Con 27 años, Anirudh Sharma dirige una empresa valuada en US$ 200 millones que busca ocupar un lugar importante dentro del negocio mundial de la defensa espacial. Su startup, Digantara Industries, recibió US$ 65 millones desde su creación y ya trabaja con organismos gubernamentales de India, Estados Unidos, Singapur y Tailandia.
La compañía ganó visibilidad internacional en enero de 2025, cuando un cohete Falcon 9 de SpaceX llevó a órbita su satélite SCOT. El equipo fue diseñado para rastrear objetos de apenas 5 centímetros y la empresa lo presentó como el primer satélite comercial dedicado a la vigilancia espacial.
El próximo paso de Sharma apunta a transformar la compañía en un complejo industrial de defensa. Para alcanzar esa meta, planea adquirir empresas más pequeñas, ampliar su red de satélites y desarrollar sistemas capaces de detectar lanzamientos de misiles. La última ronda de inversión aportó US$ 50 millones y contó con el respaldo de Reliance Industries, el grupo controlado por el multimillonario indio Mukesh Ambani.
Digantara nació como una herramienta para localizar basura espacial. Con el avance del negocio, la empresa amplió su tecnología para analizar el movimiento de objetos en órbita y anticipar posibles amenazas. Su plataforma combina sensores propios con programas que procesan datos casi en tiempo real.
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Una startup que creció al ritmo de la tensión geopolítica
El interés de los gobiernos por vigilar el espacio aumentó tras la invasión rusa de Ucrania. Las imágenes tomadas por satélites pasaron a desempeñar un papel central en la estrategia militar y evidenciaron la dependencia de las fuerzas armadas respecto de la infraestructura orbital.

Digantara aprovechó ese cambio. La empresa desarrolla una red de satélites con sensores que identifica objetos, analiza sus trayectorias y estima sus intenciones. Esa información permite que un país reciba alertas tempranas ante un posible lanzamiento de misiles o un movimiento sospechoso en el espacio.
El gasto público acompañó esta transformación. La Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos calculó que Golden Dome, el sistema de defensa antimisiles impulsado por el presidente Donald Trump, podría costar hasta US$ 1,2 billones en los próximos 20 años. La Agencia Espacial Europea destinó cerca de US$ 1.600 millones al fortalecimiento de sus capacidades.
India también amplió su red de satélites espía tras el conflicto con Pakistán. El país incorporó herramientas de observación nocturna para cubrir zonas que habían quedado fuera de su sistema de vigilancia.
La demanda abrió una oportunidad comercial para Digantara. El mercado mundial de vigilancia espacial y detección de amenazas podría pasar de US$ 1.700 millones en 2025 a US$ 2.400 millones en 2033, según Grand View Research.
La startup consiguió su primer contrato gubernamental en Singapur durante 2022. Luego sumó a Tailandia y obtuvo acuerdos con India y Estados Unidos. Cerca del 80% de los ingresos anuales provinieron de organismos públicos. Los operadores privados de satélites aportaron el porcentaje restante.

La compañía facturó alrededor de US$ 5 millones en el ejercicio que cerró en marzo de 2026. Sharma prevé alcanzar ingresos por US$ 50 millones durante el año fiscal 2028, con un resultado positivo antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.
La apuesta por Estados Unidos y los satélites militares
El sector cuenta con competidores con décadas de experiencia, como Lockheed Martin y Northrop Grumman. También aparecieron compañías jóvenes con un fuerte respaldo financiero. True Anomaly, con sede en Colorado, recaudó US$ 650 millones y alcanzó una valuación de US$ 2.200 millones.
Sharma sostiene que Digantara puede competir gracias al control de su tecnología. La empresa fabrica sensores láser y electroópticos. Su plataforma integra información obtenida en órbita y un sistema predictivo que reduce los tiempos de respuesta.
Una parte de los US$ 50 millones obtenidos en la última ronda financiará la expansión en Estados Unidos, el principal mercado mundial de defensa. Digantara creó en Colorado una compañía independiente llamada Zenith Space Technologies para cumplir con las normas que rigen a los contratistas federales.
Zenith desarrolla satélites destinados al seguimiento de misiles. La empresa obtuvo un contrato para suministrar tecnología al programa SHIELD de la Agencia de Defensa contra Misiles de Estados Unidos.

Digantara también firmó un acuerdo con la Agencia de Ciencia y Tecnología de la Defensa de Singapur. El organismo utilizará sus herramientas para controlar los satélites del país. La compañía proyecta desembarcar en Europa en 2026 y ampliar sus operaciones más allá de la órbita terrestre baja.
Actualmente cuenta con un satélite activo y planea lanzar otros 10 en los próximos 2 años. Dos estarán diseñados para detectar misiles y realizar seguimientos de alta precisión. La red se complementará con estaciones terrestres ubicadas en Chile, India y Nuevo México. También habrá instalaciones en Kazajistán y Mongolia. Namibia completará esa ampliación.
De abandonar la universidad a buscar adquisiciones globales
Sharma conoció a Rahul Rawat mientras ambos estudiaban informática en la Lovely Professional University, en el norte de la India. El tercer socio, Tanveer Ahmed, cursaba ingeniería aeroespacial en Bangalore y participaba en un proyecto estudiantil de satélites.
Los jóvenes comenzaron a contactar a especialistas para aprender a diseñar uno propio. Sharma envió cientos de correos electrónicos y recibió pocas respuestas. Un ingeniero de una agencia espacial sudamericana aceptó ayudarlos con la estructura. Ese vínculo llevó a la creación formal de Digantara Research & Technologies en 2018.
El rumbo cambió un año después, cuando un satélite que tenía componentes suministrados por la empresa chocó contra basura espacial. Los fundadores estudiaron el uso de sensores lidar para reducir el riesgo de colisiones. Sharma y Rawat abandonaron la universidad a comienzos de 2020 y se mudaron a Bangalore. Ahmed se sumó después de terminar sus estudios.

El equipo recibió una subvención gubernamental de US$ 15.000 para construir un prototipo. Tras varios intentos, ingresó al programa de incubación del Instituto Indio de Ciencias. El contacto con oficiales del ejército indio ayudó a transformar el proyecto. La compañía pasó de mapear objetos a analizar su comportamiento y su posible intención.
Digantara construyó una fábrica de 2.320 metros cuadrados en Bangalore con capacidad para ensamblar cinco satélites al mismo tiempo. También proyecta un complejo seis veces mayor en el estado de Andhra Pradesh.
Los fundadores conservarían cerca del 27% de la empresa. Entre los accionistas figuran el empresario Kumar Birla y el inversor Ronnie Screwvala, quien destacó la ambición internacional del equipo.
El plan coincide con la apertura del sector espacial indio al capital privado. El país cuenta con cerca de 400 startups vinculadas con lanzamientos, satélites y sistemas de propulsión. India aspira a captar el 8% del mercado espacial mundial para 2030. Digantara quiere ser una de las empresas que impulse ese avance.







