Producción conectada

Producción audiovisual definida por software: la nueva planta conectada de los medios



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Los estudios de televisión empiezan a parecerse menos a salas llenas de equipos y más a plantas conectadas. Detrás de la cámara, el software cambia la manera de producir, escalar y sostener una señal sin interrupciones. 

Publicado el Jul 14, 2026

Álvaro Zaffaroni

Especialista en contenidos digitales para medios y marcas



Estudio de producción audiovisual definida por software con varias cámaras, iluminación y personal técnico trabajando en el set.
Los estudios conectados integran cámaras, señales y recursos técnicos dentro de una arquitectura coordinada por software.

La producción audiovisual suele asociarse con cámaras, estudios y consolas. Sin embargo, el sector atraviesa un cambio que ocurre en una capa no tan visible. En la actualidad, las funciones que antes quedaban atadas a dispositivos concretos empiezan a ejecutarse mediante software y a comunicarse a través de redes IP.

Este nuevo modelo acerca la operación de los medios a la lógica de una planta conectada, en donde los activos físicos trabajan dentro de una arquitectura integrada, supervisada en tiempo real y capaz de adaptarse. Si bien en las fábricas se transforman materias primas y en los estudios se procesan señales de video, audio, gráficos y metadatos, el parecido está en la forma de coordinar recursos, automatizar tareas y controlar flujos críticos.

La producción definida por software se caracteriza por su mayor capacidad de adaptación, aunque también introduce desafíos como la confiabilidad de las redes, la convivencia con equipos heredados, la interoperabilidad y la capacitación técnica. Pese a esto, ya existen casos en los que la tecnología puede sostener operaciones continuas y exigentes, y extenderse hacia otras salas de producción.

Por qué los estudios empiezan a funcionar como plantas conectadas

Un estudio tradicional está compuesto por cámaras, mezcladores, matrices de video, consolas de audio, sistemas gráficos, servidores y controles de reproducción. Durante años, muchas de estas funciones dependieron de equipos dedicados y conexiones físicas diseñadas para una tarea determinada.

En cambio, con una infraestructura conectada, las señales circulan por redes IP y una capa de software permite administrar qué recurso recibe cada entrada, qué función debe ejecutar y hacia dónde se envía el resultado. Así, el estudio se convierte en un entorno coordinado, en el que los operadores pueden visualizar el estado de la producción y reasignar capacidades.

La posibilidad de trabajar fuera del lugar donde están las cámaras y aprovechar una misma sala de control para varios eventos impulsan este movimiento. Según el Broadcast Transformation Report de Haivision, para el 41% de los profesionales consultados en 2026, la producción remota es la principal prioridad tecnológica para los siguientes 12 meses. Esta fue la opción más elegida por cuarto año consecutivo del estudio.

Operador frente a múltiples monitores en una sala de producción audiovisual definida por software y supervisión en tiempo real.
La virtualización permite concentrar el monitoreo de señales, aplicaciones y recursos informáticos en un mismo entorno operativo.

Tal como sucede en una planta industrial conectada, los activos generan información, intercambian señales y pueden coordinarse desde un punto central. La diferencia está en el objeto de la producción, pero la disponibilidad de la operación, la trazabilidad de los flujos y la capacidad de responder ante un imprevisto tienen valor directo para el negocio en ambos casos.

El rol de las redes IP, la virtualización y los microservicios

Las redes IP son la base que permite conectar cámaras, servidores, mezcladores y sistemas de control con una arquitectura común. En vez de reservar una conexión física para cada señal y función, el video, el audio y los metadatos pueden viajar por la red y ser dirigidos hacia distintos recursos de procesamiento.

Sobre esa infraestructura aparece la virtualización, que consiste en separar una función del equipo físico que tradicionalmente la realizaba. En este sentido, un mezclador, un sistema de reproducción, un multivisor o una herramienta de monitoreo pueden ejecutarse como aplicaciones sobre servidores comerciales.

Por su parte, los microservicios llevan esa separación un paso más adelante. En vez de desplegar una aplicación audiovisual grande y cerrada, la operación se divide en componentes más pequeños. De esta forma, cada servicio puede encargarse de una función y los componentes pueden activarse, actualizarse y escalar según la producción.

