Después de superar a Tesla como el mayor vendedor mundial de vehículos eléctricos en 2025, BYD abrió un nuevo frente de competencia. El grupo chino quiere trasladar su capacidad industrial al negocio de los robots humanoides, una industria que promete transformar las fábricas, los concesionarios e incluso los hogares.
BYD ya utiliza cerca de 200 robots en sus plantas y cuenta con información directa sobre su desempeño en tareas reales. Esa experiencia le permitió identificar las funciones que aportan mayor productividad, conocer sus limitaciones y avanzar en el desarrollo de modelos propios.
La estrategia contempla varias etapas. La empresa utilizará primero sus humanoides en espacios comerciales y en áreas de atención al cliente. Luego buscará venderlos al público como una alternativa al Optimus de Tesla. Su aspiración final resulta todavía más audaz. BYD habló de colocar tres robots humanoides por hogar, con unidades destinadas a cocinar, limpiar y ofrecer compañía.
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Las fábricas funcionan como campo de pruebas
La automotriz china comenzó su recorrido con modelos desarrollados por terceros. Una parte importante de su flota corresponde al Walker S1, fabricado por la empresa china UBTech. Estos equipos operan en las plantas de Shenzhen y Changsha, donde clasifican piezas, trasladan componentes, manipulan palés, colocan calcomanías y utilizan destornilladores eléctricos.
Los robots también realizan inspecciones visuales con una precisión del 99%. Otras unidades, fabricadas por compañías como Unitree, completarían una dotación que ya sería la mayor fuerza laboral humanoide del mundo en una empresa.
Los brazos mecánicos forman parte de las líneas industriales desde la década de 1960, aunque su estructura fija limita las tareas que pueden realizar. Los humanoides ofrecen mayor movilidad y pueden desplazarse por instalaciones diseñadas para trabajadores. También levantan cargas pesadas repetidamente y cumplen turnos de hasta 10 horas antes de una pausa para recargar sus baterías.
Esta prueba a gran escala le dio a BYD acceso a datos difíciles de obtener en un laboratorio. La compañía pudo medir tiempos, errores, costos operativos y niveles de colaboración con los trabajadores humanos. Esa información constituye una ventaja frente a empresas que todavía prueban sus prototipos en condiciones controladas.
Concesionarios y hogares, las próximas etapas de los robots humanoides
Los primeros robots propios de BYD ocuparían puestos de ventas y de atención al cliente en su red de concesionarios. Ahí podrían recibir visitantes, explicar las características de los autos, responder consultas y acompañar en distintas etapas del proceso comercial.
Esta fase permitirá probar la interacción entre humanos y máquinas fuera de las fábricas. El contacto con clientes aportará datos sobre conversaciones, movimientos, reconocimiento de objetos y respuestas ante situaciones imprevistas.
La venta al consumidor marcará el siguiente paso. En ese segmento, los robots de BYD competirán con Optimus, el proyecto humanoide que impulsa Tesla. Las dos compañías trasladarán así su rivalidad del mercado de los autos eléctricos a un negocio con potencial para generar miles de millones de dólares.

La propuesta de tres robots por hogar refleja la magnitud de la ambición china. Cada unidad podría cumplir una función específica, aunque la llegada masiva a las casas dependerá de la seguridad, el precio y la confianza de los usuarios.
La caída de los costos del hardware favorece ese objetivo. Los sistemas de inteligencia artificial que controlan a los robots ganaron capacidad para interpretar instrucciones, reconocer espacios y aprender tareas. BYD espera aprovechar esa evolución con su experiencia en baterías, motores eléctricos, sensores y producción industrial.
Una respuesta a la falta de trabajadores
La robótica también responde a una necesidad interna de China. El país enfrenta un déficit estimado de 30 millones de trabajadores industriales calificados, una brecha que amenaza la capacidad de producción de sus fábricas. Los humanoides podrían asumir tareas repetitivas, pesadas o riesgosas y permitir a los empleados concentrarse en tareas técnicas.
La flexibilidad representa una diferencia central frente a la automatización tradicional. Un brazo mecánico requiere una instalación específica y suele realizar una única tarea. Un humanoide puede cambiar de puesto, utilizar herramientas diseñadas para personas y adaptarse a las modificaciones de la planta.
BYD aplicó una estrategia conocida entre los grandes grupos tecnológicos. Primero utilizó una tecnología para resolver sus propias necesidades. Después decidió transformarla en un producto destinado a otras empresas y consumidores. Amazon siguió un recorrido similar con su infraestructura informática antes de lanzar servicios en la nube, mientras que Google convirtió herramientas internas en productos comerciales.







