¿El campo que viene?

La ganadería conectada por satélite: cercas virtuales y vacas monitoreadas con IA



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Collares con GPS, límites dibujados desde una aplicación y algoritmos capaces de detectar cambios de comportamiento comienzan a transformar el manejo de los rodeos. La conexión directa con satélites busca llevar estas herramientas a los campos donde nunca llegó la señal celular.

Publicado el 24 de jul de 2026

Franco Della Vecchia

Secretario de Redacción



cercas virtuales

Un productor abre una aplicación, observa el mapa del establecimiento y dibuja una línea sobre la pantalla. Esa división, que puede modificarse en cuestión de minutos, determina hasta dónde avanzará el ganado durante la jornada. No necesita colocar postes, extender rollos de alambre ni trasladar una cuadrilla: los límites son enviados a los collares que llevan los animales.

Cuando una vaca se aproxima a la zona marcada, el dispositivo emite primero una señal sonora. Si continúa avanzando, puede sumar una vibración o un estímulo eléctrico controlado. Después de un período de aprendizaje, la mayoría de los animales comienza a asociar el sonido con el límite y cambia de dirección antes de recibir la segunda advertencia.

La idea de controlar el ganado sin alambrados físicos no es nueva. Las primeras investigaciones comenzaron hace varias décadas, pero el avance de los sistemas de posicionamiento, los teléfonos inteligentes, las comunicaciones inalámbricas y los sensores redujo los costos y permitió que la tecnología saliera de los laboratorios. Ahora, la incorporación de conectividad directa con satélites abre una nueva etapa: llevar las cercas virtuales a establecimientos remotos donde no existen redes celulares ni infraestructura terrestre.

Del alambrado al mapa digital

Una cerca virtual combina tres componentes principales: un sistema de posicionamiento, un dispositivo colocado en el animal y una plataforma desde la cual el productor administra los límites. El collar determina su ubicación mediante GPS y compara esas coordenadas con las líneas digitales trazadas sobre un mapa satelital o topográfico.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos explica que la información circula en dos direcciones: el collar transmite la posición del animal y la plataforma envía la ubicación de las divisiones virtuales. Una vez recibidas, esas líneas pueden quedar almacenadas en el dispositivo, lo que permite que algunos sistemas continúen operando aun cuando la comunicación con la red se interrumpa temporalmente.

El funcionamiento depende del aprendizaje. Al aproximarse al límite, la vaca escucha un sonido diseñado para captar su atención. Si no cambia de dirección, recibe un estímulo adicional. En ciertos sistemas, cuando el animal atraviesa la línea, puede regresar al área habilitada sin volver a ser estimulado, para evitar que quede atrapado del lado equivocado.

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La división digital no necesariamente reemplaza todos los alambrados. Su mayor utilidad aparece dentro del establecimiento, donde permite crear potreros temporales, modificar áreas de pastoreo, proteger sectores vulnerables o separar categorías de animales. En límites externos, junto a rutas, vías ferroviarias, pendientes peligrosas o zonas de riesgo, los organismos especializados recomiendan conservar barreras físicas.

Un potrero que puede cambiar en minutos

La flexibilidad constituye una de las principales diferencias frente al alambrado convencional. Una división física demanda materiales, maquinaria, mantenimiento y trabajo. Una línea digital puede desplazarse desde una computadora o un teléfono para ampliar, reducir o trasladar el área disponible.

La agencia científica australiana CSIRO, que trabaja en cercas virtuales desde 2005, sostiene que esta capacidad puede mejorar el aprovechamiento del alimento, ajustar la demanda del rodeo a la disponibilidad de pasturas y reducir el sobrepastoreo. También puede disminuir la inversión en divisiones internas y parte del tiempo dedicado a mover o localizar animales.

La tecnología permite, por ejemplo, liberar una franja nueva de pasto cada día, excluir temporalmente un bajo inundado o impedir que el ganado ingrese a un curso de agua. También puede utilizarse después de incendios, cuando una parte del terreno necesita recuperarse, pero el resto continúa disponible para pastoreo.

