Emprendedores

De hackear Teslas para Elon Musk a fundar una startup de ciberseguridad con IA de US$ 100 millones



Dirección copiada

El exjefe del equipo interno de hacking de Tesla lanzó Pi, una startup que usa IA para detectar, priorizar y corregir vulnerabilidades de software.

Publicado el 16 de jun de 2026



Pi fundadores
Pi fundadores

Durante más de una década, Oni Ramon ocupó un lugar sensible dentro de la mesa chica de Elon Musk. Su tarea no pasaba por vender autos, diseñar campañas ni acelerar lanzamientos. Su función era atacar los propios productos de Tesla antes de que lo hicieran terceros.

Durante seis años, lideró el equipo interno de hacking de la compañía, con pruebas sobre vehículos, robots y sistemas solares para detectar fallas, medir riesgos y cerrar brechas.

Ese recorrido ahora derivó en una nueva apuesta propia. Ramon lanzó Pi, una startup de ciberseguridad con inteligencia artificial que salió del modo sigiloso con una valuación de US$ 100 millones. La empresa apunta a resolver uno de los problemas más urgentes para las compañías tecnológicas. No alcanza con detectar vulnerabilidades; también hace falta saber cuáles corregir primero, cómo hacerlo y con qué nivel de urgencia.

Pi recaudó US$ 35 millones en una ronda liderada por Brightmind Partners y Third Point Ventures. A la lista de inversores se sumaron nombres de peso del sector, como George Kurtz, CEO de CrowdStrike, una firma de ciberseguridad con una capitalización de mercado cercana a US$ 160.000 millones, y los cofundadores de Armis, Yevgeny Dibrov y Nadir Izrael.

Ramon no está solo en el proyecto. Su socio es Guy Arazi, ex investigador sénior de seguridad de Microsoft y actual CEO de la startup.

Elon Musk, CEO y founder de SpaceX.
Elon Musk, CEO y founder de Tesla..

Pi ya trabaja para proteger xAI, la empresa detrás de Grok, el bot integrado con X. Esa relación coloca a la startup en un terreno de alta exposición, porque xAI también opera Colossus, una de las supercomputadoras de IA más grandes del mundo.

Un “cerebro de seguridad” para ordenar el riesgo

El producto central de Pi fue presentado como un “cerebro de seguridad”. Se trata de un agente de IA que analiza incidentes previos, políticas internas, líneas de código y comunicaciones de trabajo para decidir qué errores merecen atención inmediata. El objetivo es reducir el ruido que suele saturar a los equipos de seguridad, que reciben alertas en volumen y no siempre tienen capacidad para actuar con rapidez.

El sistema también supervisa el trabajo de los programadores para detectar posibles problemas de seguridad antes de que escalen. El agente puede procesar esa información en pocas horas, sin importar el tamaño de la organización.

Uno de los primeros clientes fue Navan, plataforma de viajes y gestión de gastos basada en IA. Su director de seguridad informática, Mark Carter, ya conocía a Ramon por su paso por Tesla. Según explicó, Pi propuso soluciones para el 90% de los errores reportados por su equipo y redujo los tiempos de parcheo de manera drástica.

La carrera por blindar el software con IA

El lanzamiento de Pi llega en un mercado con fuerte presión inversora. Cada vez más startups prometen proteger a las empresas que suman IA a sus sistemas, productos y procesos internos. En esa competencia aparece Depthfirst, otra compañía que desarrolla modelos para detectar y corregir vulnerabilidades, con una valuación de US$ 580 millones y financiamiento por US$ 120 millones.

El sistema también supervisa el trabajo de los programadores para detectar posibles problemas de seguridad antes de que escalen.

El diferencial de Pi es la memoria. Según Arazi, la IA de Pi aprende de los errores pasados de cada organización para evitar que se repitan. Esa tesis toca una fibra conocida en los equipos de seguridad. Muchas compañías corrigen una falla en un área, pero meses después reproducen el mismo problema en otro producto, otro repositorio o una nueva función.

El salto de Tesla a Pi no parece un cambio de industria, sino una extensión natural de su carrera. Primero, Ramon buscó vulnerabilidades en autos, robots y sistemas de energía. Ahora intenta convertir esa experiencia en una plataforma capaz de cuidar código a gran escala. El mercado ya le puso precio inicial a esa apuesta: US$ 100 millones.

Artículos relacionados