Cuando se habla de automatización logística, se suele hacer referencia a robots que recorren pasillos, trasladan estanterías o acercan productos a una estación de picking. Sin embargo, la autonomía también empieza a hacerse un lugar fuera del depósito. En este sentido, muchos retailers ya prueban vehículos capaces de conectar distintos puntos de la operación y mover mercadería con una menor intervención humana.
En retail, cada demora puede trasladarse al cliente, y es por eso que esta nueva posibilidad es atractiva. La reposición de una tienda, el traslado desde un almacén externo o la preparación de un pedido para retiro dependen de movimientos físicos que todavía requieren tiempo, coordinación y personal. Por eso, automatizar parte de esos recorridos abre una vía para ganar velocidad y reducir costos, entre otros beneficios.
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Más allá del depósito: cómo funcionan los vehículos autónomos en retail
Un vehículo autónomo necesita interpretar lo que ocurre a su alrededor, determinar su posición, reconocer obstáculos y decidir cómo continuar un recorrido. Para hacerlo, este tipo de sistemas puede apoyarse en tecnologías como cámaras, radar, LiDAR, GPS y otros sensores, cuyos datos alimentan los sistemas encargados de percepción, localización y conducción. La arquitectura exacta varía según el vehículo y el entorno en el que tiene permitido operar.
La autonomía suele estar definida dentro de un dominio operacional concreto (ODD, por sus siglas en inglés). En la práctica, esto significa que un vehículo puede estar preparado para circular sin intervención humana en determinadas calles, bajo ciertas condiciones ambientales, mapas o reglas de operación, pero eso no implica que pueda desenvolverse en cualquier escenario imaginable.
El interés por llevar estas capacidades a las cadenas de suministro ya aparece en los planes de inversión. Según el Annual Industry Report de 2026 de MHI y Deloitte, el 50% de los líderes de supply chain espera utilizar vehículos autónomos y drones en los próximos cinco años. En paralelo, el 77% prevé adoptar Internet de las Cosas y sensores durante el mismo período, tecnologías relacionadas con la captura de información que necesitan los sistemas autónomos para operar.
El cambio está en extender la automatización más allá de los movimientos internos del almacén. Un vehículo puede convertirse en otro activo conectado de la operación, capaz de trasladar mercadería entre instalaciones o abastecer puntos físicos siguiendo recorridos definidos. Por su parte, el software pasa a tener un papel igual de importante, ya que tiene que conocer rutas, condiciones de circulación y excepciones, además de integrarse con la planificación logística.
Cómo los vehículos autónomos reducen tiempos, costos y tareas manuales
El informe Voice of Market de Interact Analysis encontró en 2026 que entre el 20% y el 37% de las operaciones de fulfillment continúa siendo completamente manual. Además, la consultora advierte que muchas instalaciones funcionan bajo esquemas híbridos. El resultado puede ser una operación donde una parte de alta velocidad termina condicionada por otra más lenta.

Los vehículos autónomos apuntan a uno de esos procesos físicos, como es el traslado. Cuando una ruta repetitiva se realiza con menor intervención, una empresa puede reducir el tiempo improductivo asociado a esperas y movimientos, ampliar las horas de utilización del activo y destinar personal a tareas donde la intervención humana aporta más valor. De todos modos, el beneficio dependerá del volumen transportado, la frecuencia de los viajes y el grado de integración con el resto del proceso.
La automatización tampoco debería evaluarse únicamente por cuánto trabajo manual elimina. En una operación de retail importa qué sucede con el tiempo total del pedido, la disponibilidad de productos, el costo por movimiento y la capacidad de responder ante picos de demanda.
Si un vehículo llega más rápido pero después la mercadería queda detenida en otro punto del circuito, el resultado global será limitado. Por eso, la coordinación entre transporte, inventario, fulfillment y tienda determina buena parte del retorno.
El caso IKEA: casi 75.600 kilómetros recorridos y un 67% menos de espera
IKEA China es uno de los casos que muestra cómo los vehículos autónomos pueden integrarse a la logística de retail para mover mercadería entre distintos puntos y acortar los tiempos de preparación de los pedidos. En Anhui, la compañía probó esta tecnología para transportar productos desde un depósito externo hasta su tienda de Hefei, donde luego podían ser retirados por los clientes. Los mismos vehículos también se utilizaron en tareas de reposición.
Según Ingka Group, principal franquiciado de IKEA, durante el período de prueba, los vehículos recorrieron casi 75.600 kilómetros y permitieron reducir el tiempo promedio de espera de los pedidos de retiro de seis horas a dos. Esto representa una mejora cercana al 67%. Al mismo tiempo, la empresa informó que los costos de transporte entre sus unidades disminuyeron más de un 50%.
Los resultados llevaron a Ingka Group a incorporar el servicio de manera permanente en Hefei. También evalúa trasladar el modelo a otros mercados donde la legislación y la infraestructura permitan este tipo de operaciones. Mientras tanto, en China continúan las pruebas de nuevas aplicaciones de entrega autónoma a los clientes.
El caso también ayuda a entender qué significa la autonomía cuando pasa del laboratorio a una operación cotidiana. El vehículo eléctrico utilizado mide algo más de 3,5 metros de largo y 1,3 metros de ancho y puede realizar las tareas de conducción sin intervención humana dentro de zonas y condiciones previamente habilitadas, como calles mapeadas y áreas con permisos específicos.

Eso no elimina por completo la participación de las personas. Un operador supervisa los vehículos desde una ubicación central y puede tomar el control de forma remota si aparece un obstáculo o una situación que el sistema no logra resolver. Así, este modelo muestra cómo la autonomía puede encargarse de recorridos repetitivos mientras los humanos se concentran en la supervisión y el manejo de excepciones.
Qué límites todavía enfrenta la autonomía en retail
Los resultados obtenidos en operaciones controladas no quieren decir que los vehículos autónomos estén listos para circular de la misma manera en cualquier ciudad o mercado. Cuanto más variable es el entorno, mayor es la cantidad de situaciones que el sistema debe reconocer y resolver.
Según una encuesta de McKinsey realizada en 2026, los plazos previstos para la adopción de vehículos autónomos se retrasaron entre uno y dos años en promedio frente a las estimaciones realizadas en 2023. La consultora vincula parte de esas demoras con el trabajo necesario para llevar las tecnologías del testeo a despliegues comerciales, además de los costos de validación y la dificultad de resolver situaciones poco frecuentes.
La regulación también marca dónde puede operar cada solución. Incluso IKEA aclara que estudiará nuevos despliegues solo donde la legislación y la infraestructura sean favorables. El hecho de que el vehículo de Hefei circule en áreas determinadas y con supervisión remota refleja que la autonomía comercial actual puede necesitar límites operativos muy concretos.
Para los retailers, la pregunta ya no pasa solo por si un vehículo puede conducir solo. El verdadero análisis está en qué recorrido conviene automatizar, qué volumen justifica la inversión, cómo se conecta el vehículo con la operación existente y qué ocurre cuando aparece una excepción. El caso IKEA muestra que, bajo las condiciones adecuadas, esa ecuación puede traducirse en menos costos y esperas más cortas.








