Cloud

El nuevo riesgo sistémico de los bancos: ¿Qué pasa si falla un gigante de la nube?



Dirección copiada

La fuerte concentración de infraestructura financiera en AWS, Azure y Google Cloud preocupa a los reguladores por el impacto que una interrupción podría tener sobre múltiples entidades al mismo tiempo.

Publicado el 21 de ago de 2026

Nicolás Della Vecchia

Jefe de redacción



Bancos

La adopción de cloud computing se convirtió en una pieza cada vez más importante de la transformación tecnológica de bancos, aseguradoras, fintechs y otras compañías financieras. La nube permite aumentar capacidad de procesamiento con rapidez, almacenar enormes volúmenes de información y desplegar nuevas aplicaciones sin depender exclusivamente de infraestructura propia. Sin embargo, ese avance también está generando un riesgo que comienza a preocupar a los reguladores: buena parte del sistema financiero mundial depende de un grupo muy reducido de proveedores tecnológicos.

Un informe publicado en 2026 por el Cambridge Centre for Alternative Finance (CCAF), de la Cambridge Judge Business School, muestra la dimensión de esa concentración. Entre las compañías financieras relevadas, Amazon Web Services (AWS) es utilizado por el 46%, Microsoft Azure por el 29% y Google Cloud por el 24%. Como el estudio admite respuestas múltiples, una misma entidad puede utilizar más de una plataforma. En conjunto, los tres principales proveedores prestan servicios a más del 80% de la industria financiera encuestada.

El estudio tiene alcance global y fue elaborado a partir de información de 628 organizaciones, entre ellas fintechs, instituciones financieras tradicionales, proveedores tecnológicos, bancos centrales y organismos reguladores de 151 jurisdicciones. El trabajo fue realizado en asociación con organismos como el Banco de Pagos Internacionales (BIS), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Foro Económico Mundial.

La concentración no implica que la utilización de estos proveedores sea necesariamente insegura. Los grandes hyperscalers cuentan con infraestructuras distribuidas, herramientas de ciberseguridad y capacidades tecnológicas que serían muy difíciles y costosas de replicar individualmente para muchas instituciones financieras. El problema aparece en otro lugar: cuando muchas organizaciones dependen de las mismas compañías, una vulnerabilidad compartida puede dejar de ser un problema individual y convertirse en uno sistémico.

De la caída de un proveedor a un problema para todo el sistema financiero

El FMI (International Monetary Fund)  puso el foco precisamente sobre ese escenario. En un análisis publicado el 23 de julio de 2026, el organismo advirtió que muchas aplicaciones de inteligencia artificial utilizadas por el sector financiero dependen de un número reducido de proveedores de cloud, datos y modelos de IA. Estas relaciones pueden no ser evidentes cuando se analiza una compañía de manera aislada, pero adquieren otra dimensión al observar al sistema en su conjunto.

¿Qué podría ocurrir si uno de esos proveedores sufre una interrupción importante?

Una falla técnica, un ciberataque o incluso un conflicto geopolítico podría afectar simultáneamente a distintas instituciones que utilizan una misma infraestructura.

Para una entidad financiera, una interrupción de cloud puede impactar sobre aplicaciones internas, procesamiento de información, análisis de riesgo, atención a clientes o sistemas apoyados en inteligencia artificial. Si numerosas entidades comparten el mismo proveedor, esas disrupciones podrían producirse al mismo tiempo.

Ese es el cambio central. Tradicionalmente, los reguladores evaluaban el riesgo tecnológico de cada banco por separado: qué sistemas tenía, cómo protegía sus datos o cuál era su estrategia de recuperación frente a una caída. Con la expansión del cloud, dos bancos que parecen tecnológicamente independientes pueden compartir, detrás de escena, parte de la misma infraestructura crítica.

El FMI advierte que una disrupción en un proveedor relevante, ya sea por causas técnicas, cibernéticas o geopolíticas, podría afectar a numerosas instituciones simultáneamente. Por esa razón, plantea que supervisores y bancos centrales necesitan mapear las dependencias tecnológicas del sistema, establecer estándares mínimos de resiliencia para proveedores críticos y preparar planes frente a interrupciones correlacionadas.

La inteligencia artificial aumenta todavía más la dependencia

La discusión adquiere mayor relevancia con el avance de la inteligencia artificial dentro del negocio financiero. Los bancos necesitan cada vez más capacidad de cómputo para automatizar procesos, analizar información, detectar fraude, evaluar riesgo crediticio y desarrollar asistentes o agentes de IA.

El mismo estudio de Cambridge muestra que el 81% de las firmas financieras consultadas ya adopta inteligencia artificial en algún nivel y que el 52% trabaja con IA agéntica, ya sea mediante pruebas piloto o implementaciones más avanzadas. Buena parte de esa nueva infraestructura se construye sobre plataformas y modelos externos.

Esto puede profundizar una dependencia que ya existía. Un banco puede contratar un servicio de inteligencia artificial a una compañía que, a su vez, utiliza la infraestructura de uno de los grandes proveedores cloud. De esta manera aparecen dependencias indirectas que pueden resultar difíciles de identificar incluso para la propia institución.

El desafío, por lo tanto, ya no consiste solamente en proteger los sistemas de cada organización, sino en conocer qué proveedores comparten los distintos participantes del mercado y qué sucedería si uno dejara de funcionar.

¿La respuesta es trabajar con varias nubes?

Una de las estrategias utilizadas para reducir el riesgo es el multicloud, es decir, distribuir sistemas y cargas entre más de un proveedor. En teoría, una organización podría mantener determinados servicios en AWS, otros en Azure y otros en Google Cloud, evitando concentrar toda su operación en una sola plataforma.

Sin embargo, esa estrategia tampoco elimina automáticamente el problema. Mantener arquitecturas redundantes puede elevar costos, aumentar la complejidad y exigir equipos capaces de administrar distintos entornos tecnológicos. Además, utilizar tres proveedores diferentes no necesariamente garantiza independencia si determinados servicios críticos continúan concentrados en uno solo.

Por eso, el debate comienza a trasladarse desde la pregunta sobre si los bancos deberían utilizar la nube hacia otra mucho más compleja: cómo aprovecharla sin generar puntos únicos de falla que puedan afectar a todo el sistema.

La expansión de cloud permitió al sector financiero acelerar su transformación digital. Ahora, esa misma evolución obliga a revisar un riesgo menos visible: que la infraestructura de cientos de entidades diferentes termine dependiendo de las mismas pocas compañías. Para bancos y reguladores, conocer esas conexiones puede convertirse en una parte tan importante de la estabilidad financiera como vigilar los riesgos tradicionales.


Canales

Artículos relacionados