Tecnología minera

Nuevos proyectos mineros en Argentina: por qué el CIO debe entrar antes en las decisiones de inversión



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Argentina suma nuevos proyectos y ampliaciones mineras. Para el CIO, participar desde las primeras etapas es clave para evitar que las decisiones tecnológicas de hoy se conviertan en costos, riesgos y limitaciones futuras.

Publicado el 25 de ago de 2026

Redacción InnovaciónDigital360

Equipo editorial experto en tecnología e innovación empresarial



Profesionales con cascos revisan una tablet frente a una operación a cielo abierto, con planta de procesamiento y maquinaria, en el contexto de nuevos proyectos mineros en Argentina.
La expansión de nuevos proyectos mineros en Argentina obliga a definir desde etapas tempranas aspectos como arquitectura tecnológica, integración IT/OT, ciberseguridad y gobierno de datos, decisiones en las que el CIO puede tener un papel estratégico.

La nueva etapa de inversión minera en Argentina no se juega solamente en geología, financiamiento, infraestructura física y permisos. También se juega en decisiones tecnológicas que, una vez incorporadas a un proyecto de gran escala, pueden acompañarlo durante años.

El contexto ayuda a dimensionar el momento. Durante 2025, las exportaciones mineras argentinas alcanzaron los US$6.073 millones y crecieron 30% interanual, de acuerdo con los datos oficiales de la Secretaría de Minería. Oro, litio y plata concentraron más del 95% del monto exportado.

Al mismo tiempo, durante 2026 avanzaron bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) proyectos nuevos y ampliaciones de operaciones existentes en distintas provincias. Son iniciativas diferentes entre sí, pero plantean una cuestión común para las áreas de tecnología: buena parte de la futura arquitectura digital comienza a definirse mientras todavía se diseña, construye o amplía la infraestructura productiva.

Para el CIO, eso cambia el momento de la conversación. Esperar a la puesta en marcha para definir cómo se integrarán los sistemas, quién controlará los datos o qué requisitos deberá cumplir un proveedor puede ser demasiado tarde.

La nueva inversión minera argentina también plantea decisiones tecnológicas

El mapa actual combina desarrollos nuevos con extensiones de operaciones ya existentes.

En Mendoza, la Resolución 801/2026 del Ministerio de Economía aprobó la adhesión al RIGI de PSJ Cobre Mendocino, que contempla una mina a cielo abierto y una planta concentradora con capacidad estimada para procesar 10 millones de toneladas anuales de mineralización de cobre y oro.

Entre Salta y Catamarca, la Resolución 562/2026 aprobó el plan correspondiente a Diablillos, que comprende actividades de factibilidad, una futura planta de procesamiento de oro y plata con capacidad nominal de 3,15 millones de toneladas anuales y la infraestructura necesaria para el proyecto.

En paralelo existen importantes ampliaciones. La Resolución 825/2026 autoriza el proyecto de expansión de Cauchari-Olaroz, en Jujuy, para sumar 45.000 toneladas anuales de carbonato de litio equivalente mediante una línea productiva adicional, nuevos pozos, pozas de evaporación e infraestructura complementaria.

En Catamarca, la expansión de Fénix busca agregar 9.500 toneladas anuales de capacidad de carbonato de litio, según la Resolución 431/2026. Y en San Juan, la Resolución 413/2026 aprobó las fases 8 y 9 del sistema de lixiviación de Veladero, con nuevas plataformas y obras complementarias.

ProyectoProvinciaTipo de iniciativa respaldada oficialmente en 2026
PSJ Cobre MendocinoMendozaNuevo desarrollo de cobre y oro, mina y planta concentradora
DiablillosSalta-CatamarcaFactibilidad, planta e infraestructura para oro y plata
Cauchari-OlarozJujuyAmpliación de capacidad de producción de litio
FénixCatamarcaExpansión de una operación de litio existente
VeladeroSan JuanNuevas fases de infraestructura de una operación existente

Las resoluciones no establecen cuál debe ser el papel del CIO ni cómo debe diseñarse la tecnología de cada proyecto. Pero la escala y la vida útil de la infraestructura que describen plantean una cuestión difícil de ignorar: una decisión tecnológica tomada durante la construcción puede terminar condicionando la operación mucho después de que finalice el proyecto de ingeniería.