Investigaciones difundidas por los Climate Hubs del USDA probaron cercas virtuales para mantener bovinos fuera de áreas quemadas. El organismo también identifica aplicaciones en ambientes ribereños, sectores con árboles en regeneración y superficies difíciles de cercar, aunque advierte que todavía hace falta estudiar su funcionamiento en escalas mayores y contextos productivos diversos.

La promesa no consiste únicamente en ahorrar alambre. La posibilidad de modificar los límites con rapidez permite cambiar la distribución del ganado frente a sequías, inundaciones, incendios o alteraciones en la disponibilidad del forraje. El potrero deja de ser una estructura rígida para convertirse en una variable que puede ajustarse a las condiciones del campo.

Cuando cada vaca empieza a producir datos

Los collares inteligentes cumplen una segunda función que va más allá de la cerca: convierten los movimientos de cada animal en información. Además del GPS, pueden integrar acelerómetros y otros sensores capaces de registrar actividad, descanso, desplazamiento, alimentación o rumia.

La inteligencia artificial interviene al procesar ese volumen de datos. En lugar de exigir que una persona revise manualmente miles de registros, los modelos buscan patrones, comparan el comportamiento actual con el historial del animal y generan una alerta cuando encuentran una desviación.

Una vaca que permanece demasiado tiempo inmóvil, reduce sus horas de alimentación o se aleja del rodeo puede necesitar atención. El sistema no sustituye el diagnóstico veterinario: señala un comportamiento potencialmente anormal para que el productor o un profesional revise al animal.

El proyecto europeo ClearFarm desarrolló modelos de machine learning que combinan información sobre alimentación, rumia, descanso y desplazamiento con otros indicadores para estimar la probabilidad de enfermedades como mastitis o acidosis en vacas lecheras. Sus responsables remarcan que las alertas pueden incluir falsos positivos y que la decisión final sigue en manos del productor y del veterinario.

La posibilidad más ambiciosa aparece al integrar distintas fuentes. Una revisión científica publicada en 2026 analizó sistemas que combinan dispositivos portátiles, imágenes, sensores ambientales e inteligencia artificial para detectar enfermedades, evaluar bienestar y anticipar problemas productivos. Sin embargo, sus autores señalan que buena parte de la evidencia disponible proviene de tambos intensivos, donde existen mejor conectividad e infraestructura y cada animal tiene un valor económico mayor. Trasladar esos resultados a sistemas extensivos presenta dificultades adicionales.

En campos abiertos, el terreno, la vegetación, las distancias y el clima pueden afectar el desempeño de los sensores. Además, los márgenes menores por cabeza vuelven más difícil justificar equipos costosos para todo el rodeo. La tecnología existe; el desafío es lograr que funcione de manera confiable y económicamente viable lejos de los entornos controlados.

El satélite busca resolver el problema de la señal

Hasta ahora, muchas cercas virtuales dependían de redes celulares, estaciones base o torres de radio instaladas dentro del establecimiento. Ese esquema puede funcionar en campos con buena infraestructura, pero pierde atractivo cuando se necesitan múltiples antenas para cubrir superficies extensas o terrenos accidentados.

La conexión directa entre los collares y los satélites busca eliminar ese cuello de botella. Según Halter, sus nuevos dispositivos solares pueden enviar información a la nube sin utilizar torres propias dentro del campo, siempre que dispongan de visión suficiente del cielo. La afirmación proviene de la empresa y deberá ser contrastada a medida que el sistema acumule experiencias independientes en condiciones reales.

La diferencia entre las tecnologías resulta importante. El GPS se utiliza para calcular dónde está el animal. La red satelital, celular o terrestre sirve para transmitir esa ubicación, recibir nuevos límites y actualizar la plataforma. Una vaca puede conocer su posición mediante satélites de navegación, pero eso no significa que su collar pueda enviar datos directamente a internet.

