La inteligencia artificial ya dejó de ser una promesa lejana para las empresas argentinas. En el último año, el interés por usar esta tecnología se aceleró con fuerza y llegó al 98% de las organizaciones relevadas por Logicalis.
Pero detrás de ese entusiasmo aparece una señal que preocupa a los responsables de tecnología. El 60% de los CIO y líderes consultados en el país no confía plenamente en su capacidad para escalar la IA más allá de pruebas iniciales o proyectos piloto.
Ese dato resume el principal dilema que enfrentan las compañías. La mayoría entiende que la IA puede mejorar procesos, generar eficiencia y abrir nuevas oportunidades de negocio. Sin embargo, muchas todavía no cuentan con las condiciones internas necesarias para sostener una adopción amplia, segura y con impacto real en la operación.
El diagnóstico surge del CIO Report 2026 de Logicalis, un informe global que mostró un salto en el interés por la inteligencia artificial, aunque también dejó expuestos los límites que enfrentan las empresas en materia de gobernanza, talento e infraestructura. En Argentina, los resultados siguen la misma línea. La adopción avanza, pero en varios casos lo hace a una velocidad mayor que la capacidad de las organizaciones para ordenarla.

“En América Latina vemos el mismo movimiento identificado por el estudio global: las organizaciones están acelerando las inversiones en inteligencia artificial, pero todavía enfrentan desafíos importantes para estructurar la gobernanza, desarrollar habilidades y contar con la infraestructura necesaria. La cuestión no es solo adoptar la tecnología, sino garantizar que esa adopción sea escalable, segura y esté alineada con la generación de valor para el negocio”, evaluó Marcio Caputo, CEO de Logicalis para América Latina.
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El límite ya no está en probar la tecnología
La etapa de experimentación parece haber quedado atrás para buena parte del mercado. Las compañías ya probaron herramientas, identificaron usos posibles y detectaron beneficios en áreas puntuales. El problema aparece cuando intentan llevar esas soluciones al corazón del negocio.
Según el informe, el 60% de los encuestados en Argentina no tiene plena confianza en su capacidad para escalar la inteligencia artificial fuera de iniciativas acotadas. En otras palabras, el desafío dejó de ser técnico en sentido estricto y pasó a una dimensión más compleja. Las empresas necesitan integrar la IA a procesos, equipos, sistemas y reglas internas sin aumentar riesgos ni perder control.
La principal barrera no pasa por el dinero, aunque el presupuesto también pesa. El 94% de los líderes consultados en el país señaló que la falta de habilidades técnicas frena sus planes de IA. Esa cifra ubica al talento como el cuello de botella más importante para la transformación digital.

Aun así, los recursos económicos no quedan fuera de la discusión. El 84% de los encuestados reconoció que el presupuesto para inteligencia artificial puede convertirse en una barrera en determinados casos. La combinación de talento escaso, costos relevantes y necesidad de infraestructura marca un escenario exigente para los CIO argentinos.
Gobernanza, control y el nuevo rol del CIO
El otro punto sensible aparece en la gobernanza. Muchas empresas avanzan con inteligencia artificial antes de tener marcos sólidos de control. Poco menos de la mitad de los encuestados en Argentina considera que su organización cuenta con una gobernanza fuerte en esta materia.
El dato se vuelve más delicado cuando se observa que el 80% admitió que, en algún momento, tuvo que resignar prácticas de control por falta de conocimiento o de recursos especializados. En un contexto donde las herramientas de IA se multiplican y resultan cada vez más accesibles, esa debilidad abre la puerta a usos no autorizados dentro de las compañías.
De hecho, el 70% de los ejecutivos argentinos manifestó preocupación por el uso no controlado de estas tecnologías. El fenómeno refleja una tensión creciente. Por un lado, las empresas quieren acelerar para no quedar atrás. Por otro, necesitan reglas claras para evitar riesgos operativos, legales, reputacionales o de seguridad.

La cautela también aparece en la percepción sobre el mercado. El 70% de los encuestados en Argentina también cree que podría existir una burbuja alrededor de la inteligencia artificial. Esa mirada no implica desconfianza total sobre la tecnología, pero sí marca cierta prudencia frente a la presión por adoptar soluciones sin una estrategia clara.
En este escenario, el CIO gana un papel más amplio. Ya no alcanza con operar sistemas o incorporar herramientas. El área de tecnología debe coordinar proveedores, plataformas, servicios, equipos internos y reglas de uso. Por eso, el 86% de las empresas argentinas planea recurrir a proveedores de servicios gestionados en los próximos años.

La señal es clara. La inteligencia artificial ocupa un lugar central en la agenda corporativa, pero su adopción exige más que entusiasmo. Para los CIO argentinos, el gran desafío pasa por convertir pruebas prometedoras en capacidades reales, con talento, control, infraestructura y una estrategia que conecte la tecnología con resultados concretos para el negocio.