El riesgo de que IT llegue cuando las decisiones ya están tomadas

Una operación minera reúne tecnologías con ciclos de vida muy diferentes. Equipos de proceso, sistemas de control industrial, redes, aplicaciones corporativas, sensores, bases de datos y software especializado no necesariamente evolucionan al mismo ritmo.

Además, en la construcción participan múltiples actores: ingeniería, operaciones, mantenimiento, contratistas, fabricantes de equipamiento, integradores y proveedores de automatización.

Cada uno puede resolver correctamente su parte y, aun así, dejar como resultado una arquitectura difícil de gobernar en conjunto.

Ahí es donde el CIO puede aportar una mirada que excede la elección de una herramienta. Antes de aprobar una solución, aparecen preguntas como: ¿cómo se integrará?, ¿qué datos generará?, ¿quién podrá acceder a ellos?, ¿qué dependencia crea respecto del proveedor?, ¿cómo se actualizará?, ¿cómo se protegerá? y ¿qué ocurrirá cuando llegue el momento de reemplazarla?

No es una preocupación exclusivamente tecnológica. El informe Top 10 business risks and opportunities for mining and metals in 2026, de EY ubica a la complejidad operativa como el principal desafío del sector.

La consultora también advierte que los beneficios de las iniciativas digitales y de IA siguen limitados, entre otros factores, por los datos aislados en silos y la falta de alineación con las necesidades del negocio.

El mensaje para un CIO que participa en un proyecto nuevo es concreto: integrar después suele ser más difícil que diseñar criterios comunes antes.

Seis decisiones que conviene resolver antes de la puesta en marcha

No significa que el CIO tenga que seleccionar cada dispositivo industrial. Su función es asegurar que las decisiones particulares puedan convivir dentro de una arquitectura gobernable.

FrentePregunta que debería aparecer temprano
Arquitectura¿La solución puede integrarse con el resto del ecosistema o funciona como una isla?
IT y OT¿Cómo se separarán y conectarán de forma controlada los entornos corporativos e industriales?
Datos¿Quién podrá acceder, extraer y reutilizar la información generada?
Ciberseguridad¿Los requisitos de seguridad forman parte del diseño y la compra o se incorporarán después?
Proveedores¿Qué dependencia tecnológica y contractual crea la decisión?
Ciclo de vida¿Cómo se mantendrá, actualizará y eventualmente reemplazará la tecnología?

Particularmente en ciberseguridad, involucrarse antes también tiene respaldo en marcos internacionales. El Cybersecurity Framework 2.0 del NIST recomienda realizar planificación y due diligence antes de establecer relaciones formales con proveedores e integrar los requisitos de riesgo de ciberseguridad en contratos y acuerdos con terceros.

Para entornos industriales, el NIST Guide to Operational Technology Security añade otra particularidad: la seguridad de OT debe contemplar requisitos propios de disponibilidad, confiabilidad y seguridad física. Es decir, no puede trasladarse sin más el modelo de IT corporativa a una planta industrial.

El contrato con el proveedor también es una decisión de arquitectura

Una de las discusiones más relevantes puede ocurrir incluso antes de instalar el sistema: durante la compra.

El precio y la funcionalidad son apenas una parte de la evaluación. Para una tecnología que puede permanecer años dentro de una operación también importan las APIs disponibles, los formatos de exportación, los derechos sobre los datos, las actualizaciones, el soporte, las condiciones de ciberseguridad y la posibilidad de migrar a otra solución.

La pregunta no debería ser solamente qué puede hacer el proveedor hoy, sino qué margen de maniobra conservará la compañía mañana.

Esto resulta especialmente importante en minería porque el ciclo de vida del activo físico puede superar ampliamente al de algunos componentes digitales asociados. Una plataforma de software puede cambiar varias veces mientras la planta, el proceso o el equipo al que está vinculada siguen funcionando.

Dejar ese problema para la etapa operacional aumenta el riesgo de que una decisión originalmente táctica se transforme en dependencia tecnológica.

Greenfield y brownfield: el CIO enfrenta dos problemas distintos

Los nuevos desarrollos ofrecen una oportunidad poco frecuente: definir estándares antes de acumular deuda tecnológica.