Al incorporar esa comunicación, el productor podría conocer la ubicación de un rodeo en una zona remota, modificar una división o recibir una alerta sin montar infraestructura propia en cada sector del establecimiento. El salto resulta especialmente relevante para la ganadería extensiva, donde la distancia que separa al personal de los animales puede retrasar la detección de enfermedades, lesiones o pérdidas.

Menos recorridas no significa un campo sin personas

La automatización puede reducir algunos desplazamientos rutinarios. El productor ya no tendría que recorrer todo el establecimiento únicamente para saber dónde se encuentra el rodeo o comprobar si un animal se separó. También podría concentrar el trabajo en las alertas y los sectores que requieren intervención.

Eso no equivale a eliminar la supervisión humana. El Animal Welfare Committee del Reino Unido advierte que las cercas virtuales y el monitoreo remoto no deben reemplazar las inspecciones regulares. Los sensores pueden mejorar el uso del tiempo, pero una lectura digital no permite observar por sí sola todos los signos de dolor, estrés, lesiones o problemas ambientales.

La tecnología modifica la naturaleza de la recorrida. En vez de buscar animales durante horas, el personal puede dirigirse a una ubicación concreta. En lugar de controlar cada sector con la misma frecuencia, puede priorizar aquellos donde el sistema detectó movimientos inusuales, falta de actividad o presión excesiva sobre el forraje.

El conocimiento del campo continúa siendo central. Los datos necesitan contexto: una vaca puede caminar menos porque está enferma, porque encontró una buena zona de pastoreo o porque las condiciones climáticas modificaron el comportamiento de todo el rodeo. El algoritmo puede señalar la anomalía, pero no necesariamente explicar su causa.

Qué potencial tiene en la Argentina

Las características de la ganadería argentina ofrecen un escenario atractivo para estas herramientas, pero también exponen sus principales obstáculos. Las grandes extensiones, la baja cobertura móvil y las dificultades para realizar un monitoreo continuo vuelven valiosos los collares con GPS, los sensores y la comunicación satelital. Al mismo tiempo, los costos por animal, la importación de equipos y la necesidad de soporte técnico pueden frenar una adopción masiva.

En el Noroeste Argentino, investigadores de la Universidad Nacional de Catamarca trabajan en un proyecto que integra collares GPS, redes de largo alcance, imágenes satelitales y de drones, visión computacional y machine learning. La iniciativa busca estudiar el desplazamiento del ganado, evaluar la disponibilidad de pastizales, realizar conteos automáticos y anticipar riesgos sanitarios en sistemas extensivos. El trabajo fue difundido a través del repositorio académico SEDICI de la Universidad Nacional de La Plata.

El proyecto no significa que las cercas virtuales ya estén extendidas comercialmente en el país. Sí muestra que la digitalización ganadera avanza hacia el mismo modelo: combinar la posición del animal con información sobre vegetación, agua, comportamiento y estado sanitario.

La adopción local requerirá pruebas adaptadas a los ambientes argentinos. Un sistema validado en un tambo neozelandés o un rancho estadounidense no necesariamente ofrecerá el mismo resultado en el monte chaqueño, la estepa patagónica o las zonas semiáridas del NOA. La cobertura, el tipo de vegetación, el tamaño de los rodeos, la disponibilidad de repuestos y la capacidad de pago serán tan importantes como la precisión del algoritmo.

El alambrado no desaparecerá de un día para otro. Continuará siendo indispensable en perímetros, rutas y zonas peligrosas. Pero dentro de los campos, las líneas dibujadas sobre una pantalla podrían comenzar a complementar las divisiones tradicionales.

El cambio más profundo tampoco estará únicamente en mover una cerca desde el celular. Comenzará cuando cada vaca produzca datos de manera continua y el productor pueda observar un rodeo completo más allá de lo que alcanza a ver durante una recorrida. La ganadería conectada promete ampliar esa capacidad, aunque su valor real dependerá de algo menos espectacular que los satélites y la inteligencia artificial: que los equipos sean confiables, que la inversión cierre y que la tecnología mejore el manejo sin convertir la distancia digital en una nueva forma de desatención.


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