Usar la inteligencia artificial para revisar contratos, medir con cautela las inversiones tecnológicas y adoptar la transparencia como una política permanente. Esas son tres reglas que Mark Cuban considera necesarias para dirigir una empresa ante el avance de la IA.
El empresario estadounidense posee una fortuna estimada en US$ 6.000 millones y ocupó el puesto 674 en el ranking de multimillonarios de Forbes al 28 de julio. Aunque dejó el panel de Shark Tank, donde participó entre 2011 y 2025, mantiene una fuerte influencia entre emprendedores y directores ejecutivos.
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La IA como herramienta para revisar contratos
Cuban explicó que muchas compañías desconocen cuánto dinero pierden en sus planes de salud. Según su planteo, las áreas de Recursos Humanos suelen delegar la toma de decisiones en brokers, administradores externos y gestores de beneficios farmacéuticos. Esa dependencia puede ocultar comisiones, sobreprecios y condiciones perjudiciales.

El empresario contó que recomendó a un CEO que reuniera los contratos vinculados a la cobertura médica de su compañía, los cargara en una plataforma de IA generativa y le pidiera que identificara los puntos problemáticos. Entre las herramientas mencionó Claude, ChatGPT, Grok y Gemini.
La consulta significa “¿Dónde me están estafando?”. Cuban aseguró que el resultado suele sorprender a los ejecutivos porque expone costos y compromisos que quedaron escondidos entre documentos extensos.
La recomendación también puede trasladarse a acuerdos con proveedores, licencias de software o estructuras de comisiones. La tecnología permite hacer una primera lectura y señalar los apartados que requieren el análisis de un abogado o un especialista. No reemplaza esa revisión profesional, pero reduce el tiempo de búsqueda.
Cuban agregó una advertencia legal. Las decisiones que toma un intermediario pueden recaer sobre la empresa, su dueño o su CEO. Una delegación interna no elimina esa responsabilidad ante una demanda de empleados o ante una auditoría.
El riesgo de invertir de más en centros de datos para IA
Su segunda regla apunta a evitar inversiones basadas únicamente en el entusiasmo por la tecnología. En un fragmento del podcast All-In, cuestionó el dinero que compañías como Google y Meta destinan a centros de datos para sostener el desarrollo de la IA.
Una parte de esa infraestructura se financió con deuda, lo que implica que la demanda de energía y de capacidad de cómputo permanecerá elevada. Cuban advirtió que una mejora significativa en la eficiencia de los modelos podría alterar esas proyecciones.

El empresario comparó el proceso con la evolución de la fibra óptica. La capacidad pasó de 1 GB a 10 GB y luego a 100 GB, hasta que el ancho de banda dejó de representar el mismo límite. Si los sistemas de IA necesitaran menos energía y potencia, varias instalaciones podrían quedar sobredimensionadas.
Algunos centros de datos podrían terminar convirtiéndose en “pickleball courts”, es decir, canchas de pickleball. La comparación refleja el peligro de invertir miles de millones en activos cuya utilidad puede disminuir antes de recuperar el capital.
La transparencia como ventaja en la era de la IA
La tercera clave de Cuban no se refiere al uso directo de la inteligencia artificial, sino a una exigencia que gana peso entre empresas con mayor acceso a datos y consumidores capaces de comparar precios en segundos. Para el empresario, la transparencia debe formar parte del modelo de negocio y no limitarse a una campaña promocional.
La compañía publica sus costos y modifica los precios cuando obtiene mejores condiciones de un proveedor. En una de sus publicaciones recientes, Cuban compartió la reducción de un medicamento de US$ 11,77 a US$ 8,98. La empresa explicó que no espera una campaña promocional para trasladar una baja de costos al consumidor.
Esa política convierte la claridad de precios en parte del modelo de negocio. También exige que una compañía pueda explicar márgenes, comisiones y decisiones comerciales sin depender de una oferta temporal.








