Integrar sistemas se convirtió en una necesidad central para bancos, billeteras virtuales, comercios digitales y grandes compañías que incorporan nuevas herramientas sin reemplazar toda su infraestructura.
En ese mercado opera Conexa, una startup argentina que desarrolló una plataforma de inteligencia artificial para automatizar las conexiones entre servicios tecnológicos. Su propuesta reduce los procesos que antes requerían meses de programación, reduce los costos de implementación y acelera la incorporación de tecnología.
La empresa ya superó los 100 clientes y trabaja en México, España, Estados Unidos, Colombia, Chile y Argentina, con Mercado Libre, Santander, Visa, Mastercard, BBVA, MODO, Pomelo, Telecom, Tiendanube y Rappi.
Durante los últimos cuatro años, la facturación creció a un ritmo promedio interanual del 58%, mientras que México aportó cerca del 30% de los ingresos. La plataforma conecta bancos, medios de pago, tiendas online, sistemas de gestión y servicios internos que suelen operar con lenguajes o estructuras diferentes. En lugar de exigir una renovación completa, Conexa funciona sobre la infraestructura existente y crea vínculos entre herramientas que antes permanecían aisladas.
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De una oficina en Acassuso al salto internacional

La historia de la compañía comenzó en una oficina modesta de Acassuso, lejos de las grandes rondas de inversión que suelen rodear a las firmas tecnológicas. James Daintree impulsó el proyecto sin formación técnica y con una estructura mínima. En los primeros tiempos cubrió distintas funciones bajo nombres y correos electrónicos diferentes para transmitir una capacidad operativa mayor. Su dislexia, que durante la etapa escolar complicó sus estudios, se transformó en una forma distinta de resolver problemas.
La pandemia marcó el primer gran punto de inflexión. Conexa ya tenía listo su producto de integración un año antes de que las grandes empresas aceleraran la digitalización de sus operaciones. Cuando bancos, comercios y compañías de servicios necesitaron reforzar sus plataformas, la startup pudo ofrecer una solución terminada, en un momento en el que el mercado pagaba por velocidad y continuidad operativa. Esa ventaja abrió la puerta a contratos con organizaciones de mayor tamaño y validó un modelo centrado en resolver conexiones complejas.
El diseño comercial apunta a relaciones de largo plazo. Conexa busca resolver nuevas necesidades a medida que el cliente incorpora herramientas, abre canales o modifica procesos. Ese esquema aumenta los ingresos por cuenta y reduce la dependencia de ventas aisladas.

También favorece la permanencia de los contratos, ya que las integraciones se convierten en parte de la operación cotidiana. La empresa sostiene su ventaja en la rapidez de implementación y el ahorro frente al desarrollo interno.
Capital propio y expansión hacia sectores tradicionales
A diferencia de muchas startups, Conexa creció sin capital externo durante sus primeros años. El equipo usó su conocimiento, reinvirtió sus ingresos y formó una cultura interna orientada a resolver problemas concretos.
El financiamiento solo resulta útil cuando aporta experiencia, contactos o capacidades además de dinero. Bajo esa lógica, la prioridad consistió en validar la demanda, cuidar la sustentabilidad del negocio y mantener una propuesta clara antes de buscar inversores. El recorrido contrastó con la práctica de priorizar la captación de fondos como meta principal, antes de comprobar si el producto podía generar ingresos y retener clientes.
El próximo capítulo apunta a industrias tradicionales, con especial interés en la construcción y las cementeras de México, sectores con alta facturación y procesos que todavía dependen de sistemas fragmentados.








