
El problema de estos acuerdos directos es que suelen beneficiar a los grandes grupos periodísticos. Estas compañías cuentan con más recursos y mayor capacidad de negociación para cerrar contratos millonarios. En cambio, muchos medios regionales, especializados o locales quedan fuera de este tipo de convenios. Un mercado automatizado podría incorporarlos y establecer pagos según el uso real de cada nota.
Cloudflare presentó otra alternativa con Pay Per Crawl. El sistema permite que cada sitio elija si autoriza, bloquea o cobra el acceso de los robots de IA a sus contenidos. Para reclamar el pago, la empresa utiliza el código HTTP 402, registra cada ingreso autorizado y luego transfiere al medio el monto correspondiente.
También apareció Really Simple Licensing, un estándar abierto que permite a los medios indicar, en un formato que las máquinas pueden leer, bajo qué condiciones autorizan el uso de sus contenidos. Por ejemplo, pueden exigir que se cite la fuente, cobrar por cada acceso de un robot de IA o pedir una compensación cada vez que su información se utiliza en una respuesta.
Más de 1.500 organizaciones respaldaron esta propuesta, entre ellas Associated Press, The Guardian, Reddit, Quora y Stack Overflow.
El costo oculto de alimentar a un chatbot
La principal preocupación de los medios no es la falta de interés por sus contenidos. Las empresas de inteligencia artificial necesitan noticias confiables para responder consultas sobre mercados, elecciones, regulaciones, salud y hechos internacionales. El problema aparece en la forma en que esa información llega al público.
Un buscador tradicional muestra enlaces y envía usuarios a los sitios de los medios. Un chatbot, en cambio, consulta distintas fuentes, combina los datos y entrega una respuesta completa dentro de su propia plataforma. Aunque mencione al medio, muchos usuarios pueden considerar que ya obtuvieron la información necesaria y decidir no ingresar al artículo original.
Los datos de Cloudflare muestran una diferencia considerable. En junio de 2025, Google rastreó cerca de 14 páginas por cada visita enviada. OpenAI registró alrededor de 1.700 rastreos por cada visita, mientras que Anthropic alcanzó unos 73.000 accesos por cada usuario derivado.
Cloudflare aclaró que estas cifras podrían dejar afuera parte del tráfico generado por productos que no informan con precisión el origen de la visita.
La diferencia muestra cómo cambió el negocio. Los medios asumen el costo de producir la información y pagan periodistas, editores, fotógrafos, corresponsales, abogados, tecnología y distribución. Los chatbots utilizan ese contenido para responder dentro de sus propias plataformas y retienen la atención de los usuarios. Las licencias buscan compensar ese uso, aunque el pago también debería cubrir parte de los ingresos que los medios pierden por publicidad o suscripciones.
En julio de 2026, Cloudflare informó que más de la mitad del tráfico de internet provenía de sistemas automatizados. La empresa también señaló que el 52% de las solicitudes realizadas por robots tenía como objetivo el entrenamiento de modelos de IA. Durante la primera parte de 2025, esa proporción había sido del 22%.
Este cambio obliga a los medios a tomar una decisión difícil. Si bloquean a los robots, protegen sus contenidos, pero reducen su presencia en los nuevos servicios de búsqueda y consulta. Si autorizan el acceso, ganan visibilidad, aunque corren el riesgo de perder el vínculo directo con su audiencia.
Un estudio del Open Markets Institute describió esta situación como una doble dependencia. Los mismos grupos tecnológicos que desarrollan herramientas capaces de reducir el tráfico hacia los medios también crean las plataformas que fijarán cuánto cobrarán esos medios por el uso de sus contenidos.

Cómo se calcula el precio de una noticia
La aparición de estos mercados abrió una pregunta que la industria todavía no pudo responder con precisión. Cuánto vale una noticia para un sistema de inteligencia artificial.
El precio depende del tipo de contenido y del uso que reciba. Un archivo con publicaciones de varios años puede servir para entrenar modelos, consultar antecedentes o reconstruir hechos pasados.
Una noticia de último momento aporta información actual, mientras que una base especializada en finanzas, derecho, ciencia o energía ofrece datos difíciles de conseguir en otras fuentes. Una investigación exclusiva puede alcanzar un valor mayor si mejora una respuesta o influye en una decisión comercial.
