Infraestructura espacial

El plan de US$ 2.000 millones que quiere mudar los centros de datos al espacio



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El proyecto busca aprovechar energía solar constante en el espacio, aunque enfrenta dudas por los costos, el calor de las GPU y la viabilidad técnica a escala.

Publicado el 18 de may de 2026

Franco Della Vecchia

Secretario de Redacción



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La carrera por la inteligencia artificial ya no se mide únicamente en modelos más potentes, chips más rápidos o alianzas entre gigantes tecnológicos. Cowboy Space Corporation quiere llevar una parte clave del negocio fuera del planeta, con un plan valuado en US$ 2.000 millones para crear 20.000 centros de datos espaciales.

La compañía, antes conocida como Aetherflux, recaudó US$ 275 millones y presentó documentación ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos para avanzar con su proyecto. La idea consiste en instalar capacidad de cómputo en órbita terrestre y aprovechar la energía solar constante, una ventaja difícil de igualar en la Tierra.

La energía como ventaja frente al límite terrestre

Detrás de la empresa está Baiju Bhatt, cofundador de Robinhood y actual CEO de Cowboy. Su diagnóstico parte de un problema que ya afecta a gran parte del sector en los Estados Unidos: los centros de datos que alimentan la demanda de IA consumen enormes volúmenes de electricidad y agua. Esto suscita resistencia entre las comunidades locales y presión sobre las redes eléctricas.

centro de datos en el espacio
Cowboy Space Corporation quiere llevar una parte clave del negocio fuera del planeta.

La propuesta de Cowboy apunta a sortear esos límites terrestres. En lugar de instalar nuevos complejos en zonas donde la electricidad resulta cada vez más cara y el acceso al agua se vuelve más sensible, la empresa planea colocar sus sistemas en órbitas con exposición solar permanente. Según Bhatt, eso permitiría obtener una potencia similar a la de una instalación ubicada en el Sahara al mediodía.

El plan también se diferencia por su arquitectura. Cowboy no pretende enviar satélites tradicionales adaptados para cómputo. Su diseño utiliza la etapa superior del cohete como estructura principal para alojar los equipos. Es decir, el centro de datos formaría parte del propio vehículo espacial, en lugar de operar como una nave independiente.

Ese método, según la compañía, reduce el número de piezas duplicadas, simplifica el sistema y permite arrancar el diseño con un objetivo específico. La idea tiene antecedentes históricos. Skylab, la primera estación espacial de Estados Unidos, también aprovechó una etapa superior de un cohete para su construcción.

El problema del calor en órbita

El objetivo técnico de Cowboy consiste en alojar chips con una capacidad de 1 MW en cada unidad orbital. A diferencia de otras compañías que evalúan repartir la capacidad de procesamiento entre satélites más pequeños, Bhatt apuesta por estructuras de mayor escala.

El proyecto, sin embargo, enfrenta algunos cuestionamientos. Las GPU que procesan cargas de IA generan temperaturas elevadas. En la Tierra, los centros de datos utilizan sistemas de refrigeración complejos, con agua, aire o soluciones líquidas. En órbita, ese desafío se vuelve más delicado. Sin una atmósfera que ayude a transferir calor, el diseño debe expulsarlo mediante radiadores y superficies específicas.

¿Una red de 20.000 centros de datos espaciales puede pasar del plan a la operación real?

Cowboy planea utilizar la cofia de la nave como un radiador gigante. Esa pieza, que en un lanzamiento tradicional protege la carga útil durante el ascenso, tendría una función central para evitar que el calor dañe los circuitos. El diseño todavía se encuentra en desarrollo.

Una meta agresiva para 2028

El cronograma suma otra incógnita. Cowboy quiere lanzar su primer centro de datos orbital para fines de 2028. Para el sector espacial comercial, ese plazo resulta muy agresivo. SpaceX y Blue Origin tardaron cerca de una década en desarrollar cohetes reutilizables, una tecnología que Cowboy también planea utilizar.

Bhatt reconoce la dificultad, pero sostiene que la compañía ya reunió talento con experiencia aeroespacial. Entre sus fichajes aparece un exjefe del equipo de propulsión de Blue Origin, lo que busca darle peso técnico a una apuesta que combina infraestructura digital, energía solar y economía espacial.

El avance de Cowboy llega en un momento de fuerte tensión para la industria tecnológica. Las grandes empresas necesitan más capacidad de cómputo para entrenar y operar modelos de IA, pero cada nuevo centro de datos exige permisos, suelo, energía, agua y acuerdos con comunidades. En ese contexto, el espacio aparece como una alternativa extrema, costosa y todavía incierta, pero cada vez más atractiva para quienes buscan romper el límite físico de la infraestructura terrestre.

La pregunta que ahora sobrevuela al negocio es si una red de 20.000 centros de datos espaciales puede pasar del plan a la operación real. Cowboy ya levantó capital, fijó una valuación de US$ 2.000 millones y puso fecha para su primer lanzamiento. Falta probar lo más difícil. Que el cómputo en órbita pueda funcionar a escala, disipar calor, bajar costos y competir con los gigantes de la infraestructura en la Tierra.

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