Esto no implica que todos los estudios deban trasladar sus operaciones a una nube pública. De acuerdo con el Video Developer Report 2025 de Bitmovin, la nube privada o infraestructura local es utilizada en el 30% de los flujos de codicicación en vivo y en el 32% de los procesos bajo demanda. Mientras tanto, en las transmisiones en directo, los codificadores físicos instalados localmente todavía representan el 29%. Estos datos muestran una tendencia de equilibrio entre hardware especializado y funciones virtualizadas.

Cómo Globo aplicó una arquitectura de software en una producción continua

Globo, la cadena de televisión abierta brasileña, llevó este modelo a Big Brother Brasil, una de sus operaciones más complejas. El programa necesita sostener la captura y el procesamiento continuo de imágenes y audio, con cambios de cámaras, mezclas, reproducción diferida y decisiones técnicas que deben ejecutarse sin interrumpir la emisión.

En 2024, la empresa modernizó el estudio del programa en Río de Janeiro y comenzó a migrar de una infraestructura SDI tradicional hacia herramientas de producción nativas sobre IP. El proyecto incorporó la plataforma AMPP de Grass Valley, con microservicios ejecutados localmente sobre servidores comerciales.

La implementación también integró inteligencia artificial dentro del sistema de control. Según Grass Valley, la tecnología permitió realizar un seguimiento automatizado del “líder” de la casa y coordinar cambios de video y audio. Ese flujo incorporó funciones de reproducción diferida, mezcla de sonido y conmutación de señales. La automatización no reemplazó el control humano de toda la producción, pero asumió tareas específicas dentro de una operación de alta intensidad.

Sala de control de Globo con monitores, consola y sistemas utilizados en una producción audiovisual definida por software.
Globo aplicó una arquitectura IP y microservicios de Grass Valley para sostener la operación continua de Big Brother Brasil.

Durante las temporadas 2024 y 2025, AMPP funcionó como sistema de playout diferido las 24 horas durante 100 días consecutivos, dentro de una infraestructura IP basada en el estándar SMPTE ST 2110 y con los microservicios instalados en las dependencias de Globo.

En agosto de 2025, Grass Valley informó que Globo iniciaría una migración por etapas de sus principales salas de control, incluidas las utilizadas para producciones de horario central. La plataforma pasaría a funcionar como base de futuras operaciones, mediante un acuerdo empresarial de varios años entre ambas compañías.

Qué cambia en la capacidad, la flexibilidad y el control operativo

El primer cambio aparece en la asignación de capacidad. Cuando las funciones están definidas por software, una empresa puede desplegar recursos según el tamaño y la duración de cada producción. Por ejemplo, una sala puede prepararse para un evento, reconfigurarse para otro y reutilizar parte de la misma infraestructura, sin construir un sistema independiente para cada proyecto.

La flexibilidad también alcanza a las actualizaciones. Incorporar una nueva función puede requerir el despliegue de una aplicación o microservicio, en vez de reemplazar una cadena completa de dispositivos. Esto acorta algunos tiempos de implementación y facilita probar configuraciones antes de extenderlas a toda la operación.

Por último, el control operativo gana una vista más integrada. Los equipos técnicos pueden supervisar señales, aplicaciones y capacidad informática dentro de un mismo entorno. Ante esto, si una función presenta problemas, la arquitectura puede ayudar a identificar el componente afectado, reasignar recursos o activar una instancia de respaldo.

Los compradores de tecnología ya incluyen estos aspectos entre sus prioridades. Según el informe State of MediaTech de IABM, el 47% señaló a la eficiencia como uno de los factores más importantes al adquirir productos y servicios para medios. La flexibilidad y la personalización fueron elegidas por el 44%, mientras que la interoperabilidad y la transparencia entre sistemas y proveedores alcanzaron el 40%.

La producción definida por software no garantiza menores costos ni un retorno rápido por sí sola. Su aporte aparece cuando la arquitectura permite utilizar mejor los recursos, escalar producciones y mantener el control de operaciones que ya no pueden depender de sistemas aislados. Ahí es cuando el estudio empieza a funcionar como la nueva planta conectada de los medios.


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