La cantidad de veces que se utiliza el contenido también modifica el precio. Un medio podría cobrar por cada acceso de un robot, por cada fragmento utilizado, por cada respuesta generada, por número de usuarios o mediante una licencia mensual. Microsoft propuso un esquema que vincula el pago con el valor que aporta cada contenido, aunque todavía prueba distintas fórmulas de acceso, precios y compensación.
Antes de ofrecer sus archivos, los medios también deberán revisar qué derechos poseen sobre cada material. Una nota puede incluir fotos de agencias, videos con licencia, gráficos de terceros o textos cuyos permisos no autorizan el uso en sistemas de IA. Durante su etapa inicial, Publisher Content Marketplace trabajó sobre este problema para que los editores ofrecieran únicamente contenidos con derechos comerciales claramente definidos.
La calidad y la organización de la información también influirán en su precio. Los contenidos deberán incluir datos claros sobre la fecha de publicación, el autor, la categoría, las correcciones y las restricciones de uso. Además, tendrán que presentarse en formatos que los sistemas de IA puedan leer con facilidad.
WAN-IFRA señaló que los medios deberán ordenar sus archivos, controlar qué robots acceden a ellos e identificar cuáles son los contenidos más solicitados. Esa información les permitirá negociar mejores condiciones comerciales.
La transparencia será clave para evitar que las plataformas impongan los precios. Cada editor necesitará saber cuántas veces se utilizó su contenido, qué producto lo incorporó, en qué país apareció y para qué tipo de consulta. También deberá conocer si esa respuesta generó una visita al sitio, una suscripción o una compra.
Sin esos datos, los medios podrían aceptar contratos que parezcan atractivos por el monto ofrecido, pero que resulten bajos frente al beneficio económico que la plataforma obtiene con sus contenidos.

La disputa por quién captura el negocio
Los acuerdos de licencia no terminaron con los conflictos judiciales. Algunos medios decidieron cobrar por sus contenidos, otros bloquearon el acceso de los robots y varios acudieron a la Justicia. The New York Times, Daily News y otras empresas acusaron a OpenAI y Microsoft de utilizar millones de artículos protegidos sin autorización y de competir con los medios que financiaron ese trabajo periodístico. El litigio seguía abierto en julio de 2026.
La discusión no se limita al dinero. También incluye la obligación de citar las fuentes, la exactitud de las respuestas, la posibilidad de corregir errores y el control sobre la información publicada. Un chatbot puede utilizar una investigación periodística y combinarla con datos incorrectos, desactualizados o tomados de sitios menos confiables.
Microsoft sostiene que el acceso a contenidos profesionales mejora la calidad de las respuestas de IA. Las pruebas internas realizadas con Copilot mostraron mejores resultados cuando el sistema utilizó información autorizada y de alta calidad. Esta necesidad fortalece la capacidad de negociación de los medios, especialmente en áreas donde la actualidad y la confianza resultan más importantes que la cantidad de información disponible.
Los intermediarios también obtienen una parte del negocio. Algunas plataformas cobran comisiones sobre los ingresos que reciben los medios por licenciar sus contenidos. El Open Markets Institute estimó que ScalePost retiene cerca del 15%, mientras que Cloudflare podría cobrar alrededor del 30% en algunos esquemas. TollBit, en cambio, entrega al editor el dinero generado por el contenido y les cobra una tarifa a las empresas que lo compran.
La disputa comercial ya no pasa únicamente por bloquear el acceso de los robots. Ahora también se discute quién define el precio de los contenidos, quién controla los datos de uso y quién mantiene la relación directa con la audiencia.
Para los medios, los archivos periodísticos dejaron de funcionar solo como una biblioteca. Ahora son activos que pueden venderse varias veces, bajo distintas condiciones y para productos que todavía no existían cuando se publicaron las notas. Para las empresas de inteligencia artificial, el periodismo aporta información actual, credibilidad y contexto, tres elementos que los modelos no pueden generar por sí mismos.
El resultado dependerá de la capacidad de los editores para negociar antes de que unas pocas plataformas establezcan las condiciones del mercado. La nueva fuente de ingresos ya existe. La pregunta pendiente es si financiará al periodismo o si terminará de trasladar su valor hacia las empresas que controlan los chatbots.







