La forma en que las empresas verifican la identidad de sus empleados y administran sus accesos atraviesa una transformación. Las tarjetas físicas y las contraseñas tradicionales empiezan a compartir espacio con credenciales móviles, sistemas biométricos y mecanismos de autenticación que buscan combinar mayor seguridad con una experiencia más sencilla para los usuarios. Sin embargo, esta evolución también plantea desafíos relacionados con la infraestructura tecnológica existente, la privacidad de los datos y la necesidad de integrar diferentes soluciones.
En diálogo con InnovaciónDigital360, Jorge Bejarano, Senior Sales Manager Mobile Identities Latin America de HID Global, explica por qué el futuro de la seguridad empresarial no depende de una única tecnología, sino de la capacidad de gestionar de manera integrada la identidad de las personas, tanto en los espacios físicos como en los entornos digitales. También analiza las barreras que todavía enfrenta la adopción de estas herramientas en América Latina y las razones por las que los sistemas sin contraseña ganan protagonismo frente al phishing y el robo de credenciales.
La inteligencia artificial también ocupa un lugar central en esta transformación. Mientras permite mejorar el reconocimiento facial y la detección de fraudes, facilita nuevas amenazas, como los deepfakes y las identidades sintéticas.
En esta entrevista, Bejarano profundiza en estos riesgos, aborda las oportunidades que ofrecen las tecnologías de localización en tiempo real y anticipa cómo podría cambiar la identificación dentro de las organizaciones durante los próximos tres a cinco años, con procesos de autenticación cada vez más integrados y prácticamente invisibles para los usuarios.
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Las credenciales móviles ganan espacio dentro de las empresas. ¿Qué tan avanzado está hoy su uso y qué barreras todavía deben superar para convertirse en la principal forma de acceso, tanto a edificios como a sistemas digitales?
Desde HID vemos que las credenciales móviles ya dejaron de ser una tecnología emergente para convertirse en una alternativa concreta dentro de las estrategias de control de acceso de muchas organizaciones. El teléfono ofrece una experiencia conveniente y permite gestionar las credenciales de manera más dinámica, desde su emisión y actualización hasta su revocación.
Hoy existe una realidad híbrida en la que conviven diferentes tipos de tecnologías. El principal desafío está en lograr interoperabilidad con la infraestructura existente y avanzar hacia plataformas que permitan gestionar credenciales físicas y digitales de manera integrada. En ese sentido, vemos que el futuro es construir una estrategia de identidad flexible que permita utilizar diferentes formatos según las necesidades de cada organización y usuario.
Adicionalmente, en el caso de mercados emergentes como Latinoamérica, tenemos el particular desafío de mostrar el valor agregado que brinda la credencial virtual versus otros métodos de identificación como credenciales físicas o biometría, para desvirtuar la objeción del costo de la solución y mostrar cómo se puede tener un mejor retorno de la inversión y más funcionalidades integradas que impactan de manera positiva en diferentes áreas de la organización que las implementa.
El reconocimiento facial ya se utiliza en aeropuertos, bancos y compañías. ¿Qué desarrollos tecnológicos impulsan su adopción y cuáles son hoy los principales desafíos vinculados con la privacidad, la seguridad de los datos y la confianza de los usuarios?
Desde HID observamos que la evolución de la inteligencia artificial, los algoritmos biométricos y las tecnologías de detección de intentos de suplantación están haciendo que el reconocimiento facial sea cada vez más preciso, rápido y seguro. Además, al tratarse de una tecnología sin contacto, ofrece una experiencia particularmente conveniente para determinados casos de uso.
Pero entendemos que la adopción de biometría no puede analizarse solamente desde el punto de vista tecnológico. La confianza es fundamental. Los datos biométricos requieren niveles muy altos de protección y las organizaciones deben ser transparentes respecto de cómo se recopilan, almacenan y utilizan.
Por eso, creemos que el desarrollo de la biometría debe avanzar acompañado de fuertes estándares de privacidad, seguridad y protección de datos. La tecnología tiene que demostrar no solo que funciona, sino también que puede utilizarse de manera responsable.
Por último, pero no menos importante, en HID creemos que la selección de un sistema de identificación rápido, seguro y confiable depende de un análisis adecuado de necesidades y riesgos de la organización del usuario final, cada tecnología disponible tiene sus ventajas y desafíos, no para todo aplica de manera exclusiva biometría, credenciales virtuales o físicas.
En muchos casos una combinación de estos diferentes factores de autenticación disponibles puede ser la solución más adecuada para el usuario final. En el caso de nuestra línea de biometría AMICO, se trata de una terminal de múltiples factores de autenticación que permite realizar este tipo de combinaciones.
El phishing, el robo de credenciales y los ataques potenciados por inteligencia artificial obligaron a las empresas a revisar sus sistemas de seguridad. ¿Cómo cambiaron las estrategias de autenticación y qué tan cerca estamos de dejar atrás las contraseñas?
Desde nuestra perspectiva, estamos atravesando una transformación importante en la manera en que las organizaciones entienden la autenticación. Durante muchos años, la contraseña fue el principal mecanismo para demostrar quiénes somos, pero hoy sabemos que es también uno de los puntos más vulnerables frente al phishing, el robo de credenciales y la ingeniería social.
Por eso estamos avanzando hacia modelos passwordless, con tecnologías como FIDO, passkeys, biometría y credenciales criptográficas. Estas soluciones permiten aumentar significativamente la seguridad y, al mismo tiempo, simplificar la experiencia del usuario.
