A pocos metros del aeropuerto de Burbank, en California, Dhar Mann Studios construyó una fábrica de contenidos capaz de estrenar series cada semana, alcanzar cerca de 300 millones de visualizaciones y facturar unos US$ 65 millones al año. Su modelo reduce costos mediante decorados reutilizables, actores sin contratos millonarios y una estructura que controla cada etapa de la producción.
La compañía opera en un complejo de aproximadamente 11.600 metros cuadrados, donde trabajan 200 personas. El lugar alberga celdas, habitaciones de hospital, tribunales y aulas que sirven como escenarios para historias breves. Los aviones que pasan sobre el techo y los trenes que sacuden las paredes forman parte del paisaje de un estudio que produce a un ritmo difícil de igualar para Hollywood.
El negocio depende de una audiencia global distribuida entre YouTube, Facebook, Instagram y TikTok. Los canales de Mann reúnen 171 millones de seguidores y ofrecen contenidos en 13 idiomas. Los ingresos provienen de la publicidad digital y de acuerdos comerciales con compañías como Adobe y Old Navy. La NFL también contrató a la empresa para llegar a públicos jóvenes, latinos y femeninos.

El sistema parte de una idea sencilla. Cada historia debe entenderse rápido, despertar una emoción clara y terminar con una lección. Los episodios suelen durar 24 minutos y presentan personajes reconocibles, como el chico popular, la víctima, el agresor o la estudiante rechazada. El conflicto avanza sin desvíos y el desenlace premia al protagonista.
Esa fórmula dio lugar a algunos de los mayores éxitos del canal. Un episodio sobre un hermano que ayuda a un joven con autismo superó las 69 millones de visualizaciones en YouTube. Otros títulos anticipan toda la trama con frases directas sobre rivalidades escolares, cambios de identidad o historias de superación.
El público sabe qué clase de experiencia recibirá y comparte los videos porque las historias apelan a emociones universales. El algoritmo también favorece esa claridad, ya que identifica con facilidad el tema de cada episodio y lo distribuye entre los usuarios interesados en contenidos similares.
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Una estructura que recorta los costos de producción
Los grandes estudios suelen invertir millones de dólares antes de saber si un programa encontrará compradores y audiencia. Dhar Mann Studios publica cada semana y recibe una respuesta casi inmediata a través de comentarios, reproducciones y tasas de permanencia. Esos datos influyen en los próximos guiones y reducen el margen de error.
La empresa controla la producción en el mismo predio. El casting, los guiones y la iluminación quedan bajo su órbita. El estudio también dispone de vestuario propio y de una tintorería dentro de las instalaciones. Esta organización limita el gasto con proveedores externos y acorta los plazos entre la idea inicial y el estreno.
Los intérpretes tampoco representan una parte desproporcionada del presupuesto. La audiencia sigue las historias antes que a una estrella determinada, lo que permite contratar actores a costos inferiores a los de una serie convencional. La empresa tampoco paga licencias por franquicias conocidas ni compra guiones a productores externos.
El estudio opera fuera de los sindicatos de Hollywood, lo que reduce los gastos laborales. Esa decisión generó críticas y conflictos con actores en años anteriores, aunque la compañía mantuvo su sistema de producción.
La escala alcanzada cobra mayor relevancia ante la crisis que atraviesa la industria audiovisual de Los Ángeles. El empleo en cine y televisión dentro de la ciudad cayó 33% entre 2022 y 2025. La cantidad de puestos pasó de 150.000 a 101.000 durante ese período, mientras que parte de la producción se mudó a otros estados o países con menores costos e incentivos fiscales.
Mann tomó el camino inverso. Instaló una operación de gran tamaño en California y mantuvo la rentabilidad mediante procesos más cortos, presupuestos reducidos y distribución propia. La empresa tampoco necesita negociar con canales de televisión o servicios de streaming para llegar al público.
El salto hacia la televisión y las series verticales
Dhar Mann comenzó su carrera audiovisual tras varios intentos comerciales fallidos. Nació en una familia de inmigrantes indios, estudió en la Universidad de California en Davis y participó en negocios vinculados al cannabis y al desarrollo inmobiliario. Una causa por fraude terminó con una declaración de culpabilidad, aunque los cargos fueron posteriormente retirados.
En 2018, atravesó problemas financieros y empezó a grabar videos motivacionales. Sus primeras publicaciones tuvieron escasa repercusión. El cambio llegó cuando reunió a varios amigos para representar una historia. El video superó el millón de reproducciones en Facebook y transformó su departamento en un pequeño set.
En 2020, alquiló un antiguo gimnasio y utilizó los ingresos publicitarios para sumar decorados. La operación creció con cada nuevo éxito hasta ocupar el complejo actual de Burbank.

Durante sus primeros años, YouTube y Facebook aportaron la mayor parte de los ingresos. La compañía luego amplió su presencia en la televisión conectada. En 2025, cerró un acuerdo con Samsung TV Plus para lanzar un canal gratuito con programación las 24 horas del día. Un año más tarde estrenó una serie original.
El siguiente paso llegó mediante un acuerdo con Fox Entertainment para producir dramas verticales diseñados para celulares. Cada serie tendrá una duración total cercana a 90 minutos, dividida en capítulos de unos 90 segundos. El contrato contempla la creación de 40 producciones en un plazo de 18 meses.
Ese formato responde al avance de las ficciones breves en teléfonos, un mercado que atrae inversión por sus bajos costos y su capacidad para retener usuarios mediante episodios consecutivos. Dhar Mann Studios ofrece una estructura preparada para escribir, grabar y publicar historias a gran velocidad.








