La expansión de la inteligencia artificial abrió una nueva oportunidad para Vaca Muerta. Hoy, el negocio energético ya no pasa solo por exportar gas natural o vender electricidad al sistema. Y el motivo es que apareció una nueva oportunidad para el sector gracias al avance de los data centers, que está obligando a las grandes tecnológicas a buscar energía propia, estable y disponible las 24 hora.
En ese escenario, el gas neuquino aparece como un recurso clave para alimentar centros de cómputo y transformar producción energética en servicios digitales de mayor valor agregado.
El caso Chevron-Microsoft puso el tema en el centro de la agenda energética. La petrolera firmó un acuerdo de compra de energía por 20 años para abastecer un data center de Microsoft en Pecos, Texas, bajo el proyecto Kilby. La planta prevé 2,67 GW de capacidad dedicada y el suministro se prevé para 2028, si la inversión final recibe aprobación antes de fin de 2026.
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¿Por qué la inteligencia artificial necesita más energía firme?
La IA cambió la ecuación energética de los data centers. La Agencia Internacional de Energía estimó que estos centros consumirán cerca de 945 TWh en 2030, más del doble frente al nivel de 2024. A la vez, proyectó que los servidores acelerados, utilizados sobre todo para IA, aumentarán su consumo a un ritmo anual cercano al 30%. Estados Unidos y China explicarían casi el 80% del incremento global previsto hacia el final de la década.
Ese salto no exige solo electricidad barata. Exige potencia continua, sin cortes y con plazos de conexión compatibles con inversiones que se miden en decenas de miles de millones de dólares. Por eso gana lugar el modelo behind the meter, donde la generación se ubica al lado del consumo y reduce la dependencia de redes saturadas. Bain marcó que el acceso a energía pasó a ser el gran filtro para nuevos data centers y que esos proyectos, en Estados Unidos, recurren sobre todo a generación independiente con gas natural.
Para una petrolera, el atractivo financiero es evidente. En vez de vender gas sujeto a ciclos de precio, puede transformar parte de su producción en electricidad y colocarla bajo contratos largos con clientes tecnológicos. Esa lógica reduce volatilidad y acerca a las compañías energéticas a un negocio con demanda de largo plazo. Chevron ya evalúa replicar acuerdos similares en otras regiones de Estados Unidos, tras el primer paso con Microsoft.
¿Cómo puede Vaca Muerta pasar de vender gas a vender cómputo?
Neuquén ya empezó a instalar esa idea. En mayo de 2026, el COPADE planteó que Vaca Muerta podía avanzar hacia un modelo Gas to Digital, basado en usar gas natural para alimentar data centers, plataformas de inteligencia artificial, servicios en la nube y procesamiento de datos. Rubén Etcheverry, titular del organismo, lo sintetizó con una frase que marca el nuevo argumento provincial. “Vaca Muerta puede exportar energía, pero también puede exportar procesamiento de datos y servicios digitales”.
La base energética existe. La EIA de Estados Unidos indicó que Vaca Muerta representa más del 70% de la producción argentina de gas natural y llegó al 74% en septiembre de 2024. Reuters, a su vez, informó que el superávit comercial energético argentino podría ubicarse entre US$ 8.500 millones y US$ 10.000 millones en 2026, impulsado por el desarrollo del shale neuquino.
La comparación con el sistema eléctrico argentino muestra la escala del desafío. CAMMESA registró un récord de potencia de verano de 30.257 MW el 10 de febrero de 2025. Un data center de 500 MW equivaldría a cerca del 1,7% de ese pico. Un campus de 2.000 MW, como el pensado para Microsoft en Texas, representaría casi 6,6%. La planta de 2,67 GW del proyecto Kilby llegaría a casi 8,8% de ese máximo.
Argentina ya ingresó en esa conversación. OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intención para estudiar un data center en el país con inversión potencial de hasta US$ 25.000 millones y capacidad de hasta 500 MW, bajo el régimen RIGI. Reuters señaló que, si se concreta, sería una de las mayores iniciativas de infraestructura tecnológica y energética del país.
¿Qué falta para que Argentina sea un hub de data centers de IA?
Tener gas no alcanza. Un data center de IA requiere potencia firme, contratos de largo plazo, fibra óptica, permisos, seguridad jurídica, refrigeración eficiente, disponibilidad de agua o tecnologías que reduzcan su uso, y reglas claras para conectar generación, consumo y red. Esa brecha separa a una provincia con recursos energéticos de un verdadero polo de infraestructura digital.
El Súper RIGI busca atraer proyectos de inteligencia artificial, semiconductores, biotecnología e infraestructura digital estratégica con beneficios fiscales y estabilidad de largo plazo. Pero la discusión recién empieza. Econojournal citó un informe crítico que advirtió sobre la falta de exigencias en investigación local, empleo calificado y encadenamientos productivos.
El otro debate pasa por el impacto ambiental. La energía a gas resuelve velocidad y firmeza, pero agrega emisiones en un momento en el que las tecnológicas prometen descarbonizar sus operaciones. Microsoft, por ejemplo, avanzó con compras renovables en Texas, aunque su proyecto de Pecos se apoya inicialmente en generación a gas dedicada. La tensión entre contratos verdes y suministro físico real será uno de los puntos más sensibles del negocio.
La oportunidad para Vaca Muerta no consiste en cambiar petróleo y gas por servidores de un día para otro. El verdadero giro sería usar parte de su ventaja energética para capturar una porción de la renta digital que hoy se concentra en las grandes tecnológicas. En lugar de exportar solo moléculas, Neuquén podría vender electricidad transformada en cómputo, datos y servicios globales. Ese es el negocio que empezó a mirar la industria.