No creemos que las contraseñas desaparezcan de un día para otro, principalmente porque todavía existen sistemas heredados. Pero sí vemos una tendencia clara hacia un escenario donde tendrán más relevancia mecanismos de autenticación más resistentes al phishing y más transparentes para el usuario.
Una misma persona puede acumular distintas identidades, accesos y permisos entre sistemas, dispositivos y espacios físicos. ¿Cuál es hoy el mayor desafío para que las empresas puedan administrar todo ese universo de identidades de manera segura y eficiente?
Uno de los principales desafíos que vemos desde HID es justamente la fragmentación. Una misma persona puede tener una credencial para acceder físicamente a un edificio, otra para ingresar a su computadora, diferentes permisos para aplicaciones y distintos niveles de autorización dependiendo del espacio al que necesita acceder.
Cuando todas esas identidades se administran de manera independiente, aumenta la complejidad y se vuelve más difícil tener una visión completa de los accesos de cada usuario.
Por eso creemos que las organizaciones necesitan evolucionar hacia una gestión integral de la identidad, que contemple todo el ciclo de vida de una persona dentro de la empresa. Esto significa poder gestionar de manera coordinada quién es el usuario, qué permisos tiene, a qué espacios puede acceder y qué recursos digitales puede utilizar, incluyendo la posibilidad de modificar o revocar esos accesos de forma rápida.
HID señala que existe una mayor integración entre las credenciales que permiten entrar a un edificio y aquellas que habilitan el acceso a sistemas digitales. ¿Qué beneficios concretos puede obtener una empresa al gestionar la seguridad física y digital bajo una misma estrategia de identidad?
Desde HID entendemos que la convergencia entre identidad física y digital representa una evolución natural de la seguridad empresarial. Si una organización puede gestionar la identidad de una persona de manera integral, deja de tratar el acceso físico y el acceso digital como dos problemas completamente separados.
Esto permite simplificar la experiencia del usuario, reducir la cantidad de credenciales que debe administrar y, al mismo tiempo, mejorar el control de la organización sobre los accesos. Una misma identidad puede acompañar al empleado desde el ingreso al edificio hasta el acceso a sus dispositivos y aplicaciones.
Para las áreas de seguridad y tecnología, además, significa mayor visibilidad, una administración más eficiente y procesos más simples para emitir, actualizar o revocar permisos. En definitiva, la identidad se convierte en el punto de conexión entre la seguridad física y digital.
Las soluciones de localización en tiempo real permiten saber dónde están determinados activos, equipos e incluso personas dentro de una instalación. ¿Qué industrias muestran una mayor adopción de estas tecnologías y qué nuevos usos aparecen a partir de la información que generan?
Vemos una adopción especialmente relevante de las tecnologías de localización en sectores donde conocer la ubicación de personas y activos tiene un impacto directo en la seguridad y la eficiencia. Salud, manufactura, logística e instalaciones de gran escala son algunos de los ámbitos donde estas soluciones tienen un potencial particularmente importante.
En salud, por ejemplo, poder localizar equipamiento, pacientes o personal permite mejorar los tiempos de respuesta y optimizar los recursos. En entornos industriales y logísticos, permite realizar seguimiento de activos, reducir tiempos de búsqueda y mejorar los procesos operativos.
Pero creemos que el verdadero valor está en lo que las organizaciones pueden hacer con esa información. La localización deja de ser simplemente una herramienta para saber dónde está algo y se convierte en una fuente de datos para optimizar procesos, detectar patrones, mejorar la seguridad y tomar decisiones en tiempo real.
La inteligencia artificial también empezó a modificar las tecnologías vinculadas con la identidad. ¿En qué áreas ya permite mejorar la seguridad, como la biometría o la detección de fraude, y qué nuevos riesgos trae aparejados?
La inteligencia artificial ya tiene aplicaciones concretas en biometría, detección de fraude y análisis de comportamiento. En reconocimiento facial, por ejemplo, permite mejorar la identificación y desarrollar mecanismos de detección de vida y de ataques de suplantación más sofisticados. También puede analizar patrones de comportamiento para identificar anomalías y señales de riesgo.
Pero la IA también eleva el nivel de las amenazas. Los atacantes pueden utilizarla para generar deepfakes, identidades sintéticas, intentos de suplantación y campañas de phishing mucho más convincentes y automatizadas.
Esto genera una dinámica de doble evolución: mientras la IA fortalece las herramientas de seguridad, también obliga a desarrollar mecanismos de identidad capaces de distinguir con mayor precisión entre una interacción legítima y una generada o manipulada artificialmente.
Si miramos los próximos tres a cinco años, ¿cómo imaginan que será la experiencia de identificación dentro de una empresa? ¿Seguirán vigentes las tarjetas, los teléfonos y las contraseñas o la tecnología avanzará hacia sistemas en los que el usuario casi no perciba el proceso de autenticación?
La tendencia apunta hacia una experiencia de identificación más integrada, fluida y prácticamente invisible para el usuario. Esto significa que diferentes formatos podrán funcionar como expresiones de una misma identidad y convivir dentro de una infraestructura común.
Las credenciales convergentes permiten justamente conectar el acceso físico con el digital: una misma identidad puede utilizarse para ingresar a un edificio, iniciar sesión en un dispositivo y acceder a aplicaciones. A esto se suman las passkeys, la biometría y otros mecanismos de autenticación passwordless.
En los próximos años, el cambio más importante será que la autenticación deje de percibirse como una acción aislada, ingresar una contraseña, presentar una tarjeta o realizar un paso adicional, y pase a funcionar como una capa de seguridad integrada en la experiencia cotidiana, capaz de proteger al usuario sin interrumpir su actividad.








