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La fiebre de los “neolabs”: empresas de IA que levantan fortunas sin prometer ganancias



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El caso de Ineffable Intelligence, fundada por el ex Google DeepMind David Silver, expone la nueva lógica del capital de riesgo, con fondos que pagan precios distintos en una misma ronda, valuaciones que saltan de US$ 55 millones a US$ 4.000 millones en semanas y una carrera por capturar la próxima gran promesa de la IA.

Publicado el 25 de jun de 2026

Franco Della Vecchia

Secretario de Redacción



La fiebre de los “neolabs”

Una startup de IA sin productos en el mercado, sin ingresos visibles y con un plan todavía lejano para vender tecnología reunió US$ 1.100 millones en una ronda inicial. La empresa se llama Ineffable Intelligence y su caso ayuda a entender una nueva etapa del capital de riesgo, atravesada por apuestas gigantescas, valuaciones que suben en semanas y laboratorios que prometen empujar la frontera de la inteligencia artificial antes de pensar en clientes.

Detrás del proyecto aparece David Silver, ex científico de Google DeepMind y una de las figuras más reconocidas del aprendizaje por refuerzo. Su idea apunta a crear entornos digitales donde los sistemas de IA aprendan por su cuenta, sin depender de datos externos ni de intervención humana constante. El planteo sedujo a inversores de peso, pese a que algunos salieron de la presentación con más dudas que certezas.

La historia ganó fuerza gracias a una cifra que impactó al mercado. Ineffable Intelligence fue valuada en US$ 5.100 millones tras su ronda inicial, una marca que la ubicó entre los casos más llamativos de Europa. La financiación se estructuró en tramos, una práctica cada vez más utilizada por startups de IA que necesitan capital considerable al comienzo de su vida.

Primero, la compañía captó US$ 11 millones de Sequoia y otros inversores, con una valuación previa cercana a US$ 55 millones. Semanas más tarde, sumó US$ 1.100 millones adicionales con una valuación previa de US$ 4.000 millones. En los hechos, una misma empresa pasó a valer más de 70 veces en poco tiempo, sin que mediara un producto comercial ni resultados financieros.

La mecánica de las rondas por tramos

Las rondas por tramos permiten que distintos inversores entren a precios diferentes dentro de una misma operación. Un fondo líder puede aportar capital temprano con una valuación más baja y luego atraer a otros jugadores con una cifra mucho más alta.

De esta forma, una compañía acaba de levantar US$ 1.100 millones a una valuación multimillonaria, aunque parte de la operación ocurrió a un precio muy distinto.

Dólares.
Las rondas por tramos permiten que distintos inversores entren a precios diferentes dentro de una misma operación.

La práctica no quedó limitada a los neolabs, como suele llamarse a los laboratorios de investigación de inteligencia artificial (IA).

Baseten, una compañía de infraestructura para empresas que desarrollan y gestionan herramientas de IA, recaudó US$ 1.500 millones en dos tramos, uno con valuación de US$ 11.000 millones y otro de US$ 13.000 millones. Otros nombres del sector, como Aaru y Serval, también apelaron a estructuras similares.

Para los fondos, quien entra en una primera etapa, puede quedarse con una participación más atractiva. Quien llega después acepta pagar más para no quedar afuera de una posible nueva generación de gigantes de la IA. La memoria de oportunidades perdidas, como OpenAI o Anthropic, pesa en cada comité de inversión.

Talento, reputación y riesgo

En las startups de IA, el capital inicial no se destina solo a oficinas o equipos comerciales. Los laboratorios de frontera consumen enormes cantidades de cómputo, sobre todo GPU, y compiten por investigadores con paquetes de compensación millonarios. Por eso, muchos proyectos nacen con necesidades de caja más parecidas a las de una gran empresa que a las de una startup tradicional.

Los grandes jugadores tecnológicos también aparecen en estas rondas. Empresas como Nvidia, Google o Microsoft pueden mirar estas inversiones con otra lógica, porque el dinero que aportan puede regresar luego en contratos de chips, nube o infraestructura.

El caso de Ineffable Intelligence sumó, además, dinero vinculado al sector público británico. La empresa recibió respaldo del fondo Sovereign AI y del British Business Bank, instituciones financiadas con recursos de los contribuyentes del Reino Unido. No se conoció a qué valuación ingresaron, pero su presencia marca cómo los gobiernos también buscan participar de la próxima ola tecnológica.

Inteligencia artificial.

El riesgo cae con más fuerza sobre los empleados que aceptan paquetes de acciones después del anuncio de una ronda enorme. Si el precio de ejercicio de sus opciones queda atado a la valuación más alta, pueden asumir más riesgo por una recompensa menor. En especial si la empresa demora años en vender productos, no sale a bolsa o nunca encuentra un negocio sustentable.

La fiebre tiene una explicación simple, aunque sus consecuencias todavía resulten inciertas. Los inversores quieren acceso a las mejores compañías antes que sus competidores. Los fundadores quieren capital, talento y prestigio. Y el mercado premia los titulares que prometen una nueva era de IA. Ineffable Intelligence todavía debe probar que su apuesta puede convertirse en tecnología útil. Por ahora, ya demostró que una buena historia, un fundador con credenciales y la presión por no quedar afuera pueden valer US$ 1.100 millones.

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