Después de probar suerte con cerca de diez startups, Jack Zhang encontró la respuesta en Airwallex, una fintech de pagos internacionales que alcanzó una valuación de US$ 11.000 millones. Su participación del 12% convirtió al empresario de origen chino en multimillonario, con una fortuna estimada en US$ 1.300 millones.
La compañía consiguió ese valor después de cerrar una ronda de inversión por US$ 320 millones, liderada por Addition, la firma del inversor Lee Fixel. Baillie Gifford, QED y T. Rowe Price participaron de la operación. Otros fondos y Amex Ventures también aportaron capital.
Airwallex nació en Melbourne en 2015 para reducir el costo y la complejidad de los pagos entre empresas de distintos países. Once años después, procesa más de US$250.000 millones anuales y trabaja con 300.000 clientes distribuidos en 47 mercados. La empresa proyectó ingresos anualizados por US$ 1.300 millones para marzo de 2026, aunque aún registra pérdidas.
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Los trabajos que financiaron su educación
Zhang nació en Shandong, China, y pasó gran parte de su infancia bajo el cuidado de su abuela. Sus padres trabajaban en bancos y solo podían verlo durante los fines de semana. A los 15 años, su padre decidió enviarlo a Australia porque consideraba que su personalidad podía adaptarse mejor a la cultura occidental.
El plan familiar cambió al año siguiente. Su padre perdió el empleo y Zhang tuvo que cubrir sus gastos sin ayuda. También pagó sus estudios en la Universidad de Melbourne, donde cursó informática.

Durante esa etapa trabajó como lavaplatos y atendió una estación de servicio en turnos nocturnos. Más tarde consiguió empleo como mozo. En los recesos universitarios pasó jornadas de 12 horas en una fábrica de limones, donde cargó cajas y preparó grandes contenedores para su traslado.
Después de graduarse en 2007, ingresó como ingeniero de software en una aseguradora. Luego pasó al National Australia Bank, donde operó divisas mediante sistemas algorítmicos. Ese empleo le permitió conocer el funcionamiento del mercado cambiario, una experiencia que más tarde resultó central para Airwallex.
Zhang destinó buena parte de su tiempo libre a probar ideas comerciales. Participó en un desarrollo inmobiliario y abrió locales de hamburguesas. También puso en marcha otros proyectos pequeños que no alcanzaron la escala esperada.
Una cafetería terminó por mostrarle el problema que daría origen a su empresa más importante. El negocio importaba granos de café y debía pagar una comisión de 4,5% cada vez que enviaba dinero mediante Western Union. Una compra por US$ 15.000 podía sumar más de US$ 500 en costos.
Los pagos también demoraban. En algunos casos, Zhang esperaba varias semanas antes de descubrir que una transferencia había fallado. Esa experiencia lo llevó a fundar Airwallex junto con Jacob Dai, Lucy Liu y Max Li.
Liu aportó el primer US$ 1 millón para poner en marcha la fintech. Poco después, la empresa obtuvo otros US$ 3 millones de pequeños fondos de capital de riesgo. El dinero permitió desarrollar los primeros productos, aunque ninguno funcionó como los fundadores esperaban.

La propuesta inicial buscó conectar a personas y empresas que enviaban fondos en direcciones opuestas. El objetivo consistía en compensar las operaciones para evitar el traslado internacional del dinero. El sistema necesitaba un volumen demasiado alto para resultar viable y quedó descartado.
El segundo intento fue un servicio de facturación para pequeñas empresas. El costo de captar clientes superó las previsiones y Airwallex abandonó esa idea. La empresa encontró una oportunidad más rentable en 2018, cuando empezó a trabajar con grandes compañías que necesitaban convertir divisas y ejecutar pagos masivos.
La oferta de Stripe que Zhang rechazó
La llegada de clientes de mayor tamaño modificó el negocio. Airwallex sumó a Shein y procesó más de US$ 1.000 millones en transacciones durante 2018. Sus ingresos, sin embargo, rondaban apenas los US$ 2 millones.
Stripe ofreció comprar la compañía por US$ 1.200 millones en octubre de ese año. Airwallex tenía su sede en Hong Kong y todavía operaba con una estructura reducida. Zhang rechazó la propuesta y apostó por construir una red propia de pagos internacionales.
La decisión exigió una fuerte inversión regulatoria. La fintech obtuvo 89 licencias vinculadas con pagos y transferencias en decenas de países. Esas autorizaciones le permitieron conectarse directamente con sistemas bancarios locales y reducir su dependencia de la red de corresponsales de SWIFT.
El sistema tradicional suele involucrar a varios bancos antes de completar una transferencia. Cada entidad puede aplicar una comisión, lo que eleva el precio final y demora la acreditación. Airwallex buscó acortar ese recorrido mediante acuerdos locales y conexiones propias.
La empresa amplió su oferta en 2020 con tarjetas corporativas y procesamiento de pagos digitales. Tres años más tarde trasladó su sede a Singapur. A fines de 2025 estableció una estructura con centros principales en esa ciudad y San Francisco.

Su cartera incluye empresas pequeñas y grandes compañías tecnológicas. Canva utiliza sus servicios, al igual que Deel. Brex y Afterpay también figuran entre sus clientes.
Airwallex cobra comisiones por operaciones de cambio y procesamiento de pagos. Obtiene ingresos por las compras realizadas con sus tarjetas corporativas. Las suscripciones de software y los márgenes de interés completan su modelo comercial.
Asia-Pacífico concentra el 61% del negocio. América representa el 22%, mientras que el resto corresponde a Europa, Medio Oriente y África.
Zhang considera que las cuentas bancarias globales funcionan como la puerta de entrada para ofrecer más herramientas financieras. Una empresa que concentra sus movimientos en una misma plataforma puede reducir tareas de conciliación y evitar la integración de varios proveedores.
Airwallex incorporó sistemas de inteligencia artificial para simplificar el control de gastos. Su próximo producto, denominado T:0, apunta a automatizar tareas contables y mejorar las proyecciones financieras de sus clientes.
La fintech compite en segmentos que también disputan Stripe y Ramp. Stripe procesó US$1,9 billones en pagos durante el último año informado. Ramp comunicó un volumen anualizado de compras por US$200.000 millones.
Airwallex respalda además a Metal, una startup de criptoactivos dirigida por el desarrollador Loong Wang y la exejecutiva de Meta Catherine Porter. El proyecto trabaja en una red blockchain destinada a productos financieros tokenizados.
Metal podría facilitar los pagos con stablecoins dentro de la plataforma. Zhang calcula que estos activos podrían representar entre el 5% y el 10% del movimiento mundial de dinero durante la próxima década. Stripe avanzó en la misma dirección con Tempo, su propia red de pagos basada en blockchain.








