El crecimiento de la inteligencia artificial ya no se mide únicamente en modelos, chips o inversiones de las grandes tecnológicas. La expansión de los centros de datos que sostienen esta nueva infraestructura digital empieza a tener consecuencias directas sobre los mercados de materias primas y, especialmente, sobre uno de los metales más relevantes para la electrificación: el cobre.
BHP, la mayor productora mundial de cobre, puso una cifra concreta sobre esa relación. En su último informe de perspectivas económicas y de commodities, publicado el 18 de agosto, la minera calculó que cada US$ 200.000 millones adicionales de inversión anual en centros de datos requieren una cantidad de cobre equivalente a la producción de una nueva mina de 150.000 toneladas por año. El metal es utilizado tanto en el hardware como en la infraestructura eléctrica necesaria para abastecer esos complejos.
La magnitud de las inversiones ayuda a dimensionar el fenómeno. Según BHP, los mayores hyperscalers de Estados Unidos prevén destinar entre US$ 700.000 millones y US$ 800.000 millones a inversiones vinculadas con inteligencia artificial durante 2026, un desembolso equivalente al 2,4% del PBI estadounidense.
La expansión ya trasciende a ese país: Corea del Sur anunció inversiones relacionadas con IA por alrededor de US$ 1 billón durante la próxima década, mientras que China evalúa destinar US$ 295.000 millones de inversión pública en cinco años para ampliar su capacidad de centros de datos.

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La IA agrega presión a una demanda de cobre que ya venía creciendo
El impacto de los centros de datos se suma a otras tendencias que impulsan el uso del metal. BHP proyecta que la demanda mundial de cobre superará los 50 millones de toneladas hacia 2050 y estima que los usos no tradicionales asociados con la transición energética y la digitalización crecerán a una tasa anual compuesta del 6,5% entre 2020 y 2035.
Los sistemas eléctricos necesarios para sostener los centros de datos son particularmente intensivos en cobre. BHP cita datos de la Agencia Internacional de Energía según los cuales la demanda eléctrica de los centros de datos vinculados con IA aumentó 50% durante 2025. Para 2030, el consumo total de este segmento podría duplicarse, lo que equivaldría a incorporar aproximadamente un mercado eléctrico del tamaño de Alemania, cercano a los 500 TWh.
El desafío aparece del lado de la oferta. La minera sostiene que la producción de cobre enfrenta dificultades para acompañar el crecimiento esperado de la demanda por la caída en las leyes minerales y el agotamiento de reservas en minas existentes. Según estimaciones de CRU citadas por BHP, para mantener equilibrado el mercado serían necesarias más de 2,5 millones de toneladas de nueva oferta minera todavía no comprometida hacia 2030. Esa brecha podría ampliarse hasta 10 millones de toneladas durante la próxima década.
El escenario también está modificando la mirada de los mercados financieros sobre el metal. BHP señala que algunos inversores comenzaron a considerar al cobre como un vehículo para obtener exposición al crecimiento de la inteligencia artificial, con flujos provenientes de fondos macroeconómicos, fondos cotizados y contratos de futuros. La compañía atribuye además parte del fuerte desempeño del cobre desde comienzos de 2025 a fuerzas estructurales como la IA y la electrificación.

Argentina y Chile buscan posicionarse ante el nuevo escenario
La aceleración de la demanda global coincide con nuevos movimientos en la minería de cobre de los Andes. El 27 de agosto, Argentina y Chile avanzaron en la reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera, firmado originalmente en 1997, para facilitar inversiones y permitir que proyectos ubicados a ambos lados de la cordillera compartan infraestructura y recursos.
Según Reuters, representantes de ambos países aprobaron protocolos operativos para Vicuña, NexoAndino y Filo Sur, proyectos cuyos depósitos se extienden entre San Juan y la región chilena de Atacama. El ministro de Minería de Chile, Daniel Mas, estimó que el marco de cooperación podría destrabar más de US$ 20.700 millones en inversiones y sumar 540.000 toneladas métricas a la producción anual de cobre.
Uno de los puntos centrales es la posibilidad de que proyectos argentinos cercanos a la frontera utilicen puertos e infraestructura chilena. Reuters señala que esto podría reducir costos, acortar rutas de transporte y facilitar la puesta en marcha de nuevas minas. Entre los proyectos que podrían beneficiarse aparecen Los Azules, de McEwen Copper; El Pachón, de Glencore; y Vicuña, el proyecto cuprífero binacional de Lundin Mining y BHP.
Argentina no produce cobre desde el cierre de Bajo de la Alumbrera en 2018. Sin embargo, Reuters señala que los proyectos actualmente en desarrollo podrían ubicar al país entre los diez mayores productores mundiales hacia 2030. Chile, por su parte, cuenta con la mayor industria cuprífera del mundo y con infraestructura desarrollada alrededor del sector.
El avance de ambos países ocurre mientras la digitalización incorpora un nuevo componente a las perspectivas globales del cobre. Para BHP, la inversión en inteligencia artificial, centros de datos y expansión de los sistemas eléctricos se suma a los factores que ya impulsaban el consumo del metal, como las energías renovables y la electrificación del transporte. Una transformación tecnológica que, detrás de chips y servidores, también empieza a multiplicar las necesidades de infraestructura física y materias primas.








