La red detrás de la IA

La empresa familiar que casi nadie conoce, factura US$ 9.700 millones y es clave para el futuro de la IA



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Southwire, dueña de una porción central del cableado eléctrico estadounidense, acelera sus inversiones por US$ 1.800 millones ante el avance de los centros de datos y el salto en la demanda de energía.

Publicado el 6 de jul de 2026

Franco Della Vecchia

Secretario de Redacción



Un operario en un montacargas transporta una gran bobina de cable con el logo de southwire dentro de una planta industrial.
Southwire fabrica cables y conductores para redes eléctricas, un insumo central para centros de datos y proyectos de IA con alta demanda energética. (Foto: Southwire)

Southwire quedó en el centro de una necesidad que atraviesa a toda la industria tecnológica. La empresa familiar fabrica cables, conductores y sistemas eléctricos destinados a la distribución de energía en Estados Unidos. Ese insumo, casi invisible para el consumidor final, ganó un peso decisivo por el avance de los centros de datos que alimentan a la inteligencia artificial.

La compañía, fundada en Carrollton, Georgia, facturó US$ 9.700 millones en 2025 y alcanzó un récord de ingresos. El salto se explica por la suba del precio del cobre, la demanda de infraestructura eléctrica posterior a la pandemia y el desarrollo de nuevos centros de datos. Ese último factor convirtió a una firma industrial de bajo perfil en una pieza clave para el futuro de la IA.

La familia Richards conserva el 100% de la compañía y, según estimaciones de Forbes, acumula una fortuna de unos US$ 13.100 millones. El dato ubica al grupo entre las familias más ricas de Estados Unidos, aunque la empresa mantiene una exposición pública muy inferior a la de las grandes tecnológicas.

Imagen en blanco y negro de una bobina de cable con la marca Southwire en Carrollton, Georgia.
La foto histórica muestra el origen industrial de Southwire, una empresa familiar que pasó de fabricar cables en Georgia a ser clave para la infraestructura eléctrica que demanda la IA. (Foto: Southwire)

En Carrollton, en cambio, el nombre Southwire forma parte de la vida cotidiana. La ciudad tiene cerca de 28.000 habitantes y la compañía emplea a una parte importante de su comunidad. La marca también se asocia con programas educativos locales, entre ellos “12 for Life”, una iniciativa que une la formación escolar con el trabajo en un espacio fabril adaptado y que ayudó a elevar las tasas de graduación secundaria.

Una fábrica familiar que creció junto con la red eléctrica de Estados Unidos

Roy Richards fundó Southwire en 1950, después de una experiencia que marcó su carrera. A fines de la década de 1930, volvió al condado de Carroll tras graduarse de Georgia Tech con un objetivo concreto. Quería llevar electricidad a la casa de su abuela. Ese proyecto derivó en Richards & Associates, una firma que tendió 5.633 kilómetros de cable en zonas rurales de Estados Unidos con apoyo de préstamos federales.

La Segunda Guerra Mundial frenó ese primer negocio. Richards ingresó al ejército y, al volver, se encontró con un problema que alteró sus planes. Los postes que había construido no servían sin cables, un insumo escaso en la posguerra y con demoras de entrega de hasta cuatro años. Esa dificultad abrió la puerta a Southwire, que nació con US$ 80.000 de capital, maquinaria usada y 12 empleados.

En apenas dos años, la nueva empresa distribuyó 2,27 millones de kilos de alambre. Su avance más importante llegó en 1963, cuando desarrolló el sistema de varillas continuas, una innovación que automatizó etapas del proceso de fundición de cobre y aluminio. La compañía afirma que esa tecnología participa en la fabricación de cerca del 50% de las varillas de cobre del mundo, un material central para cables y conductores eléctricos.

Powering Distribution | Made Possible with Southwire
(Fuente: Southwire)

La estrategia de Richards consistió en avanzar por distintas partes de la cadena productiva. Sumó fundición de aluminio, luego de cobre y, más tarde, actividades vinculadas a palés, bobinas, gas y petróleo durante la crisis energética de los años setenta. Esa estructura le dio escala, aunque también la dejó expuesta a deudas y a cambios bruscos en los precios de los metales.

Tras la muerte del fundador en 1985, su hijo, Roy Richards Jr., tomó el mando. La compañía atravesaba un período complejo. La recuperación se dio mediante mejoras productivas, mayores ventas internacionales e innovación. En la década siguiente, los ingresos se multiplicaron por cuatro y llegaron a US$ 2.000 millones.

El boom de los centros de datos puso a Southwire en el radar de la IA

La demanda de energía de los centros de datos cambió la escala del negocio eléctrico. La inversión en estas instalaciones se cuadruplicó entre 2021 y 2025, mientras que en Estados Unidos hay alrededor de 1.500 nuevos proyectos en desarrollo. Los chips de GPU que usan los sistemas de IA consumen entre dos y cuatro veces más electricidad que los chips tradicionales.

Ese salto presiona a las empresas de servicios públicos, a los operadores de infraestructura y a los fabricantes de equipamiento eléctrico. Southwire aparece en ese grupo por el peso de sus cables de alta resistencia, necesarios para ampliar redes y alimentar instalaciones con consumos cada vez mayores. En noviembre de 2024, la empresa triplicó el tamaño de una planta en Carolina del Norte dedicada a productos de alta capacidad, entre ellos los que pueden usarse en centros de datos de IA.

Foto histórica de la familia Richards en un bosque, parte de la historia familiar detrás de Southwire.
La familia Richards conserva el 100% de Southwire, la compañía industrial de Georgia que creció con el negocio del cableado eléctrico en Estados Unidos. (Foto: Southwire)

La compañía también invirtió US$ 1.800 millones para modernizar instalaciones y elevar su capacidad productiva. El movimiento llegó en un momento de fuerte tensión para el sistema energético. Para 2030, la demanda eléctrica de los centros de datos impulsados por IA podría subir un 175%.

Sin embargo, en zonas rurales de Estados Unidos, algunos vecinos cuestionaron el ruido de los centros de datos y el posible impacto en las tarifas de electricidad. Georgia, el estado donde nació Southwire, incluso discutió un proyecto para impedir que los gobiernos locales autoricen nuevos centros de datos hasta 2028. Carrollton ya cuenta con una instalación de ese tipo y tiene otra en construcción en las cercanías.

Southwire nunca salió a cotizar en Bolsa y sus dueños evitaron la exposición pública que otros grupos de ese tamaño suelen buscar. Esa reserva, cultivada durante décadas en Carrollton, quedó atada a un negocio que hoy abastece una de las obras más exigentes de la economía tecnológica. La familia Richards mantuvo la empresa lejos de Wall Street, pero sus cables ya forman parte de la infraestructura que define hasta dónde podrá crecer la IA en Estados Unidos.

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