En un proyecto que parte desde cero, el CIO puede ayudar a establecer desde el diseño principios de integración, identidad, acceso a datos, segmentación de redes, gestión de activos tecnológicos y requisitos mínimos para proveedores.

Pero empezar desde cero no garantiza una buena arquitectura. También existe el riesgo de sobredimensionar, incorporar tecnología sin un caso de negocio claro o diseñar la operación alrededor de soluciones que todavía no demostraron valor.

Las ampliaciones presentan el desafío contrario. En Cauchari-Olaroz, Fénix o Veladero, por ejemplo, las resoluciones oficiales de 2026 describen inversiones que deben incorporarse sobre operaciones preexistentes. Allí la pregunta pasa a ser cómo sumar nuevas capacidades sin generar una segunda arquitectura paralela ni comprometer la continuidad de lo que ya funciona.

Para un CIO, ese escenario obliga a entender primero el mapa heredado: qué aplicaciones existen, qué interfaces están disponibles, qué sistemas son críticos, qué equipamiento ya no admite actualizaciones y dónde se encuentran las principales dependencias.

Los datos deberían durar más que la plataforma que los produce

Hay otro punto que debería discutirse durante la inversión: los datos.

El Tracking the Trends 2026 de Deloitte para minería y metales identifica a los datos, la inteligencia artificial y los nuevos modelos operativos entre los factores que están transformando la forma de mejorar el desempeño minero.

Pero para aprovecharlos, la compañía tiene que poder acceder a ellos.

Un sistema puede cumplir perfectamente su función operacional y, al mismo tiempo, limitar la posibilidad de utilizar sus datos en mantenimiento predictivo, analítica, optimización energética o futuras aplicaciones de inteligencia artificial.

Por eso, para el CIO, el gobierno de datos comienza antes de que exista el primer dashboard. Empieza cuando se define qué información producirá cada activo, en qué formato estará disponible, quién podrá utilizarla y cómo se integrará con el resto de la organización.

La deuda de datos también puede nacer durante la construcción.

América Latina enfrenta la misma combinación de expansión y modernización

Argentina no está sola frente a este desafío.

La Cartera de Proyectos de Inversión Minera 2026 del Ministerio de Energía y Minas de Perú reúne 66 proyectos por una inversión estimada de US$64.075 millones, distribuidos en 19 departamentos.

Chile presenta una escala todavía mayor. La Cartera de Proyectos de Inversión Minera 2025-2034 de Cochilco alcanza los US$104.549 millones. Y hay un dato particularmente útil para entender hacia dónde se dirige la región: el 81% de las iniciativas de esa cartera son brownfield, es decir, expansiones, reposiciones o desarrollos sobre activos existentes.

Es una señal relevante para Argentina. La transformación tecnológica de la minería latinoamericana no ocurrirá únicamente construyendo operaciones desde cero. Buena parte deberá producirse mientras las minas continúan funcionando.

Cinco preguntas para hacer antes de aprobar la próxima tecnología

Ante una nueva inversión, el CIO puede utilizar un filtro relativamente simple:

  1. ¿Esta tecnología encaja en la arquitectura que queremos tener dentro de cinco o diez años?
  2. ¿Podremos acceder, integrar y reutilizar los datos que genere?
  3. ¿Qué sucede si dentro de algunos años necesitamos cambiar de proveedor?
  4. ¿Cómo se actualizará y protegerá durante toda su vida útil?
  5. ¿La decisión resuelve únicamente una necesidad actual o también deja preparada a la operación para capacidades futuras?

No se trata de intentar anticipar qué tecnología dominará la minería en 2035. Eso sería imposible. El desafío es otro: evitar que las decisiones que se toman hoy cierren innecesariamente las opciones de mañana.

Con nuevos proyectos y ampliaciones avanzando en distintas provincias argentinas, el CIO tiene una oportunidad poco habitual para participar antes de que la arquitectura quede fijada por la suma de decisiones individuales. En minería, donde activos físicos y sistemas digitales conviven durante ciclos muy largos, entrar temprano puede ser mucho más valioso que intentar integrar todo cuando la operación ya está en marcha.


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