La escena se repite en instituciones educativas de distintos tamaños: la clase empieza, la plataforma abre, el enlace funciona, pero los alumnos remotos escriben en el chat que no escuchan. El docente se acerca a la notebook, cambia la entrada de audio, prueba una cámara, comparte pantalla, vuelve al pizarrón y pierde los primeros diez minutos de clase. La videollamada está disponible. Lo que falla es el aula como sistema audiovisual.
Una clase no es una reunión ampliada. Un aula tiene acústica, circulación, pizarrón, estudiantes que intervienen desde distintos puntos, docentes que se mueven, materiales físicos, pantallas y, muchas veces, grupos presenciales y remotos que deben interactuar en simultáneo.
En un artículo de EdTech Magazine, Gaurav Bradoo, directivo de Logitech for Education, división educativa de la empresa global de periféricos y videocolaboración Logitech, plantea que la prioridad para las instituciones que avanzan hacia HyFlex es encontrar tecnologías escalables y sostenibles dentro de una estrategia institucional.
Si cada aula tiene un panel distinto, una cámara diferente, micrófonos que deben activarse manualmente y cables que dependen de adaptadores, la experiencia híbrida queda atada a la paciencia del docente y a la disponibilidad del soporte técnico. La institución no compra sólo equipos: compra complejidad operativa o compra estandarización.
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La infraestructura invisible: red, energía, cableado, control y soporte
Detrás del “no se escucha” o “no te veo”, dos frases típicas de esta era virtual, entran en juego un cúmulo grande de factores: Wi-Fi saturado, mala ubicación de access points, cableado insuficiente, falta de tomas eléctricas, switches sin capacidad, audio mal distribuido, cámaras sin presets, salas sin monitoreo remoto o edificios que nunca fueron pensados para transmitir clases.
Las barreras para el HyFlex incluyen edificios antiguos, diseños irregulares, espacios fragmentados y falta de infraestructura de energía, cableado o conectividad. Ese punto es especialmente relevante para colegios, universidades e institutos, donde una misma organización puede operar sedes con calidades edilicias y de conectividad muy distintas.

Por eso, el enfoque ejecutivo no debería ser “comprar cámaras para aulas híbridas”, sino definir tipologías de aula: una sala chica, un aula magna, un laboratorio, una sala de posgrado o un auditorio no requieren el mismo diseño.
Del aula suelta al campus gestionado: el nuevo rol de IT
La escala cambia todo. Tres aulas híbridas pueden sostenerse con voluntarismo. Cincuenta o cien requieren inventario, monitoreo, actualizaciones, repuestos, soporte de primer nivel, métricas de uso, mantenimiento preventivo y coordinación entre áreas académicas, IT, redes, seguridad, facilities e integradores.
Ahí aparece el concepto de AV over IP, es decir, audio y video transportados y administrados sobre infraestructura de red. AVIXA, asociación internacional de la industria audiovisual profesional, plantea en un webinar público que diseñar aulas con AV over IP y herramientas de monitoreo remoto permite gestionar y dar soporte proactivo a aulas distribuidas en múltiples campus y ubicaciones.
El caso de UCLA, universidad pública de California, marca hacia dónde va esa conversación en educación superior estadounidense. Según EdTech Magazine, cuando Joe Way llegó a UCLA en 2023 encontró que el 65% de las aulas tenía tecnología audiovisual de al menos 20 años. En el otoño boreal de 2025, la universidad lanzó un piloto de US$ 4,3 millones para actualizar siete aulas con AV over IP, cámaras PTZ, micrófonos, parlantes, proyectores, displays y sistemas de control conectados por Ethernet.
Otro caso estadounidense citado por la misma fuente es Fox Valley Technical College, institución técnica de Wisconsin: con un equipo de tres personas para gestionar casi 400 aulas, oficinas y salas en 12 edificios, la estandarización y la coordinación con networking se volvieron centrales. Antes de desplegar AV over IP, el equipo trabajó nueve meses con el área de redes para evitar conflictos de ancho de banda y multicast, y segmentó los dispositivos en una VLAN específica.
La próxima madurez híbrida será menos visible y más profesional
La industria global ya está leyendo el aula como un espacio conectado. InfoComm 2026, feria internacional de AV profesional organizada por AVIXA en Las Vegas, presenta “learning spaces” como una categoría que incluye campus conectados, lecture capture, instrucción híbrida, colaboración, control centralizado e infraestructura escalable.

Pero la madurez no se mide por la cantidad de gadgets. Un paper de MDPI, editorial académica internacional, publicado en 2025 sobre enseñanza híbrida en educación superior identifica como ejes la integración tecnológica, la innovación pedagógica, el soporte docente, el engagement estudiantil, la evaluación y los resultados de aprendizaje. Y una revisión sistemática publicada por Springer Nature en 2025, centrada en HyFlex en educación universitaria de grado, concluye que la modalidad promete flexibilidad y participación, pero mantiene desafíos de tecnología, preparación docente y equidad.
En la Argentina, la discusión también tiene una dimensión institucional. Esteban M. Zimmer, de la Universidad Nacional del Comahue, universidad pública argentina con sede en la Patagonia, analizó el aula híbrida como escenario inmersivo y sostuvo que la apropiación de estas experiencias depende de condiciones materiales, culturales e institucionales. Su trabajo advierte que “la tecnología no es un fin en sí mismo”, sino una mediación para transformar vínculos educativos.
Esa frase debería ordenar cualquier proyecto. Un aula híbrida no funciona cuando tiene más tecnología, sino cuando la tecnología deja de interrumpir la clase. Cuando todos escuchan, todos ven, todos pueden participar y el docente no necesita convertirse en técnico, Zoom deja de ser el centro de la conversación. El verdadero diferencial pasa a estar en la infraestructura: audio, video, red, soporte, diseño pedagógico y operación profesional.







